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viernes, 1 de marzo de 2013

Guillermo Vega Zaragoza: sobre Historia de todas las cosas


AGUILERA GARRAMUÑO: EL PODER DE LA INVENCIÓN
 Marco Tulio Aguilera Garramuño, Historia de todas las cosas, Trama Editorial Madrid y Educación y Cultura, México, 2011, 515 pp.
 Por Guillermo Vega Zaragoza.
 Publicado con autorización de Revista Universidad Nacional de México

Así como se sigue considerando que todos los escritores mexicanos son hijos de Pedro Páramo, para muchos es casi ley que todos los escritores colombianos sean hijos de Aureliano Buendía. Pero en el caso de Marco Tulio Aguilera Garramuño (Bogotá, Colombia, 1949) no era para menos. En 1975, cuando sólo tenía 24 años, tuvo el infortunio de que su primera novela, Breve historia de todas las cosas la promoviera Ediciones de La Flor como que era mejor que Cien años de soledad y que Marco Tulio era un escritor mejor que Gabriel García Márquez pero sin bigote. Las coincidencias eran muchas (sin contar el hecho de que ambas fueron publicadas originalmente por editoriales argentinas): la historia de un pueblo y de sus pintorescos habitantes, el ánimo voraz de la novela total y una narrativa exuberante como la selva misma.
Sin embargo, en ese entonces muchos lectores se fueron con la finta. Ahora sabemos que Aguilera Garramuño no era ni es, ni por cerca, un seguidor del “realismo mágico”. Así lo demostraríacon su vasta obra posterior, que incluye más de treinta libros, los cuales han recibido diversos premios y reconocimientos, entre los que destaca el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí por sus célebres Cuentos para después de hacer el amor.
En el caso de su primera novela, se trató más bien de un ejercicio de parodia, pleno de humor, que se desdoblaba en una crítica más puntual a la idiosincrasia de los pueblos latinoamericanos, retratando sus lacras, infortunios y desatinos, pero pocos parecieron entender el chiste.Uno de los pocos que apreciaron con justeza la apuesta fue ni más ni menos que Seymour Menton, quien señaló en La novela colombiana. Planetas y satélites (FCE, 2007): “Breve historia de todas las cosases una especie de parodia deCien años de soledad, que se distingue de su modelo por el tono predominantemente humorístico y por su afiliación con la novela autoconsciente, o sea la novela estilo Rayuela que comenta su propio proceso creativo”. Luego de hacer un análisis comparativo puntual y detallado entre las dos obras, Menton concluye: “Aunque no tenga las dimensiones universales y trascendentes deCien años de soledad, la novela de Aguilera Garramuño es de mayor magnitud que todos los otros satélites macondinos de la última década”.
Pero treinta y seis años después, Aguilera Garramuño decidió trabajar de nuevo sobre esa primitivaexperiencia. Ahora la ha rebautizado comoHistoria de todas las cosas que es —y no esal mismo tiempo—una versión corregida y aumentada de aquella primera incursión novelística. Lo es porque conserva gran parte de las anécdotas que tienen como escenario el poblado imaginario de San Isidro de El General, ubicado en Costa Rica, y aparece la galería de personajes ya conocidos, una inacabable corte de los milagros que ya poblaba las páginas de la alucinante narración original.
Y no lo es porque, ya desde el título, el autor ha decidido hincar aún más sus sardónicos dientes. Ya no se trata de una “breve historia”: se trata de “La historia” de todas las cosas. Ha llenado huecos, ha introducido nuevos personajes, ha replanteado escenas y descripciones, la ha aumentado hasta sobrepasar las 500 páginas, proponiendo al lector una experiencia literaria renovada. En efecto, esta reciente versión se lee de manera diferente y sobresalen en ella, ya sin tomar tanto en cuenta la impronta macondiana, los mejores artilugios con los que siempre ha contado el autor, como lo ha demostrado en otras novelas comoMujeres amadas, Las noches de Ventura, La pequeña maestra de violín y La hermosa vida.
A la manera de Rabelais, en Historia de todas las cosas Aguilera Garramuño ha realizado“una obra basada en la risa que degrada, corporiza y vulgariza ante la imposibilidad de llegar a la verdad con certeza”, como ha dicho Diógenes Fajardo, a propósito de Gargantúa y Pantagruel. En el mismo sentido, Mijaíl Bajtin ha señalado que Rabelais rechazó los moldes literarios de su tiempo“mucho más categóricamente que Shakespeare o Cervantes, quienes se limitaron a evitar los cánones clásicos más o menos estrechos de su época”. En Rabelais, dice Bajtín, “no hay dogmatismo, autoridad ni formalidad unilateral”. Las imágenes rabelesianas son “decididamente hostiles a toda perfección definitiva, a toda estabilidad, a toda formalidad limitada, a toda operación o decisión circunscritas al dominio del pensamiento y la concepción del mundo”.
Así Aguilera Garramuño en este libro desternillante, libérrimo, totalmente disfrutable. Como Rabelais, se ha resistido a ajustarse a los cánones y reglas del arte literario dominantes, tal cual lo señala el propio narrador de la novela: “Tengo, amigos, el derecho de inventar lo que se me de la gana. Fácil, en la tramoya literaria todo se puede, hasta lo que no se puede. El que quiera oír o leer, que oiga o lea, y el que no, que ponga a enfriar sus pelotas. En lo que escribo, señor orate, soy rey soberano, dios y el mundo se callan.”

