Vistas de página en total

lunes, 16 de enero de 2012

La plenitud del amor

UNAS PÁGINAS DE UNA NOVELA QUE QUIZÁS NUNCA VAYA A PUBLICAR

Es un hombre solitario, un buscador, que se ha aventurado innumerables veces, creyendo siempre, o fingiendo creer, que se enamora, y terminando en relaciones tristes, orgánicas y fracasadas. En esta niña -debe tener apenas un poco más de quince años- Ventura admira, inicialmente, la superficie: esbelta como un adolescente, cabello corto, su rostro tiene la expresión de una carita sonriente de las que modelaron los indígenas totonacas hace tal vez quince siglos. Ventura se deja llevar por la locuacidad de ella, por su aparente falta de sentido de la responsabilidad. La invita a cine. Ella acepta. La niña no deja de mirarlo durante la proyección. El hombre la besa y ella responde con entusiasmo. Lo llama "señor". Observan una película de Hitchkock, "Los pájaros". La niña en lugar de aterrorizarse por por las escenas en las que los cuervos atacan a los niños, se ríe.

     -Las cosas deben ser como deben ser -dice-. Si no, qué gracia iban a tener.

     Caminan luego por el Parque de los Berros, envuelto en brumas. La niña va jolgoriosa, parlanchina, aferrada al cuerpo del hombre. No la turban las miradas indiscretas.

  --Creo que este parque es el más hermoso del universo.

  --Si el señor lo dice, así es, porque así debe ser --responde Flor de María más con clara convicción que con humildad.

  --¿Y tú crees eso porque lo digo yo?

  --Cualquiera sabe que un señor tan grandote, de anteojos y con barba no puede mentir.

  --¿Y por qué no puede mentir?

  --Porque ese señor me gusta muchísimo, más que matar piojos o reventar espinillas.

  --No entiendo por qué te puedo gustar yo.

  --Eres bello -- le dice, tuteándolo por primera vez--. Tienes manos de luchador, piernas largotas, ojos tristes y dientes chicos.

     El hombre puede comprender todo, menos que a Flor de María le parezca bello: la pelambre descuidada y larga, la piel curtida cubriendo un cráneo anguloso, el cuerpo una masa de músculos poco proporcionada, su humanidad sin armonía. Ninguna de sus pasadas mujeres cantó su belleza. Acaso se refiriera al espíritu, ese ser más hondo, que en alguna parte debía habitar, y que ella intuía.

     --No confíes en las personas --le dice--. Cada vez que quieren impresionar a alguien le ofrecen su mejor parte.

     --Yo confío en ti. Es todo. Lo puedo sentir en la boca del estómago. Mi sistema digestivo es buen pisicólogo -. Pronuncia la palabra sin ironía, "pisicólogo", como si la hubiera sacado recientemente del diccionario.

     Caminan por Ursulo Galván, se detienen frente a un negocio de pesticidas,  reiteran los besos, sienten pasar a su lado una banda de muchachos que supieron cautamente ignorarlos, avanzan rumbo a El Pregón de Provincia, hacen una nueva estación amorosa al lado de una pila de basura, dan unos pasos más y llegan al sitio donde está estacionado el auto.

     --Míralo, ¿te gusta?

     Flor de María gira en torno al vehículo.

     --Es simpático. ¿Cómo se llama?

     --A veces lo llamo Galileo y a veces El Oprobio. ¿Sabes qué es un oprobio? 

     --No sé, pero debe ser muy divertido--. Flor pide que busquen una sombrita, en plena noche, para sacarle más gusto a los besos, y una vez hallado el sitio propicio, unen los cuerpos con minucia de relojeros, ella su justa pequeñez sobre el cordón de la banqueta, él recibiéndola desde abajo, sus brazos haciéndola desaparecer como si al abrazarla se estuviera amando a mí mismo.

     --Me quedaría besándote toda la noche --. Era indispensable, debía rendirle pleitesía y meter una tarjeta al horroroso reloj checador.

     Ventura decide hacer guardia a la puerta del edificio hasta que la niña salga de la oficina. Quiere estar seguro de que no escape. Sabe que no es un sueño pero conoce de los vuelcos de la vida. La ve bajar las escaleras de cuatro en cuatro.

