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viernes, 25 de mayo de 2012

Balas sobre Historia de todas las cosas

 Con motivo de las presentaciones de la novela Historia de todas las cosas del colombiano Marco T. Aguilera Garramuño en Barcelona, Madrid, México Distrito Federal, Puebla y Xalapa se han seleccionado algunos párrafos de los comentarios que ha suscitado la obra:

En Barcelona el escritor uruguayo Héctor D’Alessandro dijo: “Aventuro que dentro de pocos años Historia de todas las cosas será considerado un clásico”.

En Puebla Enrique Pimentel dijo: “Está a la altura de las mejores novelas del boom.”

En el Distrito Federal René Avilés Fabila dijo: “Entre la obra de Garramuño y la de García Márquez me quedo con la de Garramuño”.

En la Revista de la Universidad de México Guillermo Vega Zaragoza dijo: “Historia de todas las cosas no necesita ser comparada con Cien años de soledad.  Es una gran novela”.

El Premio Villaurrutia 2012 Felipe Garrido dijo: “Historia de todas las cosas es una novela de lectura indispensable. Es la nueva picaresca latinoamericana”.

Raymond Williams en International Review dijo: “Marco Tulio no necesita del boom: él puede hacer su propio boom”.

El novelista cubano Félix Luis Viera dijo: “Cuando después de leer una novela uno siente la urgencia de buscar al autor para felicitarlo es porque ha encontrado algo fuera de serie, como Historia de todas las cosas”.

La revista Newsweek en español destacó la noticia en su portada en el mes de diciembre de 2011 con el siguiente título: “Historia de todas las cosas: la nueva gran novela latinoamericana”.

Guillermo Samperio dijo, refiriéndose a que Sergio Pitol y Garramuño habitan en Veracruz: “Tras leer Historia de todas las cosas llegué a la conclusión que el mejor escritor que habita hoy en Veracruz es Aguilera Garramuño”.

Alejandro Badillo dijo: “De las novelas sobrevivientes de los tiempos del boom,  Historia de todas las cosas es la que está más viva”.

La revista Otrolunes, que se publica en Berlín, le dedicó varios artículos, así como un largo ensayo del mismo Garramuño sobre el proceso de escritura de Historia de todas las cosas.

Mario Miguel Ojeda dijo: “Garramuño es un outsider y un outlier, y su novela  Historia de todas las cosas lo demuestra: es una novela rotunda, original, sorprendente”.

Porfirio Carrillo, secretario académico de la Universidad Veracruzana dijo: “Pasé varias noches absorbido por  Historia de todas las cosas.  No paraba de reírme. Mi esposa me preguntaba constantemente por qué y yo tenía que leerle pasajes”.

Raúl Arias Lovillo, rector de la Universidad Veracruzana: “Recomiendo  Historia de todas las cosas con todo mi entusiasmo. Es una novela magnífica, que honra a  nuestra universidad, como la honra la obra de Sergio Pitol, nuestro Premio Cervantes”.

Historia de todas las cosas  no sólo me gustó, me encantó, me llenó de alegría, me hizo reír a carcajadas, me puso a imaginar San Isidro de El General, como pueblo, como espacio narrativo. La estructura narrativa está muy bien lograda, el manejo del lenguaje, el léxico, recupera el español de Cervantes y eleva el de hoy.”

Lirian Marulanda, Bogotá

A la izquierda, bajo Nostralgia izquierdista se anuncia el artículo sobre la novela





lunes, 21 de mayo de 2012

CARLOS FUENTES. ESPLENDOR Y TRAGEDIA

Artículo próximo a aparecer en  Newsweek en español
Marco Tulio Aguilera Garramuño


La vida de Carlos Fuentes, uno de los más importantes escritores de los tiempos actuales, daría tema para una gran novela en la que el esplendor del triunfo social, literario y político estuvo opacado por unas desdichas íntimas de dimensiones comparables a las de las grandes tragedias griegas. Así cómo cuenta con varios libros aclamados en el mundo entero, su existencia estuvo signada por la muerte de dos de sus hijos y de su primera esposa, en circunstancias particularmente atroces. Con todo y esas desventuras, Carlos Fuentes no perdió su apostura de príncipe y su mirada de águila imperial.

Del brazo del presidente de la república entró al Palacio de Bellas Artes Silvia Lemos, la viuda de Carlos Fuentes. Acompañaban al féretro los aplausos fervorosos de sus lectores. Sobre la caja se colocó la bandera de México. Habló Consuelo Sáizar, directora del Consejo Nacional de la Cultura. Mencionó palabras de los jóvenes escritores Jorge Volpi y Juan Villoro, lo que de alguna manera fue una especie de entronización de dos sucesores de la gran gloria de las letras mexicanas. Carlos Prieto, otro de los grandes de México, interpretó al cello Zarabanda de Bach. Habló Federico Reyes Heroles. Emitió un discurso brillante y erudito. Lo llamó hombre complejo y completo. Destacó su disciplina de trabajo, su carácter de gran seductor, su capacidad histriónica, sus dotes de gran conversador, su iberoamericanismo, su valentía, su don crítico y la gran generosidad. Comentó su cercanía con el público, que lo impulsaba a permanecer horas enteras firmando libros a sus lectores, a los que privilegiaba por encima de cualquier halago de los poderosos.

Un fragmento de una entrevista que le hizo El País, en Buenos Aires, con motivo de su presencia a la Feria del Libro, explica de alguna manera las razones por las cuales un hombre vigoroso y activo a sus 83 años, de quien nadie esperaba una muerte tan repentina, cayó súbitamente desmayado en el baño de su casa el 15 de mayo de 2012, para ya no recuperarse: "Carlos Fuentes llegó a Buenos Aires a comienzos de mayo para asistir a la Feria del Libro. Acababa de entregar una novela a su editorial y ya tenía otro libro en la cabeza, iba de un almuerzo a una cena, firmó ejemplares durante tres horas, recibió a decenas de periodistas, uno detrás de otro, respondió a cientos de preguntas sin titubear, sin demorarse, sin dudar en un nombre ni una fecha”.  

Antes de estar en Buenos Aires había asistido a la Feria del Libro en Bogotá, donde se sometió al mismo trajín. Lo mató, sin duda, la gana de seguir viviendo con intensidad casi juvenil una existencia plena. Sólo le faltó el premio Nobel y sobre ello Carlos Monsiváis –otro de gran intelectual recién desaparecido—se atrevió a hacer una broma de mal gusto. Dijo: “A Carlos Fuentes se le agrava el insomnio durante todos los meses de octubre: se la pasa al lado del teléfono esperando la llamada de la Academia”. El mismo Monsiváis, comentando el volumen desmesurado y la ambición de las novelas  Terra Nostra  y  Cristóbal Nonato dijo que para leerlas había que conseguir una beca.

Intelectuales y lectores en general, autoridades, sus amigos y sus enemigos –que no le faltaron nunca--, encajaron el golpe y abrumaron a la prensa, twitter, facebook y todos los medios posibles con mensajes de condolencia, valoraciones de su obra, testimonios de gratitud, acusaciones de plagio, revelaciones inéditas, recuerdos de sus virtudes y sus defectos (unos afirmando que era el rey de los vanidosos, otros destacando su sencillez y su don de gentes).

