No me atrevo a ser ese ser antipático y
solipsista que Thomas Mann pinta. El hombre presa del demonio de la creación, que está siempre
trabajando durante días y años, siempre obsesionado y preocupado por su obra,
¿será alguna vez un hombre agradable? Confieso que cambié un par de palabras en
esta traducción de Doctor Faustus. Me parece ocioso explicar por qué. Hace
más de cuarenta años estudié alemán en la Universidad del Valle y aunque no
practico la traducción y ni siquiera el idioma, me siento autorizado para
arreglar el párrafo, más por la intuición que me da el oficio y los años de
literato que por auténtico conocimiento fundamentado. La idea de los cóagulos
narrativos y su simetría con lo que he llamado redes neuronales, me impulsa a
asociar libremente. Eso estoy haciendo. Cada idea nueva, cada desarrollo que
emprendo, es como una especie de nuevo inicio.Eso es lo que guía mi trabajo actualmente.
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