     ¿Rumbo? ¿Ves aquella colina? Allá no es. Vivo más allá de la civilización. Eso dice. El Oprobio sigue una ruta de calles que ni siquiera merecen tal nombre, entre despeñaderos, zanjas abiertas y vericuetos de cieno selvático. El volkswagen supera con maña de mula los obstáculos, como un ciego, más guiado por su mecánico instinto que por la habilidad del conductor y siguiendo el mapa que trazan dos o tres bombillas mortecinas que se fingen estrellas allá en el horizonte de la niebla tenebrosa. -Caminas todas las noches por este sendero de bandidos?

     -En la noche todos los gatos son machos. Además, sé fingir voz de hombre malo y tengo en mi bolso una pistola de fulminantes Cuidado, cabrón, toy armado!

     La actuación sólo risa despierta en Ventura y enojo en la nena:

     --¿No parezco hombre malo en la oscuridad? 

     --No. Pareces exactamente lo que eres: una chiquilla asustada fingiendo ser hombre rudo.

     --Pues lo hago bien --dice enfática--. A propósito, ¿qué quiere decir lujuria? 

     Ventura busca una respuesta que esté a la altura de los castos oídos y cree desvelar una definición, si no lógica, por lo menos compatible con el alma cristalina que parecía saber tan poco del mundo:

     --Lujuria es lo que va después de los besos. 

     --Ah, entiendo. Quiere decir regresar a casa e irse a dormir. Qué bueno. Me siento muy lujuriosa esta noche. Mis padres son muy serios en todo lo referente a la lujuria: si no llego a tiempo a casa hay gritos y hasta golpes. Además prometí portarme bien desde que tuve al niño.

     --¿Cuál niña?

     --Mi hija. ¿No te había hablado de élla? Tiene dos años. Es un duende. Pronto la conocerás.

     Bajó del auto y huyó por la útima calle, se internó en un sendero entre el ladrar de los perros. La ciudad palpitaba a lo lejos.


viernes, 13 de enero de 2012

Marco Tulio Aguilera en España (entrevista)

Datos tomados del periódico La Vanguardia de Barcelona, de Europa Press, del blog de la Biblioteca Bobila, de Suite 101 y de El Ales Gutierrez Daily
El escritor mexi-colombiano Marco Tulio Aguilera,  presentó su novela Mujeres amadas el día 5 de octubre  y  el día 6 en el Ámbito Cultral de la Puerta del Sol. (foto.fuente:lavanguardia.com)


Marco Tulio Aguilera Garramuño, polémico escritor  mexi-colombiano y finalista de los premios Alfaguara España y Planeta México, estuvo en Madrid y Barcelona, donde presentó la tercera edición de su novela Mujeres amadas (publicada por la prestigiosa Editorial de la Universidad Veracruzana) y la primera edición de una obra mayor, novela de 515 páginas, titulada Historia de todas las cosas.


 Una y otra novelas ya tienen una larga carrera de aceptación crítica y de ediciones en varios países, pero particularmente Historia de todas las cosas, sobre la que escribió en escritor, periodista y maestro del márketing informático Ales Gutiérrez:
36 años después de su primera edición en Argentina, vuelve a ser publicada la obra que pretendió competir en calidad con "Cien años de soledad".La escribió un joven colombiano que ha cargado injustamente con el estigma de ser un imitador de Gabriel García Márquez. La publicó Ediciones La Flor, del prestigioso editor Daniel Divinsky, en 1975; quien escribió las siguientes palabras en la contraportada: “Nosotros los editores de este libro, declaramos al lector: Que Aguilera Garramuño no es un seudónimo utilizado por García Márquez para escribir una novela más divertida que "Cien años de soledad". Aguilera Garramuño es el de la fotografía, y no tiene bigote.Que "Breve historia de todas las cosas" es la novela más imaginativa, loca, entretenida y rica que haya pasado en mucho tiempo por nuestras manos.Que garantizamos al lector satisfacción completa, si no se le devolverá el importe de su compra en la tienda principal de San Isidro de El General.Que el pueblo San Isidro de El General no es Macondo y su único parecido es que ambos sólo podrían estar en Colombia.Que todos los comentarios bibliográficos de este libro lo relacionaran con García Márquez, siendo esto una mentira: a nosotros nos gusta más Aguilera. La novela fue entregada por el autor a García Márquez en su propia mano, Gabo la recibió escéptico y una semana más tarde llamó a Aguilera Garramuño para felicitarlo. “No creo que sea mejor que Cien años de soledad, pero no le hace falta. Es una novela extraordinaria y original”.