Enrique Krauze y algunos jóvenes escritores polemizaron con Fuentes. El primero, en un célebre ensayo publicado en la revista  Vuelta, dirigida por Octavio Paz, el otro grande, buscó desacreditar un concepto de identidad mexicana que Fuentes intentó definir en varias obras. Su amigo y compañero del boom, José Donoso, a pesar de admirarlo, no esquivó caracterizar a Fuentes como “un gran reciclador de textos ajenos”. Los otros miembros del boom, sin embargo, fueron unánimes en expresar altísimos elogios: Gabriel García Márquez y Julio Cortázar manifestaron su admiración sin medida.
Un par de meses antes de su muerte Fuentes descalificó a Enrique Peña Nieto, candidato a la presidencia de México, quien al ser preguntado en la Feria del Libro de Guadalajara por el nombre de un libro que hubiera marcado su vida, no supo responder. Ante semejante muestra de solidez intelectual Fuentes dijo públicamente: "Este señor tiene derecho a no leerme. Lo que no tiene derecho es a ser presidente de México a partir de la ignorancia, eso es lo grave". También manifestó que en su opinión el candidato menos inapropiado a la presidencia era Andrés Manuel López Obrador.
Fue promotor de muchos escritores menores. Ayudaba a los que lo ayudaban. Como persona me pareció altivo y distante. Como muchos del boom, fue amigo de los poderosos y tuvo algunas veleidades con personajes no del todo recomendables. Marcó una época en México, como lo hizo Octavio Paz. Admirable su energía, su voracidad literaria y su solidez teórica. Creó en torno suyo, como muchos otros escritores, un coro de adoradores, seguidores y estudiosos. Me quedo con su novela La región más transparente  y  La muerte de Artemio Cruz. Pienso que los hombres que tienen una energía tan grande como la suya, independientemente de que me guste o no su obra en general, seguirán ejerciéndola en otro plano. No creo que vaya a descansar en paz. Pienso que seguirá trabajando. Opino que esto no se acaba ni cuando se acaba.
Xalapa, mayo 16 2012










domingo, 13 de mayo de 2012

MAGNO GARCIMARREO HABLA EN FILU 2012

Para comenzar quiero sincerarme con el público y, como buen mexicano quiero decir que no creo que Marco Tulio Aguilera Garramuño sea buen escritor, ¡como puede serlo si es mi compadre! Si se donde vive, si Lety su esposa es mi comadre y Sebastián su hijo es mi ahijado. Si nadamos en la misma piscina de barriada, o sea que somos renacuajos de un mismo charco. ¿Cómo puede ser buen escritor mi compadre, por muy Garramuño que sea?
 Historia de Todas las Cosas, de Garramuño, como su nombre lo indica… es muy difícil de leer, y muy fácil del entender. El autor, que tiene la buena suerte de ser mi compadre, como ha quedado dicho y repetido, ha inventado un nuevo idioma español para escribirlo, y debemos de darnos de santos que su genialidad tenga límite, que si se hubiera puesto a inventar un nuevo alfabeto, el libro sería imposible de leer lo que es fácil de comprender…
No se trata de un documento breve, desde luego que contiene la historia de todas las cosas, es un libro al que hay que entrarle con harta paciencia y, sentado en el diccionario panhispánico de dudas, que seguramente no contiene ninguna de las palabras que se ha inventado mi compadre Garramuño, pero que por lo pronto nos permitirá levantar muchas veces nuestras asentaderas del diccionario, consultarlo, fracasar en el intento, y volver a sentarse en él resignadamente para continuar la lectura.
La primera versión de esta misma historia, la hizo Marco Tulio hace 37 años, se la editó entonces Plaza & Janes de Colombia, en tiempos en que mi compadre era un novel escritor en grado de tentativa. Esta nueva versión, que no tiene nada que ver con la primera, es la que le valió el comentario de su paisano García Márquez de: “…es lo mejor que has escrito, y quizá lo mejor que vayas a escribir en toda tu vida”. García Márquez lo sabe bien, porque a él le pasó lo mismo con “Cien años de soledad”.
En la foto el escritor Nuñez, Premio Sergio Galindo 2012; el escritor Rivas, Premio SG 2011, y MT, en el stand de la Universidad Veracruzana

Creo que ni el premio Nobel ni mi compadre hacen mucha gracia, porque nacieron y aprendieron a leer y escribir en el país en donde mejor se expresa y se escribe el idioma castellano: Colombia. Ahí se habla mejor castellano que en Castilla; la prueba está en los propios escritores mencionados, así como otros ejemplos: Álvaro Mutis, Fernando Vallejo, Porfirio Barba Jacob,  las piernudas de las telenovelas “Café con aroma de mujer” y “las muñecas de la mafia” que trascurren en la pantalla chica haciendo alarde del bien hablar, entre montones de pesos y pezones, y que sólo basta hacer la versión mexicana para echarlas a perder, como ocurrió con el aroma del café que acabó siendo “La gavieta con aroma de sexenio”.
Los que tenemos el hábito de la lectura, presumimos de poder distinguir el estilo, el modo de escribir de nuestros autores favoritos, eso me ha pasado ahora con mi compadre de quien creo ser no sólo su mejor, sino su único lector. Leí el viejo libro de Breve Historia de todas las cosas y ahora el nuevo y no tan breve: Historia de todas las cosas. Me atrevo a afirmar que, aunque ambas versiones se refieren a la vida cotidiana de San Isidro del General, un pueblo colombiano de donde mi compadre es originario, y si no lo es, debiera serlo. He sentido digo, que el uso del idioma en el nuevo libro, igual que mi compadre, ya no es tan colombiano, está empapado de modismos mexicanos, me atrevería a afirmar que otros muchos son veracruzanos, y hasta tan jalapeños como los tlaconetes. Amén de las palabras inventadas cuya cantidad podría permitir hacer un gordo diccionario de neologismos garramuñescos, en honras del H.L., historiador literato, o más bien histeria-dor lito-orate, que no es un narrador, sino un ranador, para gusto y placer del atrevido que cometa la hombrada de comprar y leer el libro. Que finalmente, quiero decir, parafraseando al propio ranador Mateo Albán que en medio de sus tribulaciones nos advierte que en su libro se contiene “una ranación capciosa, personal e intransferible que en nada puede lastimar a un buen lector y menos a un donoso y próspero pueblo como San Isidro” y nos hace ver que “tiene el derecho de inventar lo que le venga en gana”, y el que quiera oír y leer, que oiga o lea, y el que no, que ponga a enfriar sus pelotas o el cofrecito de sus gustos” Amén.
M. Garcimarrero.  Mayo 2012  

jueves, 26 de abril de 2012

EL DIA EN QUE CLARICE LISPECTOR TERMINÓ EN LA CÁRCEL POR FUMAR MARIHUANA

Yo tengo una historia menos doméstica de Clarisce Lispector. Asisitió a un Congreso de Escritores organizado por Gardeazábal (al que asistieron Vargas Llosa, Onetti y otros famosos). Clarice se aburría oyendo ponencias, se hizo amiga que un poeta caleño que se llamaba o se apodaba Octavio Paz (no es invento: debe de estar vivo todavía, aunque no he vuelto a oír de él). Octavio la llevó a ella y al querido Edmundo Valadés, director de la revista El Cuento, en la parte trasera de su moto. Clarice quiso entrar en una iglesia. Se sentó en una banca, mirando a la Virgencita, al lado de Octavio y se pusieron a fumar marihuana. Terminaron en la cárcel, de donde los rescató Gardeazábal a las cinco de la mañana.

sábado, 21 de abril de 2012

EL GUARDIAN DE LA REINA ROJA DE BEATRIZ MEYER Y ENRIQUE PIMENTEL

Notas para presentar El Guardián de la Reina Roja
Editorial Educación y Cultura, Colección Jeunesse, 2012

Luisa, hija de un arqueólogo famoso, quiere ser escritora y escribir un best-seller sobre sus aventuras  con su hermano Germán, la gata Nieve desaparece llevando al cuello un extraño collar, raros pájaros como gárgolas prehistóricas son avistados en las azoteas de Puebla, el arqueólogo guarda un mapa en una caja fuerte. Ese mapa remite a Palenque y a una sepultura donde está la Reina Roja, una de las más importantes mujeres de la antigua Mesoamérica, esposa del rey Pakal. Una ola de muertos y atentados, robos, violaciones y asaltos, terremotos, inundaciones, azota México y el mundo, crece como una plaga una desconocida hierba roja que comienza a cubrirlo todo. Así se incia  El guardián de la Reina Roja,  obra verdaderamente inclasificable de Beatriz Meyer y Enrique Pimentel. Como en Alicia en el país de las maravillas uno no sabe si la gran aventura fue motivada por unas pastillitas alucinógenas o si de verdad sucedió lo que se cuenta o si lo que estamos leyendo es una novela escrita por la niña Luisa, la que aspira a escribir un best-seller.

El guardán de la Reina Roja es una novela que involucra las profecías mayas del fin del mundo, involucra a los maras, al México y el mundo contemporáneo, con sus crisis, sus desastres y sus esperanzas. La  joven Luisa, de 14 años, descubre que es descendiente de la Reina Roja de Palenque. Y súbitamente halla que el destino de la Tierra depende de que ella cumpla una misión que es, ni más ni menos que evitar el cataclismo final de la Tierra, y evitar que se cumpla la profecía maya que anuncia el fin del mundo para el 21 de diciembre de 2012.

Como en los cuentos de Lovecraft, en la civilización maya se consideraba que hubo un tiempo en que las fuerzas del bien lograron dominar las fuerzas oscuras y las sumieron en el infierno, pero que cumplido un ciclo o roto un sello estas fuerzas oscuras volverían a salir para intentar destruir la tierra. No son muchos los libros de autores mexicanos en los que se intenta descifrar el misterio de la civilización maya, “pueblo de sabios y magos poderosos”. Recuerdo una novela de Hernán Lara Zavala, llamada Península, Península¸ que aunque tiene una trama interesante  y personajes atractivos, en mi opinión eludió profundizar en el enigma de los mayas: por qué una civilización tan poderosa e imaginativa, súbitamente desapareció, sin dejar más que vestigios, monumentos, arquitecturas asombrosas, y como descendientes, a grupos humanos que fueron sojuzgados, negada su identidad, tragados por una civilización menos poderosa espiritualmente hablando.

El guardián de la Reina Roja, a más de ser una novela juvenil inteligente para  jóvenes inteligentes, interesará sin duda a todo tipo de lectores. Hay en ella un ritmo cinematográfico que recuerda las películas del ciclo de Lara Croft y de En busca de la esmeralda perdida.  Hay alusiones a la gran literatura: a Dante, con su Divina Comedia,  cuyo  Infierno,  es de alguna manera semejante al infierno maya, el Xibalbá, donde se hallan como en una caja de Pandora, atrapadas las fuerzas malignas, esperando que se cumpla el Quinto Sol. Cuando se cumpla, esas fuerzas malignas saldrán a acabar con todo. Pues la misión de la niña Luisa, la niña novelista (tras la cual es casi inevitable pensar en una Bety Mayer adolescente) es visitar el infierno maya, como visitaron el infierno Dante, Orfeo, Osiris y otros famosos. La niña debe entrar en el infierno y llevar a cabo una misión que no les voy a contar para no echarles a perder la novela. Novela de acción, novela juvenil, novela de indagación antropológica, juego de puntos de vista, manejo de documentos, uso inteligente de recursos de las redes sociales, exploración del mundo de las drogas, de la incipiente sexualidad adolescente, todo ello se mezcla en esta obra, que no es precisamente la primera en la que colabora este dúo dinámico: Meyer-Pimentel. Antes nos habían ofrecido, en esta misma editorial, Educación y Cultura, una novela apasionante, original como quizás ninguna otra en la literatura mexicana, una novela llena de imaginación, bien escrita, divertida, muy original. Se llama Tajín 365 y recupera de forma contemporánea los mitos prehispánicos. Es obra también del dúo dinámico Meyer-Pimentel. Tal vez el dúo siga cooperando para crear una saga en la que el pasado prehispánico regrese a nosotros a manera de gran literatura. Vale la pena leer las obras de este desde ahora famoso dúo dinámico.

Muchas gracias.

domingo, 15 de abril de 2012

BORGES HABLA SOBRE LA CREACIÓN POÉTICA

La voz de Borges: una conferencia
TOMADO DE SOLOLITERATURA




[Autoridades, Señoras y Señores:] Me piden que hable de la creación poética. (...) La creación poética (...) parte de la memoria y la memoria está hecha sobre todo de olvido; ya que la memoria, como dijo Bergson, escoge lo que quiere o debe olvidar. Yo escribí un cuento sobre un hombre abrumado por una memoria infinita, ese cuento se llama "Funes el memorioso". Felizmente nuestra memoria no es infinita, uno puede olvidar, uno puede inventar. Y todavía hay otro hecho: que cada lengua es una tradición, una tradición literaria y poética. Yo no estoy seguro de que la palabra lune, por ejemplo, en latín, en español, en italiano, en portugués o en rumano sea la misma palabra que la palabra lune en francés. La palabra lune es más fina y además es una sílaba, como esa palabra inglesa, muy larga, moon.

Todas esas palabras no significan lo mismo, todas esas palabras corresponden a una literatura anterior, es decir, si digo lune hay que pensar que esa palabra ha pasado por Verlaine, que la palabra moon ha pasado por Shakespeare y que la palabra "luna" ha pasado por Virgilio; entonces, cada lengua es una tradición.

Con relación a la creación poética he leído algunos libros de estética, conozco mi Aristóteles, mi Benedetto Croce, por ejemplo, pero he preferido leer las reflexiones de los escritores. Sé que hay dos teorías extremas de la poesía. La primera, que sería la segunda en el tiempo, sería la de aquel gran poeta romántico, Edgar Allan Poe, al cual todos debemos alguna cosa, como a Walt Whitman. La teoría de Poe, que él ha expresado en su Filosofía de la composición, es que la poesía, la creación poética, es un acto intelectual. Bien, yo estoy seguro de que él se equivoca. El tomó su propio poema, un poema que ha sido bien mejorado por sus traductores, por Baudelaire, por Mallarmé —"El cuervo"—, un poema bastante mediocre en inglés, y explicó cómo llegó a ese resultado. Según él, comenzó por la idea del refrán; la importancia, la fuerza estética del refrán. Entonces pensó: los dos sonidos más sonoros de la lengua inglesa son [eer] y [oor], entonces llegó, inmediatamente, según él, a la palabra nevermore y después pensó: es bastante extraño que un ser dotado de razón repita continuamente la misma palabra, entonces pensó en un animal, pensó en un loro, pero en fin... la dignidad poética le hacía falta. El leía en ese tiempo Barnaby Rudge de Dickens y ahí encontró un cuervo, entonces el cuervo le sugirió el busto de Palas, el busto le sugirió una biblioteca y siguió así, por un sólido razonamiento, hasta la escritura de su bastante mediocre poema "El cuervo". Según él, comenzó por el último verso, Shall be lifted nevermore!, y después escribió el resto para llegar a ese fin, un poco melancólico, diría yo. Y bien, esta teoría de la composición poética como un acto intelectual, como una serie de razonamientos y de silogismos es, me parece, del todo inexultable. Es extraño que esa idea clásica sea la obra de un gran escritor romántico, como lo era sin duda Edgar Allan Poe, sobre todo siendo que él no escribía versos sino maravillosas fábulas en prosa, por ejemplo, Las aventuras de Arthur Gordon Pym.