Por una parte Aguilera Garramuño dice que no le agrada mucho que lo comparen con el premio Nobel Gabriel García Márquez y por otra parte cultiva una obsesión por su compatriota que llega a ser molesta Al respecto ha publicado un libro, Poéticas y obsesiones,  en la misma editorial donde trabaja en el que reproduce varias entrevistas reales con Gabo  y una entrevista imaginaria.


Cuando el escritor maxi- colombiano vio publicada su primera novela Breve historia de todas las cosas en Buenos Aires (tenía 24 años de edad) hubo diversas reacciones críticas, algunas excesivamente elogiosas y otras, pocas, colocándolo a la sombra de García Márquez, debido a que su primera creación tenía cierta relación con Cien años de soledad, no sólo por la semejanza en cuanto a las técnicas literarias, sino por un pueblo imaginativo de que habla la novela, que podría recordar a Macondo.


El escritor colombiano, que reside en México hace ya varios años, estuvo en Barcelona a principios de octubre para hablar de El libro de la vida, una pentalogía del tamaño de En busca del tiempo perdido, de la que tiene publicados los cuatro primeros libros (Mujeres amadas, Las noches de Ventura, La pequeña maestra de violín y La hermosa


Marco Tulio Aguilera Garramuño habló con La Vanguardia.com antes de su viaje y estas son las opreguntas que le planteamos y las respuestas que nos dio.


Usted es muy conocido en América Latina pero en España no tanto, pese a que fue finalista del premio Alfaguara de novela del año 2000 con la obra El amor y la muerte. ¿A qué cree que se debe esa falta de diálogo literario entre los dos continentes?


Hay que aclarar que fui finalista del Premio Alfaguara pero eso no se difundió. Fui llamado a la oficina de Marisol Schutlz, directora de Alfaguara en México. Ella me dijo que el Premio estaba entre la novela de un escritor mexicano y mi novela El amor y la muerte. Marisol me preguntó si yo estaba listo para asumir un premio del tamaño del Alfaguara, con todo lo que ello implicaba de viajes y compromisos. Le dije que naturalmente estaba listo y que desde que comencé a escribir había estado listo para todo lo que la profesión implicara. Ella me dijo que ganara o no, de todos modos la Editorial iba a publicar todas mis obras, una por una, hasta completar el catálogo completo de mis libros. No sucedió ni lo uno ni lo otro. El premio le fue concedido a La piel del cielo, de Elena Poniatowska. Mi novela fue publicada en edición limitada en Colombia y luego México no quiso reeditarla. La obra recibió crítica entusiasta y abundante en muchos países. Y eso fue todo. Luego publicaron Cuentos para después de hacer el amor en Punto de Lectura México y España y El pollo que no quiso ser gallo en Alfaguara infantil. La promesa de publicar mis otros libros no se cumplió.

Como escritor de largo recorrido ¿Cómo se define?


Soy una persona extremadamente disciplinada, tanto en mi trabajo como escritor, como en mi labor como lector de la Editorial de la Universidad Veracruzana y en actividades deportivas. Fui fondista en mis años universitarios en Colombia, basquetbolista en Estados Unidos y México y actualmente soy nadador de categoría máster. Participo en competencias con frecuencia y lo mínimo que he alcanzado a nivel de competencias amateur son dos medallas de plata y lo máximo seis medallas de plata y una de bronce. Mis libros los trabajo por muchos años y son el fruto de largas investigaciones y de muchas escrituras, reescrituras y correcciones. Si he de definirme debo decir que soy una persona que cumple sus objetivos con una terquedad casi invulnerable y que habitualmente cumple sus caprichos, en ocasiones granjeándose buena cantidad de enemigos y malquerientes.