Y tenemos la otra idea. Es la antigua idea de la inspiración. Esa palabra es demasiado grandiosa para mí, pero ¿por qué no aceptarla durante el curso de esta charla?... Y bien, la idea de la inspiración es la idea del poeta como secretario, digamos: como alguien que recibe el dictado de una fuerza desconocida. Entonces. los griegos pensaban en las musas, los hebreos pensaban en los reyes, en el espíritu... Esa idea es más posible. Se puede pensar también en lo que el gran poeta irlandés William Butler Yeats llamaba great memory, la idea de que en cada uno de nosotros yace la memoria de nuestros ancestros. Somos infinitos. Entonces el poeta no se puede reducir a su realidad personal y recibe cuando escribe esa gran memoria. Se podría pensar también en los arquetipos platónicos, eso sería lo mismo; es decir, uno tiene todo y uno lo expresa.

Y bien, eso puede aceptarse o no. Una cosa es más verosímil que la otra. Yo quisiera hablar de mi larga experiencia, mi modesta experiencia. Yo pasé... yo consagré toda mi vida a la literatura. Siempre supe, desde que era un niño, que mi destino sería literario, es decir: yo me veía siempre saturado de libros como en la biblioteca de mi padre, quien quizá me dio esa idea. Y bien, sabía que pasaría toda mi vida leyendo, soñando y escribiendo, y tal vez publicando, pero eso no es importante, no hace parte de un destino literario, pero en fin... yo hice eso. Hice lo posible, no por leer todos los libros, como decía Mallarmé, sino, en fin, para leer los libros que me gustaban. Tuve conciencia de que la lectura debe ser considerada no como una carga, sino como una fuente de felicidad, posible y fácil. Entonces voy a contarles, puesto que estamos hablando de una manera tranquila, espero, mis experiencias personales. Y bien, yo camino por las calles de Buenos Aires, por la Biblioteca Nacional, que dirigí hace un tiempo y que dejé después, y, de pronto, siento que algo va a llegar. Entonces espero. Ese algo llega. Es quizá una fábula, una noción cualquiera, que no concibo de manera clara, pero percibo siempre el comienzo y el fin y después me toca inventar lo que hay entre esas dos cosas. Hago lo que puedo. Después siento que esa idea exige, digamos, un cuento, un poema, un ensayo. Eso me es revelado después...

Las teorías pueden ser útiles para estimular la poesía. Por ejemplo, yo no creo en la democracia, es una cuestión estadística para mí. Pero esa idea ha hecho de Whitman un gran poeta. La idea de la democracia, esa extraña idea de escribir un libro con un personaje... un triple personaje, una suerte de trinidad. Pues el Walt Whitman de Hojas de hierba es el periodista Walt Whitman que lo escribe; una imagen muy magnificada de su propia vida y esta idea es genial... Es decir que cada lector es un poco Walt Whitman, Walt Whitman se dirige a él; cuando uno lee el libro piensa haberlo escrito de una cierta manera. Y hay un hecho que quisiera señalar, bastante extraño, y es que todo el mundo imitó el resultado de Walt Whitman. Todo el mundo; por ejemplo, Lee Masters, por ejemplo, Neruda, por ejemplo, Carl Sandburg —puede ser su mejor discípulo americano—, en fin... todo el mundo imitó aquello a lo cual él llegó, pero nadie ha repetido esa extraña experiencia de un héroe que fue tres personas: el escritor; una imagen glorificada del escritor y el lector. Y bien, ésa es una manera de trabajar.

Pero, a veces, mi punto de partida fue un texto cualquiera, ya que, entre las experiencias humanas, quizá una de las más bellas, una que asegura la felicidad de una cierta manera, es, como lo sabemos todos, la lectura. O, como decía Emerson, otro gran poeta: la poesía nace de la poesía; o, lo que yo dije anteriormente: la poesía nace del lenguaje, pues cada lenguaje es una manera de sentir el mundo, cada lenguaje es una literatura posible, incluso si no llega a serlo. Y bien, ésa es para mí otra manera de la creación poética.

Pero hay otra manera que yo he empleado para mis modestos fines, esa manera es una reflexión cualquiera. Por ejemplo, la palabra "inolvidable", que yo pensé en inglés, un-for-get-table. Bien... Comencé por esa palabra. Me dije: todos los días empleamos la palabra "inolvidable"... pero si algo fuera inolvidable ¿qué pasaría? Uno no podría pensar en otra cosa. Si alguna cosa fuera continuamente inolvidable, entonces uno se volvería loco. Ese fue mi punto de partida para una historia que yo escribí, puede ser que ustedes la hayan leído... se llama "El zahir". Es una moneda de veinte centavos que es inolvidable. El hombre que la ha visto se vuelve loco al cabo de algunas páginas. Es un cuento bastante corto. Y en otra ocasión, partí de una reflexión abstracta también. Pensé en esa admirable invención teológica de la eternidad. Me dije: en la noción de eternidad se piensa que hay un momento, un momento divino evidentemente —no pertenece al hombre sino a la divinidad—, hay un momento donde se encuentran todos los momentos del tiempo, es decir, en un simple momento de la divinidad se encuentra todo el pasado, todo el presente y todo el porvenir. Y bien, pensé en una categoría más modesta que el tiempo, el espacio. Uno puede imaginar, por qué no imaginar, que en alguna parte hay un rincón donde se encuentran todos los rincones del universo, entonces escribí una historia que quizá ustedes han leído, "El aleph": yo no sé si es un buen cuento o no, ya mucha gente lo ha leído y lo han encontrado... legible, digamos.

Y bien, mi punto de partida, en esos dos cuentos, han sido esas dos ideas no muy interesantes, no muy nuevas que yo sepa. Y además hay otra cosa: cada vez que escribí sentí la emoción, la emoción de mi vida: yo creo que no se puede escribir sin emoción. sin pasión. La idea de la poesía como chorro de palabras es una idea del todo errónea, yo creo, una idea falsa. Y además. cuando uno ha vivido algo, cuando uno ha sentido algo, en un hombre de letras esto pide una forma (...)

En La Odisea se lee que los dioses dan desgracias a los hombres para que las generaciones siguientes tengan algo que cantar. Veinticinco siglos después, Mallarmé pensó lo mismo, pero él pensó en términos de un libro, dijo: "Tout abouti à un livre", es la misma idea, la idea de que nuestras experiencias son hechas para el arte, son hechas para hacer otras formas de arte. En este arte encontramos a primera vista que quizá el infortunio es más rico que la felicidad, la derrota es más rica que la victoria. La derrota puede hacernos pensar, mientras que en la victoria se mezclan las interjecciones, la vanidad: entonces el infortunio es mejor. Ciertamente todos tenemos nuestra parte de felicidad y de infortunio: pero la felicidad es un fin en sí mismo y no exige nada mientras que el infortunio debe ser transformado en otra cosa. Es decir, el infortunio sería la materia del arte, o también la nostalgia, la nostalgia está ligada a una felicidad perdida, a un paraíso perdido.

Hay un gran poeta en España en el presente, el gran poeta Jorge Guillén, que quizá es el único que haya cantado la felicidad presente. No la felicidad como el paraíso perdido, sino como si él estuviera en el paraíso. Yo no conozco ningún otro poeta que haya hecho eso. Whitman hace lo posible por cantar la felicidad, pero uno siente que él era un hombre triste, solo, y que su felicidad es un deber que él se impuso, que su felicidad es una faena, digamos.

Yo comencé, como todos los escritores, siendo barroco. Eso es una forma de timidez. Comencé siendo sorprendente y genio. En el presente sé que no lo soy. Yo quería ser Quevedo o sir Thomas Browne o Leopoldo Lugones y tantos otros... en el presente yo me resigno a ser Borges. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Parece que, como yo, la gente se ha resignado a esto y yo puedo ser Borges sin correr ningún peligro.

Yo estoy muy sorprendido de encontrarme aquí con ustedes. Es una forma de felicidad a la cual yo nunca había aspirado o en la cual yo nunca habría pensado. Alfonso Reyes me dijo una vez: nosotros publicamos para no pasarnos la vida corrigiendo los borradores. Eso es verdad. Cuando publico un libro lo olvido, lo olvido holgadamente. Cuando me dicen, y es una noticia sorprendente para mí, que hay bibliotecas enteras escritas sobre mí... yo no he leído ni un solo libro... yo continúo pensando en el futuro... pienso que es enfermizo pensar en el pasado, pensar en aquello que uno ha escrito. En el presente, pienso en mis libros futuros. Tengo 83 años, entonces mi futuro no es verdaderamente grande pero, con todo, trato de mirar hacia adelante y no hacia atrás pues eso es enfermizo.

Cuando yo era joven era barroco, buscaba palabras muy antiguas o trataba de forjar palabras: en el presente intento interferir lo menos posible en lo que escribo. Es decir, escribo... dejo la página de lado, la releo al cabo de algún tiempo, suprimo todas las palabras o frases que puedan sorprender al lector. Trato de que eso resbale e incluso estoy obligado a veces a dar esa impresión aunque yo sepa que eso nunca ha resbalado, y a cambiar y a corregir, y a corregir mi corrección, y así de continuo... Pero yo quiero que el lector, cuando lea mis libros (...) los mejores son El libro de arena, El informe de Brodie, La cifra. Son mis mejores libros, se pueden olvidar los otros ampliamente, yo lo he hecho. Yo pienso que alguien que no ha leído nada puede comenzar por La cifra, en la poesía, y por El libro de arena, en la prosa.

En el presente intento ser lo más simple posible, siendo complejo pero de una manera secreta y modesta, de una manera no evidente. Es decir, yo no tengo estética, no busco los temas, los temas me buscan, yo intento detenerlos pero al final ellos me encuentran, entonces hay que escribir para quedarse tranquilo (...) En ese momento yo publico o no. En general lo hago para quedar libre de los borradores, como decía Reyes. Pero creo que cada tema tiene su estética. Cada tema nos dice si él quiere que lo escriba en verso, en forma clásica, en verso libre, en prosa... creo que la estética es dada a cada tema. Hay temas que exigen una novela, esos no me han visitado, no creo que escriba una novela, he leído pocas novelas, he escrito demasiados cuentos, quizá, y bastantes poemas también. Y, lo repito, intento sobre todo ser legible. No pienso en el lector salvo en el sentido de que intento que la lectura sea fácil y, si es posible, agradable.

Pero quizá he hablado demasiado. Quizá la ocasión, las palabras que he dicho, no son más que un punto de partida para las preguntas. Estaré muy contento de responder a sus preguntas. Les prometo una sola cosa: la sinceridad, no puedo prometer otra cosa además de eso... En fin, amigos, gracias.


Este es el texto de una conferencia en francés dictada por Jorge Luis Borges y filmada por Alain Jaubert y François Luxereau en el Collège de France en 1983. Considerando la traducción como una traición, esta transcripción es una doble traición ya que no solamente hemos pasado las palabras de Borges del francés al español, sino que las hemos llevado de lo oral a lo escrito. Este atrevimiento es mucho más reprensible si tenemos en cuenta el tratamiento y los largos silencios en busca de las palabras apropiadas que revelan al observador la timidez del conferencista: sin embargo la lucidez y el orden de las ideas expuestas bien merecen este atrevimiento. Los puntos suspensivos entre paréntesis indican fragmentos incomprensibles, ya sea por la calidad de la grabación o por el titubeo de la voz de Borges. Este documento audiovisual se encuentra en la Vidiothèque de la ciudad de París y es de libre consulta. La transcripción y traducción son de Juan Moreno Blanco. Se publicó originalmente en la revista colombiana Número, y lo reproducimos para recordar que en agosto de este año se cumplen cien años del nacimiento de Jorge Luis Borges.



martes, 10 de abril de 2012

LO QUE SE HA DICHO DE MÍ

Foto en Barrio Gótico, Barcelona
“Si uno lee con detenimiento las obras anteriores , se da cuenta que son portentosos ensayos para llegar a su obra maestra. Dentro del resto, hay libros que apenas se sostienen. La obra de Aguilera Garramuño es más sólida, más innovadora, menos repetitiva que la de su compatriota. Su Historia de todas las cosas  es una novela espléndida” (www.reneavilesfabila.com.mx).
René Avilés Fabila, La Crónica, México


Aguilera Garramuño en Historia de todas las cosas  ha creado un libro desternillante, libérrimo, totalmente disfrutable que no es comparable con  Cien años de soledad pero que no necesita la comparación”.
Guillermo Vega Zaragoza, Revista de la Universidad Nacional

“Así como Cervantes parodió las novelas de caballerías, Garramuño parodió el realismo mágico y creó lo que no dudo en llamar un clásico de la picaresca contemporánea en lengua castellana”
Enrique Pimentel, en la presentación en Puebla

 "Sin lugar a duda, el lenguaje en Historia de todas las cosas juega un papel fundamental. Garramuño concibe una lengua ampulosa, atrevida, pulcra, culta, que aguijonea los sentidos, que reta la inteligencia, con el propósito de construir un mundo de gracia extrema. Un lenguaje que arriesga e incorpora en grandes dosis el humor”.
Guillermo Samperio, en la presentación en el FCE, en el DF 

“Aventuro la opinión de que  Historia de todas las cosas  en menos de cinco años será considerada un clásico, a la altura de lo mejor que se ha escrito en lengua castellana”
Héctor D’Alessandro, Presentación en Barcelona

 “Terminar la lectura de una novela y sentir deseos de tomarla de nuevo, extrañar sus personajes, comprobar la necesidad de llamar al autor para agradecerle, quizás sean tres de los “síntomas” que nos avisan que hemos leído algo fuera de serie. Y si pasan los días y sentimos igual, entonces uno se atreve a firmar, definitivamente, que ha leído algo fuera de serie”.
Félix Luis Viera, revista Otrolunes, Berlín