¿Cuáles son sus motivaciones literarias y de qué fuentes ha bebido?


Cuando publiqué mi primera novela algunos críticos y lectores dijeron que yo era un imitador de García Márquez. Muchos otros lectores, entre ellos el mismo García Márquez negaron esto. Se me encasilló como uno de los fundadores del post boom. Creo que con el resto de mis obras, que suman casi 30 libros, he demostrado tener mi propio mundo. He tenido algunas obras que podrían calificarse como "éxitos": por ejemplo Cuentos para después de hacer el amor, que ya lleva 14 ediciones y El pollo que no quiso ser gallo, que ya se acerca a los 50.000 ejemplares vendidos en Latinoamérica. Hay quienes me atribuyen cercanía a Henry Miller, Rabelais, Rubem Fonseca, Cabrera Infante, lo que no me molesta en lo más mínimo.

¿Es el narrador un mentiroso compulsivo? ¿Cuál es su relación con la sinceridad y la mentira?


El narrador es un mentiroso que descubre o busca verdades. Para mí el buen escritor es el que dice lo que nadie se atreve a decir o el que descubre lo que nadie hasta ahora ha descubierto. Como persona pública practico una sinceridad a veces insultante; como critico literario no me permito nunca adular buscando mi propio interés. Tengo una costumbre que a veces puede parecer chocante: defenestrar crítica y analíticamente los libros que son lanzados como si fueran obras maestras y que en realidad son fantoches publicitarios. Lo he hecho varias veces con libros que reciben grandes premios literarios.

Dentro de su trayectoria como escritor encontramos una cantidad importante de publicaciones en el ámbito del cuento y la narrativa ¿En cuál de esos géneros se siente más cómodo y por qué?


Cuentos y novelas son territorios en los que me siento a gusto. Creo haberle atinado en algunas obras a la escritura de buenos cuentos y de novelas bastante legibles. Algunas han tenido ediciones limitadas y poca repercusión. Esto lo atribuyo a que yo me dedico básicamente a escribir, y cuando publico un libro, me olvido de él y me dedico a pensar en lo que ha de venir. Tres veces fui representado por Carmen Balcells, la representante del boom,  y en las tres terminamos distanciándonos, más por mi culpa que por la de su agencia. Cuando ellos estaban negociando yo quería meter la cuchara, y eso no lo acepta la agencia. Después tuve otro representante colombiano que terminó estafándome. Entonces tomé la decisión de rascarme mis propias pulgas. El hecho de que yo viva en la periferia y no en una gran ciudad, ha favorecido que yo no tenga mucha exposición… lo que me parece muy bien, pues para un megalómano como yo lo mejor es que lo ignoren. Vivo en Xalapa, una ciudad de la provincia mexicana, y aquí he encontrado buen acomodo: llevo una vida tranquila, sin mucho traqueteo, sin demasiados viajes a ferias, conferencias, congresos y ello ha favorecido mi trabajo literario. Si viviera en Barcelona o el Distrito Federal en México, posiblemente me habría dedicado a la farándula literaria, a la figuración y habría terminado escribiendo la habitual basura de los adictos a la figuración.

Alguna vez se dijo de usted que sería el sucesor de García Márquez. ¿Esa aseveración ha marcado, de alguna manera, sus ambiciones literarias?


Sin duda García Márquez me marcó. Mi primera novela, Breve historia de todas las cosas tiene una relación directa con Cien años de soledad, no sólo por el manejo de técnicas literarias semejantes sino porque pinta un pueblo muy particular, muy imaginativo, que podría recordar a Macondo. Este hecho hizo que el primer editor de esta novela, Daniel Divinsky, de Ediciones La Flor, de Buenos Aires, afirmara que a él le gustaba más mi novela que Cien años de soledad. García Márquez la leyó en tiempo récord y me llamó para felicitarme. Y muchas veces, en privado, ha hecho excelentes comentarios sobre ella. Pero me dijo, como le ha dicho a muchos otros autores: "Nunca voy a hablar públicamente bien de tu novela porque eso te perjudicaría. Una vez hablé bien de un escritor y ya nunca volvió a escribir nada bueno". Lo que yo le respondí en esa oportunidad a Gabo fue: "Puedes hablar bien de mí, puesto que yo tengo tan alta ser".