“Fiel a su afición por los excesos, Marco Tulio Aguilera Garramuño nos ha asestado, en las quinientas y tantas páginas su nueva Historia de todas las cosas, más que una novela, un tumulto de fabulaciones, personajes y palabras. Muy especialmente de palabras que surgen, germinan, se desbordan, se reinventan, se multiplican con la ferocidad con que crecen la selva y los deseos. De alguna manera, eso que Marco Tulio cuenta es no tanto la historia de su mítico San Isidro de El General, sino cosas que sucedieron allí, en ese espacio que le debemos y le agradecemos. Marco Tulio ha creado una gran novela”.
Felipe Garrido, Presidente Adjunto de la Real Academia de la Lengua en México, Durante la presentación en Puebla


viernes, 6 de abril de 2012

LA CARROZA DE BOLÍVAR

Nota de lectura de  La carroza de Bolívar
Antes de leer  La carroza de Bolivar , de Evelio Rosero,  los lectores colombianos habían asistido a un gran chisporroteo publicitario en torno a la obra de este colombiano que comenzó a despertar interés a partir del premio Tusquets . Mucha publicidad, primer lugar de ventas durante varios meses en Colombia, grandes elogios. También indignación  por la forma en que desmitificaba a Bolívar a partir de los rencores que el pueblo pastuso guarda por las masacres de ese pueblo que fue realista y defensor del rey. Independientemente de si Bolívar fue todo lo que protesta el protagonista de la novela de Rosero –embaucador, vanidoso, violador de doncellas impúberes, traidor, ambicioso- lo que destaco es la calidad de una novela que se lee con fruición. Que los héroes todos tienen pies de barro y cola que les pisen, no lo dudo. No conozco las fuentes en las que abrevó Rosero para sustentar las tesis del protagonista de La carroza de Bolívar. Carezco de autoridad para juzgar su solidez. Lo que sí destaco es una obra estremecedora, con personajes profundamente encantadores –Primavera, Fátima, el mismo Bolívar, Justo Pastor Proceso-. La descripción de la masacre de Pasto es memorable. Con un pulso narrativo sereno y preciso, sin nerviosismo, Rosero afronta un tema tabú en Colombia. La novela ha cosechado tanto la admiración de muchos buenos lectores, como las rechiflas y los insultos de los adoradores del Bolívar oficial, al punto que en la presentación de la obra en Pasto, un hombre le gritó: ¡Viva Bolívar, hijueputa! Grito no inusual en Colombia, país de extremistas. No olvido que en Medellín un sicario quiso matarme porque yo había dictado una conferencia demasiado optimista en medio de una ciudad que estaba en el filo de la navaja (eso dijo en un correo electrónico que me mandó. Y además agregó “No te maté, animal, porque me compadecí de tu esposa. Tan linda, parece una actriz mexicana de los años veintes. Me cayó bien”).

LO QUE SE DICE


Extractos de notas de prensa y revistas sobre Historia de todas las cosas (Educación y Cultura, México; Trama Editorial, Madrid).
“Si uno lee con detenimiento las obras anteriores  de García Márquez, se da cuenta que son portentosos ensayos para llegar a su obra maestra. Dentro del resto, hay libros que apenas se sostienen. La obra de Aguilera Garramuño es más sólida, más innovadora, menos repetitiva que la de su compatriota. Su Historia de todas las cosas  es una novela espléndida” (www.reneavilesfabila.com.mx).
René Avilés Fabila, La Crónica, México

Aguilera Garramuño en Historia de todas las cosas  ha creado un libro desternillante, libérrimo, totalmente disfrutable que no es comparable con  Cien años de soledad pero que no necesita la comparación”.

Guillermo Vega ZaragozaRevista de la Universidad Nacional

“Así como Cervantes parodió las novelas de caballerías, Garramuño parodió el realismo mágico y creó lo que no dudo en llamar un clásico de la picaresca contemporánea en lengua castellana”

Enrique Pimentel, en la presentación en Puebla

“Sin lugar a duda, el lenguaje en Historia de todas las cosas juega un papel fundamental. Garramuño concibe una lengua ampulosa, atrevida, pulcra, culta, que aguijonea los sentidos, que reta la inteligencia, con el propósito de construir un mundo de gracia extrema. Un lenguaje que arriesga e incorpora en grandes dosis el humor”.

Guillermo Samperio, en la presentación en el FCE, en el DF 
“Aventuro la opinión de que  Historia de todas las cosas  en menos de cinco años será considerada un clásico, a la altura de lo mejor que se ha escrito en lengua castellana”
Héctor D’Alessandro, Presentación en Barcelona
 “Terminar la lectura de una novela y sentir deseos de tomarla de nuevo, extrañar sus personajes, comprobar la necesidad de llamar al autor para agradecerle, quizás sean tres de los “síntomas” que nos avisan que hemos leído algo fuera de serie. Y si pasan los días y sentimos igual, entonces uno se atreve a firmar, definitivamente, que ha leído algo fuera de serie”.
Félix Luis Viera, revista Otrolunes, Berlín
“Fiel a su afición por los excesos, Marco Tulio Aguilera Garramuño nos ha asestado, en las quinientas y tantas páginas su nueva Historia de todas las cosas, más que una novela, un tumulto de fabulaciones, personajes y palabras. Muy especialmente de palabras que surgen, germinan, se desbordan, se reinventan, se multiplican con la ferocidad con que crecen la selva y los deseos. De alguna manera, eso que Marco Tulio cuenta es no tanto la historia de su mítico San Isidro de El General, sino cosas que sucedieron allí, en ese espacio que le debemos y le agradecemos. Marco Tulio ha creado una gran novela”.
Felipe Garrido, Presidente Adjunto de la Real Academia de la Lengua en México, Durante la presentación en Puebla
Historia de todas las cosas no sólo me gustó, me encantó, me llenó de alegría, me hizo reír a carcajadas, me puso a imaginar San Isidro de El General, como pueblo, como espacio narrativo. Es una novela maravillosa, extraordinaria, lo mejor que ha producido Colombia después de Cien años de soledad
Lirian Marulanda, Cultura en Veracruz
Historia de todas las cosas es una larga crónica de un pueblo llamado San Isidro de El General. Al contrario de la mayoría de novelas de largo aliento, sustentadas en una historia principal que sirve como centro a escenas y anécdotas incidentales que refuerzan los papeles protagónicos, la obra de Aguilera Garramuño no apuesta a una línea ininterrumpida que pueda seguirse con facilidad. El lector se enfrenta, página a página, a un feroz entramado de personajes, acciones, historias que terminan y dan paso a otras que se ramifican como las ramas de un árbol”
Alejandro  Badillo, El Devorador de Libros, Puebla

martes, 3 de abril de 2012

MURAKAMI ABSUELTO, SOBRE MI "LIBRO DE LA VIDA" (PÁGINAS DE SIN MÁSCARA FRENTE AL ESPEJO)