En Facebook ha circulado una especie de mito o chisme: que usted es el escritor fantasma que ha escrito las obras de García Márquez a partir del comienzo de sus enfermedades. ¿Qué opina de eso?


Es una buena fantasía que no me hubiera gustado cumplir. Estoy satisfecho con las obras que he escrito. No envidio las obras de García Márquez pero sí sus derechos de autor. Conozco a la persona que inventó esa historia: se apellida Goussen, es nicaragüense y lector de mis obras desde hace muchos años.


Usted es colombiano de nacimiento pero reside en México desde hace más de treinta años. ¿La experiencia de la migración ha marcado de algún modo su obra y su relación con la realidad?


Vivo en México hace más de 30 años pero sigo siendo colombiano no sé si por romanticismo, por terquedad, nostalgia, pereza de hacer trámites o por llevarle la contraria a la corriente que tiende a denigrar de la nacionalidad colombiana. Tal vez si viviera en Colombia mis temáticas habrían cambiado pero no mi espíritu ni mi empecinamiento. Pero éstas son elucubraciones ociosas. Como sólo tenemos acceso a una dimensión espacio-temporal, puedo hablar de lo que he vivido, no de lo que podría haber vivido.

¿Cómo ve la situación actual de la literatura en América Latina y cuáles cree usted que son las señas de identidad de sus escritores?


Hay una tendencia a negar los orígenes entre los escritores latinoamericanos que han alcanzado una buena difusión en Europa. Muchos de ellos quieren escribir como europeos, quieren ser universales a costa de olvidarse de sus fuentes. A eso se ha llamado "negar las raíces", usando un término bastante maniqueo. Opino que el problema no es que nieguen sus orígenes, sino que comienzan a plegarse a las exigencias de un mercado que les exige una especie de estandarización. Es claro que a pesar de esto Latinoamérica sigue siendo un surtidor prácticamente inagotable de buena literatura, que de alguna forma opaca lo que se hace en España. Fuera de Reverte y algunos best sellers españoles casi nada llega a las librerías de Latinoamérica, mientras que en España siguen campeando unos buenos nombres de autores latinoamericanos muy legibles, varios de ellos mexicanos y colombianos. Entiendo que España esté ofendida por el hecho de que casi todos los grandes premios se los lleven los escritores latinoamericanos… Pero es un hecho: la buena literatura se sigue produciendo en Colombia, Argentina, México, Perú.

Y para terminar, usted ha ganado un número considerable de concursos literarios. ¿Ayudan estos eventos a depurar la calidad creativa o son, al contrario, nuevas formas de mercantilizar la literatura?


Los premios me han ayudado a saltar trancas, a publicar en grandes editoriales sin hacer antesalas, a construir una buena casa para mi familia, me han dado desahogo pero no fortuna, me han permitido hacer viajes y me han dado reconocimiento en varios países. En general los premios que ayudan a elevar la calidad de la literatura son los pequeños premios. Hasta el momento no he recibido ningún premio verdaderamente grande. He sido finalista en Alfaguara España y Planeta México. Por otra parte es bien sabido que los grandes premios están casi todos viciados. ¿Quién entiende que se le dé un Planeta a Camilo José Cela, un Alfaguara a Vargas Llosa o a Savater? La mercantilización es la que domina. Me encantaría que a los miembros de los jurados de esos grandes premios se les hiciera un examen a ver si de verdad leyeron diez de los 500 o más libros de concurso. Los premios los terminan dando los editores y los grandes nombres son sólo pantallas.


Aguilera Garramuño fue acogido cálidamente en España por Manuel Ortuño, editor de Trama Editorial, quien organizó una comida en su honor, a la que asistieron personajes de la vida cultural madrileña. En Barcelona tuvo el apoyo del escritor uruguayo  Héctor D’Alessandro,  del maestro de márketing y escritor Ales Gutiérrez, de la poeta Martha Cedeño. El autor dejó una donación de sus libros y de libros de la Universidad Veracruzana en la Biblioteca Bobila de L Hospitalet de Llobergat, donde el director de esa institución programó una conferencia.


Finalmente Manuel Ortuño y Aguilera Garramuño llegaron a un acuerdo para que el segundo lo represente en España. Durante todas las presentaciones el escritor estuvo acompañado por Ricardo Moreno Botello, su editor mexicano, y por Cecilia Botello, subdirectosra de la Editorial Educación y Cultura.







La novela que pretendió opacar a "Cien años de soledad"

Alexandri Gutiérrez Hortua






garramuño - autorizado del blog del autor



36 años después de su primera edición en Argentina, vuelve a ser publicada la obra que pretendió competir en calidad con "Cien años de soledad".



La escribió un joven colombiano que ha cargado injustamente con el estigma de ser un imitador de Gabriel García Márquez. La publicó Ediciones La Flor, del prestigioso editor Daniel Divinsky, en 1975; quien escribió las siguientes palabras en la contraportada: “Nosotros los editores de este libro, declaramos al lector:


  1. Que Aguilera Garramuño no es un seudónimo utilizado por García Márquez para escribir una novela más divertida que "Cien años de soledad". Aguilera Garramuño es el de la fotografía, y no tiene bigote.
  2. Que "Breve historia de todas las cosas" es la novela más imaginativa, loca, entretenida y rica que haya pasado en mucho tiempo por nuestras manos.
  3. Que garantizamos al lector satisfacción completa, si no se le devolverá el importe de su compra en la tienda principal de San Isidro de El General.
  4. Que el pueblo San Isidro de El General no es Macondo y su único parecido es que ambos sólo podrían estar en Colombia.
  5. Que todos los comentarios bibliográficos de este libro lo relacionaran con García Márquez, siendo esto una mentira: a nosotros nos gusta más Aguilera Garamuño.""



Gabriel García Marquez le da su visto bueno y la elogia



La novela fue entregada por el autor a García Márquez en su propia mano, Gabo la recibió escéptico y una semana más tarde llamó a Aguilera Garramuño para felicitarlo. “No creo que sea mejor que Cien años de soledad, pero no le hace falta. Es una novela extraordinaria y original”.





Google Adsense Publique Anuncios de Google y ¡Gane más Dinero con su Sitio! www.Google.com/AdSense



Telmex IT - Telmex It Para cada necesidad de tu empresa Telmex IT tiene una solución! Telmex.com/IT



Muchos lectores autorizados pensaron lo mismo y unos pocos acusaron a la obra de ser un subproducto del realismo mágico. La edición argentina no se vendió de manera tan copiosa como esperaba el editor, pues Argentina por esos días estaba en la peor crisis de su existencia y gobernada por la feroz tiranía de los militares.



Salió una segunda edición de 25.000 ejemplares en Plaza y Janés de Colombia, y ahí terminó la carrera de la novela, que no fue olvidada por la crítica y los lectores, pero sí relegada por su autor, que se dedicó a sobrevivir en Estados Unidos, Colombia y México, y que comenzó a publicar otros libros que tuvieron repercusión pero no llegaron a tener eco mundial.



Proceso y obras del escritor colombiano Marco Tulio Aguilera Garramuño



Lo más cerca que estuvo de alcanzar difusión mundial, fue en el año 2000, cuando quedó finalista del Concurso Alfaguara con su novela El amor y la muerte, concurso que ganara Elena Poniatowska. La editorial ocultó que la novela de Garramuño había sido finalista, pero la crítica de muchos países subrayó dicha actitud y el escritor levantó una polémica contra Alfaguara, afirmando que se premia lo que se vende, no la calidad.



Aguilera Garramuño, urgido por una pulsión narrativa y un poder literario que han reconocido críticos de muchos países, ha publicado libros que se han transformado en clásicos. Por ejemplo Cuentos para después de hacer el amor, que a la fecha lleva 16 ediciones y El pollo que no quiso ser gallo, cuentos infantiles, que ha vendido casi 50.000 ejemplares.



Artículos Relacionados





Emprendió un proyecto del tamaño de En busca del tiempo perdido, constituido por cinco novelas, de las cuales lleva cinco publicadas: Mujeres amadas, Las noches de Ventura, La pequeña maestra de violín, La hermosa vida y una inédita, El sentido de la melancolía.