Que el mundo se esté acabando no quiere decir que uno deba echarse a morir... Acabemos por ahora con Murakami: mi veredicto es, después de muchas dudas y vacilaciones, ¡absuelto! Me terminó por agradar el relato a veces casi lamentoso de sus “fracasos” en las maratones de Boston, Nueva York y su pueblo natal, los sufrimientos por los que tenía que pasar para culminar los 42 kilómetros 250 metros, y tal vez simpaticé con Murakami porque me hizo recordar algunos momentos de mi experiencia como fondista: cuando corría cuesta arriba por la empinada calle de Miguel Alemán en Xalapa y súbitamente vi a un hombrecillo que mediría apenas un metro cincuenta y cinco, llevaba a sus espaldas una mochila y en sus pies no unos zapatos de carreras sino uno pobres y gastados zapatos de cuero, y ese hombrecito escuálido me rebasó a buen paso y me dejó atrás, a mí, al atlético Mistercolombias, cuando apenas rebasaba los 30 años, y pensar que había entrenado por varios meses al lado del famoso Otón, el mesero maratonista; o me recordó la ocasión en que, muy cerca de la meta, en el Estadio Xalapeño, vi que una mujer de unos 35 años, con evidente sobrepeso, me rebasaba limpiamente, cuando estábamos a 800 metros de la meta (hay que hacer una salvedad en el segundo caso: luego me enteraría que la mujer no había hecho el recorrido completo, sino que se había sumado a la carrera cuando faltaban mil metros). Terminé de leer  De que hablo cuando hablo de correr mientras crucificábamos la ciudad de lado a lado en medio de un calor de barco de vapor... Y al final me doy cuenta de por qué después de rezongar y gruñir contra Murakami he decidido revalorarlo: porque me sentí reflejado en estas líneas que yo firmaría si no las hubiera escrito él ante: Hasta ahora he vivido haciendo sencillamente lo que me gusta y como me gusta. Y nunca, aunque la gente me intentase refrenar o aunque recibiera críticas malintencionadas, nunca he variado mi forma de actuar. Si comparto fervientemente estas palabras, más aun las siguientes: Lo único que se ve allí es mi naturaleza  de siempre: individualista, testaruda, falta de compañerismo, a menudo egoísta, y aun así, poco segura de sí misma y que siempre intenta encontrarles gracia (o algo parecido) hasta a las situaciones más penosas. Pero volvamos atrás: a mi Libro de la vida.  En alguna parte lo llamé Currículum genital,  haciendo más que evidente que esa serie de novelas no era precisamente la saga de un escritor en busca de amor y conocimiento, persiguiendo el difícil arcano del violín y casi de perfil tratando de pergeñar por lo menos una obra literaria de valor: era (o parecía ser) simplemente el inventario de las mujeres que habían caído bajo el encanto de Ventura: en las primeras escenas Barbara Blaskowitz, mujer madura, descendiente de polacos, erudita y de voraz boca competía con Concha Chacón, descendiente casi pura de totonacas, estudiante de psicología, insufriblemente pedante, que cedía sus encantos con apreturas de virgen necia (luego para matizar una castísima Lili, vecina del depredador, que no entregaría su castidad al novelista sino a un cuarentón de  enorme coche, que no podía ocultar sus aires de diputado del PRI); luego aparecerían en escena Trilce, la hija de Bárbara, niña prodigio del violín, y Claris, la ex esposa de Ventura (y de pronto un salto: en  Mujeres amadas  el protagonista no se casa con Irgla, y en  Noches de Ventura se dice que nuestro novelista sufre de nostalgias por su ex esposa). Y dentro de la novela principal, para aliviar un poco la sobrecarga de mujeres y de actos eróticos a veces medio circenses, se me ocurrió intercalar capítulos de una novela francamente burlesca o sicalíptica, en la que Ventura se crea un alter ego, Eleuterio Moon, el Doctor Amóribus, que somete a sus tratamientos, siempre lúbricos a: Ranita, la hija de Fernanda, niña de catroce años; a Margarita Seca,  criatura dulce y despedazada por la existencia; a Cleopatra Martínez, insufrible y diminuta muñeca de porcelana con naricilla egipcia; a la Korolenko, fantática de Chopin, otra polaca de sofisticación inaguantable: a todas ellas las sometía mi Doctor Amóribus a tratamientos fisicopsíquicos de ersuasión que culminaban, en general en la cama y en el fracaso). Las dos líneas argumentales coincidían: los protagonistas, Ventura y Moon, resultaban inmersos en una desolación tremenda, que… sin embargo presagiaba mejores tiempos. Los de las novelas siguientes: La hermosa vida y  La pequeña maestra de violín.  En ellas Ventura seduce o es seducido por la hija de su amante titular (que aparece en tres novelas), Bárbara Bláskowitz: Trilce es un diablillo, una Lolita demasiado intelectual (lectora de Mann), una violinista prodigiosa, a la que persigue nuestro protagonista a lo largo de 400 páginas, para arrepentirse inmediatamente después del primer encuentro. Aquí y allá van apareciendo nuevas mujeres, entre ellas una auténtica demonia, que está a punto de dejar a nuestro Ventura en los puros huesos y en el hospital. Y entre tanto estropicio de sexo despiadado y fingimiento de amor van apareciendo como subtexto las novelas que va escribiendo nuestro Ventura, los intentos de dominar las posiciones más elevadas del violín y los asedios de la más esquiva de las hembras: la Fama.  Después de  El libro de la Vida, que consta hasta ahora con  cuatro libros publicados, debe venir (ya está escrito el libro terrible,  El sentido de la melancolía, la obra que nunca debí escribir porque nunca hubiera querido vivir lo que motivó su escritura, asuntro doloroso que me exige cambiar de dirección este barco, a la espera de vientos propicios y un  estado de ánimo menos grave).

viernes, 30 de marzo de 2012

MÁS MÁSCARA, ATLETISMO EN CALI, ´LA LITERATURA QUE CAYÓ DEL CIELO

La lectura del libro de Murakami me ha inspirado: en general no se considera un hombre brillante, aunque sí disciplinado: cuenta que se le ocurrió decir “voy a ser novelista” fue cuando en un partido de beisbol un jugador dio un strike. En mi caso yo diría que fue más dramático o por lo menos más literario. Y esta es una historia que he contado mil veces en entrevistas y conferencias: me había preparado durante un año para una carrera de 5000 metros planos, la final de los juegos universitarios de Colombia. El grupo salió de la meta  a buen ritmo, yo tomé la delantera porque nadie quería hacerlo. Esperaba que alguien me rebasara y se pusiera a la punta pero eso no sucedió. Mi contrincante más acérrimo, el flaco Carvajal, permaneció chapando rueda durante  4200 metros, y faltando 800 metros, arrancó y no pude alcanzarlo. Perdí: sólo alcancé segundo lugar. Una psicóloga que me hizo exámenes durante mi  enfermedad me dio sus resultados: bajo nivel de resistencia a la frustración; Carácter casi infantil: si no gano, me enojo. Y, pues, me enojé, decidí abandonar el atletismo radicalmente. Y antes entrenaba, durante mis primeros años de estudio de Filosofía, corría entre 5 y 10 kilómetros diarios de lunes a sábado… Y súbitamente me vi refunfuñando en un cuartito de asistencia de Cali, acumulando rencor y energías. Y llegó el insomnio. Una y otra noche, en la que yo lo que hacía era leer leer, leer, como Alonso Quijano y súbitamente se me ocurrió escribir un cuento. Escribí un cuento que llamé “Sonría” y que un mes más tarde apareció publicado en el Magazín Dominical bajo el titulo de “El sabio ignorante”. Jubilo, señores, me había graduado de escritor. Eso lo descubrí en el Cine Calima. Vi en las manos de un espectador el suplemento dominical y en él mi nombre. Prácticamente se lo arrebaté de las manos y leí extasiado: cuento maravilloso, friends, extraordinario… y yo lo había escrito. Al salir de la sala fui a comprar todos los ejemplares que pude. Esta es la versión número  uno de mi iluminación. Mi esposa la ha escuchado 40 veces y dice que es un invento, como casi todo lo que digo y escribo. La mejor definición que se ha hecho de mí la hizo GAG: MT es un mediocre que trabaja. Me gusta.