Recuperación, reedición y publicación de la antigua obra



En la memoria de los lectores quedó, sin embargo, la primera novela, Breve historia de todas las cosas; que fue considerada por Seymour Menton como lo más cercano que se haya escrito a Cien años de soledad; se recuerda que esa obra entró en la historia de la literatura latinoamericana exaltada en libros de John Brushwood, Seymour Menton, Raymond Williams, Anderson Imbert y en artículos de medios literarios de muchos países.



La Estafeta Literaria de Madrid le dedicó una página, y Germán Vargas, uno de los siete sabios de Cien años de soledad, destacó su gozosa calidad, así como lo hicieron más de 100 críticos. Aun así el autor decidió dejar relegada esa novela y dedicarse a demostrar que no es, de ninguna manera, una sombra del célebre Gabo.



Como dato curioso, años después el filósofo norteamericano Ken Wilber publicó un libro con el mismo título. Y aun más curioso, un escritor español, 15 años después de la publicación de Cuentos para después de hacer el amor, publicó un libro con el mismo título.



36 años después de la publicación de Breve historia de todas las cosas, una pequeña y prestigiosa editorial del estado de Puebla, llamada Educación y Cultura, publicará una novela que se llama Historia de todas las cosas. Es la misma vieja novela, alimentada con la experiencia narrativa a lo largo de los años, y con 220 páginas más. Aguilera Garramuño afirma que va a demostrar que lo que dijo su editor original, si no era verdad entonces, sí lo es ahora.



Marco Tulio Aguilera Garramuño estará el 5 de octubre dictando una conferencia en la Biblioteca Bóbila de L’ Hospitalet de Llobregat – Barcelona.





Con Banca Personal HSBC
Descubre lo fácil de acceder a HSBC con Banca Personal por Internet.
www.Hsbc.com.mx/BancaPersonal






Soy Totalmente Palacio
Historias & Personajes.
Conoce todo sobre la nueva campaña.
www.soytotalmentepalacio.com.mx






Rent a Car Antalya 17,99€

Free Airport Service Cheap and Fast Prices starts 17.99€ per day
www.aytcar.com






Copyright del artículo: Alexandri Gutiérrez Hortua. Contacta con el autor de este artículo para obtener su permiso y autorización expresa para poder usar o publicar su contenido de forma total o parcial.


lunes, 9 de enero de 2012

Historia de todas las cosas en Berlín

En esta dirección hallarán la revista Otrolunes, que dirige el escritor cubano Amir Valle y se publica en Berlín. En este número se destacan tres textos referentes a MT: los tres capítulos iniciales de Historia de todas las cosas, una nota de lectura de la misma novela que hace el escritor uruguayo Héctor D'Alessandro y la columna habitual de MT, en la que relato una aventura de buceo... Ver