domingo, 25 de marzo de 2012

UNA CARTA DE AMOR

Hace varios años le envié un archivo de más de 500 páginas a mi amiga Lirian Marulanda, cuyos juicios críticos sobre mi obra han sido implacables a lo largo de nuestra amistad de casi 40 años. En más de una oportunidad ha descalificado mis obras. Recuerdo que una vez me dijo: “Eres el mejor cuentista latinoamericano pero un novelista mediocre”. El manuscrito que le envié hace varios años era la versión definitiva de mi Historia de todas las cosas.  Le mandé un cuestionario y éstas fueron sus respuestas. Estoy publicando esta entrevista porque antecedió a la respuesta crítica extremadamente positiva que la obra está teniendo y porque Lirian reclama sus derechos de haber dicho antes lo que han dicho D’Alessandro, Avilés Fabila, Samperio, Felipe Garrido, Pimentel, Jorge Arturo Abascal y muchos otros
¿Te gustó la novela?
No sólo me gustó, me encantó, me llenó de alegría, me hizo reír a carcajadas, me puso a imaginar San Isidro de El General, como pueblo, como espacio narrativo. Me puso a pensar sobre los personajes, sus características e interrelaciones.
¿Por que?
Porque la estructura narrativa está muy bien lograda, por el manejo del lenguaje, por el léxico, porque los personajes no sólo se identifican por las características que les han sido asignadas como sujetos actuantes, sino también, por su íntima correlación con el espacio que ocupan: casa, habitación, prostíbulo, bar…… cárcel, ventana, basurero, montaña…… carretera…En la trama los personajes y el lenguaje de cada uno de ellos, se entrelazan, los identifica y enriquece muchísimo. Es maravilloso.El historiador-literato es genial. Es su historia y no la de otros la que él cuenta. Así de fácil. Es cómo vemos a los otros, a las situaciones y cómo las interpretamos de acuerdo a nuestro propio saber y entender, a nuestra propia historia de vida. Es algo así como: “la historia de San Isidro de El General la cuenta el ranador como la ha vivido, la ha imaginado, la ha interpretado, la ha soñado, la ha deseado, encerrado en su propio yo, en su propia subjetividad de sujeto actuante, vivo y presente”. Porque entrelíneas encuentro mucho de ti, particularmente de aquellos momentos de tu vida narrados en las milnosecuantas páginas de “Memorias…”
 Que personajes te parecen memorables y cuales desechables?
No desecharía ningún personaje. Todos tienen su rol determinante. Crecen, aparecen, se diluyen sin desparecer. Siempre están ahí, a la espera que el ranador les dé la oportunidad de actuar. Están entre bambalinas, nunca salen del escenario. Se me ocurre que a veces se comportan como “el coro del teatro griego”. Eso de NO capítulos, de No punto y aparte; de párrafos largos,  sin comas ni puntos, son como si todos los personajes, a la par con el lector, fueran el auditorio que escucha al orador sin respiro, como en un suspiro inconcluso. Es fantástico. Involucras al lector dentro de la narración. Eso es dramaturgia. Destaco al historiador-literato, sin él como personaje que cuenta lo que cuenta a su manera, la historia no tiene sentido y sin las acotaciones de Don Garrapata, nos tragaríamos el cuento completo y diríamos que “lo que nos cuenta el historiador-literato es la verdad verdadera” y no “mi verdad soñada, deseada, imaginada, inventada,……”. Tu don de la poesía hace que encuentre nebulosas tus observaciones.
¿Te pareció larga o aburrida en ocasiones?
NOOOOOOOOOOOOOOO. Sólo te diré  que  me he divertido de lo lindo y que si tú me autorizas, se la envío a mi hijo para que la disfrute en las vacaciones de fin de año. Quiero que entiendas que cuando digo divertido no es solo porque me he reído, sino por las bofetadas que das a los acartonados y arcaicos académicos de la literatura. Por tu fecunda creatividad  que a partir de un pequeño detalle, exaltas y construyes un personaje, una situación, un espacio, un tiempo. Porque en ciertos momentos me sentí como de la mano del Quijote o Sancho Panza, indistintamente, en pleno siglo XXI.
¿El final te dejo satisfecha?
Por supuesto que me dejó satisfecha. Lo he entendido así:
a. Continuará cuando al historiador-literato se le d la regalada gana.
b. Cuenta tú el resto de los acontecimientos, si es que eres capaz.
c. Vuelve a leerla, como quieras, empieza por donde quieras, que el final puedes encontrarlo en cualquier parte y si no lo encuentras, pues invéntalo.  Eso es genial!!!!!!!!!!!!!
¿ Aporta algo a la lit colombiana y latinoamericana?
Sólo te diré que es el mayor aporte después de GGM y su combo. Para mí, en mi humilde entender, entre otras cualidades, es un excelente texto para los estudiantes de literatura que quieran aprender a escribir relatos, cuentos o novelas. Es una gran obra de  la literatura latinoamericana del siglo XXI. Te lo dice mi humilde conocimiento y mi corazón. No tengo ganas de hacer un análisis detallado y exhaustivo.
¿ Encuentras algo más allá de la narración divertida?
Siiiiiiiiiiiiiiiiiii. La estructura narrativa. Atrevida, osada, innovadora. Me imagino que tú tienes los mapas y cuadros de interrelaciones de los personajes, situaciones, espacios y tiempos.  Ellos están solo contigo y son tuyos. Es posible que en mis ratos de ocio me ponga a hacerlo y espero lograrlo, aunque a simple vista, no se ve nada fácil. Eso es un gran aporte a nuestra literatura. El manejo del lenguaje. El substrato filosófico. El rompimiento con esquemas literarios que nos dicen cómo debemos escribir una novela. Sin sentar cátedra, sin academicismos se entrelazan en la “aparente” sencillez  de la narración.   Denota gran conocimiento de nuestro idioma castellano. Construcción de las oraciones, gramática poco ortodoxa, al igual que el léxico y la fonética. Se siente mucho más cuando hacemos la lectura en voz alta.El juego de palabras, palabras inventadas, palabras trastocadas de lo oral a lo escrito que se escuchan bellísimo cuando el texto se lee en voz alta. Amigo del alma, tú sabes que soy bastante crítica con tu producción literaria, que siempre he dicho que los cuentos de Marco Tulio son excelentes y las novelas no tanto. Ahora te digo y te lo repito: “Historia…” es un excelente relato novelado, es fantástico!!!!!
Te amo
Lirian

Eduardo García Aguilar habla de Garramuño

SAMEDI 13 AVRIL 2019 LAS AVENTURAS LITERARIAS DE AGUILERA GARRAMUÑO  Por Eduardo García Aguilar La Universidad Veracruzana ...