http://www.otrolunes.com

viernes, 6 de enero de 2012

Necrópolis de Santiago Gamboa y los hijos de García Márquez

Un aire de apocalipsis y de farsa baña la novela  Necrópolis, del colombiano Santiago Gamboa. No hace mucho tiempo leí una de esas listas arteras y envidiosas que publican las revistas de escándalo cultural: “Las peores novelas de año en Colombia”. Entre ellas destacaban dos novelas que conozco: una de Mario Mendoza (autor de  Satanás, Premio Seix Barral) llamada Buda Blues,  y  Necrópolis del autor mencionado.  De Gamboa sólo había tenido en mis manos antes una novela que abandoné al discurrir de pocas páginas. Era algo como la biografía de un muchacho, escrita de manera casi decimonónica.  Necrópolis es algo muy diferente: alterna el relato de un viaje de un escritor que es evidentemente Gamboa a un congreso en Israel, con la narración de las vidas de una serie de personajes estrafalarios: una especie de nuevo y depravado Jesucristo, que funda su nueva iglesia en Miami; una actriz porno, un ajedrecista travesti; un mecánico colombiano. Los personajes son verosímiles, en general afectados por algún tipo de tragedia y están retratados de manera efectiva, en un estilo torrencial que deprecia los recursos tradicionales del diálogo y que forma un tejido que la da fluidez a la narración.
Toda buena novela, que sea en realidad novela, es decir que plantee una novedad, debe tener su lógica propia y original, que el lector debe descifrar, aceptar o rechazar. Esta novela tiene en efecto su lógica que, de inicio, se plantea como un árbol: un tronco que es el relato del escritor y las ramas, que son las historias de los personajes que el escritor conoce en el congreso. El relato, los relatos se despeñan velozmente, en general en primera persona irreverente y directa.
Según parece Gamboa, que ha vivido varios años en Europa y que recientemente fue embajador de Colombia en la India, ha tenido buen éxito en varios países, particularmente en Italia, y a menudo  cuando se usa el viejo argumento de “Colombia no es sólo García Márquez” se le menciona junto con Fernando Vallejo, para mí flojo prosista y genial escandaloso; Abad Faccilince, de quien sólo he leído un libro que me pareció artificioso, inflado y oportunista sobre la muerte de su padre y unos poemas de Borges hallados en el bolsillo del muerto; y la reciente estrella de todos los moles, William Ospina, de quien se dice que es lo mejor que ha dado Colombia en los últimos tiempos.
Necrópolis es de esas novelas en las que el lector tiene algo que esperar constantemente: no sólo el desenlace del extraño congreso, sino las peripecias de las vidas de los personajes, personajes tan bien definidos e inolvidables como Gunard, el ajedrecista que se viste de mujer en sus momentos de soledad, como Sabina Vedovelli, la actriz porno.  Hay una columna vertebral –el congreso y lo que vive en él el escritor—y una serie de historias laterales tan poderosas, que  uno no añora ni se impacienta para que el narrador regrese a la columna vertebral. El estilo se va acrisolando a medida que avanza, al principio es hosco, agresivo, vulgar, luego va moderando su agresividad y se va volviendo íntimo, entrañable. Deliciosa novela. Lo digo sin pudor y admito la sonsería del lugar común. Los ritmos y los tonos de las diversas historias varían, hasta llegar a una especie de paroxismo vital, en el relato de la estrella del cine porno, que lleva una vida desastrosa, acelerada y vil, que sin embargo resulta interesante no tanto por las peripecias de su existencia sino por la forma en que cuenta sus avatares, con una naturalidad tal, que uno puede llegar a pensar que aquel fornicar incesante, el drogarse, el humillarse, es una profesión tan digna como la de una monjita o una vendedora de libros a domicilio. Sorprende, de nuevo, el conocimiento de este mundo, que muestra el autor. Básicamente impresiona en esta novela el dominio de escenarios tan diversos como Villavicencio en Colombia, Israel en tiempo de guerra, París bohemio, Europa oriental.
Gamboa no es un estilista como García Márquez, sino un noqueador, un rudo, que se gana la atención del lector a golpes, sin sutilezas ni fintas artísticas, su Necrópolis no se lee, se devora (y de nuevo no pido disculpas por el lugar común).  Tras leer su obra entiendo por qué los exquisitos de Bogotá la calificaron como una de las peores del año. Ellos buscaba imágenes poéticas, metáforas, alambicamientos: lo que obtuvieron fue puñetazos en la nariz, realidad potenciada al extremo.
A Gamboa le ha sucedido lo que le ha sucedido a más de veinte escritores colombianos, incluso a quien esto escribe: que lo promocionan como el más posible sucesor del trono que Gabo ha dejado vacante desde que se retiró de la vida activa. No me parece que llegue a tanto: es un buen narrador, pero un estilista más bien flojo. Con respecto a otro que se anuncia como el nuevo García Márquez, Evelio Rosero, me parece más imporbable que llegue a la altura del Nobel. Después de su novela premiada en Tusquets publicó una novela bastante intrascendente. Otro que la publicidad quiere forzar como gran escritor es el autor de El ruido de las cosas al caer.Este autor me parece de un calibre bastante menor y por más que sea inflado por Alfaguara y por Fuentes, no creo que llegue a escribir una obra memorable.

Eduardo García Aguilar habla de Garramuño

SAMEDI 13 AVRIL 2019 LAS AVENTURAS LITERARIAS DE AGUILERA GARRAMUÑO  Por Eduardo García Aguilar La Universidad Veracruzana ...