jueves, 20 de diciembre de 2012

GARRAMUÑO REGRESA A COLOMBIA


Publicado originalmente en Diario de Xalapa
Cecilia Moreno Botello[i]
Huberto Batis y MT en la caverna del glorioso director de Sàbado de Unomàsuno
El escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño regresa a Colombia después de 35 años, después de haber publicado 30 libros en Argentina, Colombia, México y España; después de haber recibido más de 30 premios literarios entre los cuales están varios latinoamericanos de cuento y varios internacionales de novela; después de haber sido finalista del Premio Alfaguara en España y en el de Radio Francia Internacional de París; después de haber recibido los Premios nacionales de Cuento y De Cuento Infantil del Instituto de Bellas Artes de México; después de ser nombrado Creador Artístico y Creador con Trayectoria del Estado de Veracruz, donde actualmente reside y donde es académico de carrera de la Universidad Veracruzana y ex director de la revista científica  La ciencia y el hombre.
En la actual visita a Bogotá, Cali y Neiva, Garramuño –como se lo llama desde el éxito literario de su novela  Breve historia de todas las cosas en Buenos Aires a la temprana edad de 24 años—cumplió con varios objetivos: asistió como invitado a la entrega en Neiva del Premio de la Bienal Internacional de Novela José Eustasio Rivera, del cual fue presidente del jurado y ganador de la primera versión de ese concurso en 1988.
También presentó su novela Historia de todas las cosas en el Gimnasio Moderno de Bogotá y en la Biblioteca Departamental de Cali. La obra, publicada  en co edición de Educación y Cultura de México y Trama Editorial de Madrid, una voluminosa novela de 515 páginas, se agotó en tres meses y recibió crítica extraordinariamente elogiosa en muchos países. Autores y críticos no midieron sus elogios: se dijo que estaba a la altura de las mejores novelas en lengua castellana, que pronto sería un clásico, que inauguraba la “nueva picaresca latinoamericana” y que “Garramuño podría hacer un boom él solito”. La revista  Newsweek en español  destacó la obra de Garramuño en la portada en noviembre de 2011 con el siguiente título: “Historia de todas las cosas la nueva gran novela hispanoamericana”.
Garramuño dictó conferencias y dirigió talleres en las universidades Nacional y Central.  Y, finalmente, entró en contacto con editores colombianos para publicar los libros que actualmente no están en el mercado colombiano: las novelas  Agua clara en el Alto Amazonas, Historia de todas las cosas  y El amor y la muerte.  También los libros inéditos  El rinoceronte enamorado,  libro de cuentos infantiles, y la novela inédita  El sentido de la melancolía, novela-tratado sobre la depresión. Garramuño, fue homenajeado por la Asociación de Escritores del Valle del Cauca, fue entrevistado por el diario El Espectador y Radio Nacional de Colombia le dedicó un programa. El autor, un escritor máster en plena producción, es lo que se llama un escritor mediático: tiene tres blogs en los que se pueden documentar sus actividades:  http://www.mistercolombias.blogspot.com , http://wwwmisterkolombias.blogspot.com y http://www.misterkolombias.blogspot.com
Calificado como uno de los más brillantes escritores latinoamericanos de su generación, también ha sido caracterizado como “maestro del cuento erótico”, en cuyo género ha publicado Cuentos para antes de hacer el amor, Cuentos para después de hacer el amor, Mujeres amadas (los tres publicados por Plaza y Janés de Colombia). Inédita en Colombia tiene una saga novelística del tamaño de  En busca del tiempo perdido:  incluye Las noches de Ventura, La hermosa Vida  y La pequeña maestra de violín (ya publicados) y otras tres novelas inéditas.
Los escritores vallecaucanos hicieron un homenaje a Garramuño en la casa de campo Barú, de Armando Barona, y el escritor Gustavo Alvarez Gardeazábal organizó un almuerzo en su honor en su finca El Porce, en Tuluá.



[i]  Subdirector de la Editorial Educación y Cultura de México y Gerenta de publicidad de la empresa.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Roberto Burgos Cantor presenta Historia de todas las cosas

POR CORTESÍA DE LA REVISTA CORÓNICA REPRODUZCO UN VIDEO FILMADO EN EL GIMNASIO MODERNO DE BOGOTÁ Y UNA ENTREVISTA EN AUDIO QUE ME HIZO STANISLAUS BHOR


El pasado 15 de noviembre en el Gimnasio Moderno de Bogotá, Roberto Burgos Cantor presentó la novela del escritor colombiano Marco Tulio Aguilera Garramuño reeditada por Trama editorial (Madrid) y Ediciones de Educación y Cultura (México) en 2011. La novela narra la vida en un pueblo de Centro América llamado San Isidro de El General con un lenguaje exhaustivo que la pone en la tradición literaria hispánica, iniciada en Don Quijote de la Mancha y reivindicada por los novelistas latinoamericanos de los años 60s. Fue publicada en Argentina en 1975 por Ediciones de la flor bajo el título Breve historia de todas las cosas.  En el siguiente link podrá escuchar las palabras de Roberto Burgos y después una entrevista que hizo Stanislaus Bhor a MT.

http://www.revistacoronica.com/2012/11/roberto-burgos-cantor-presenta-historia.html

viernes, 16 de noviembre de 2012

Stanislaus Bhor comenta Historia de todas las cosas en El Espectador

Historia de todas las cosas, Thesaurus 
http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2012/11/11/historia-de-todas-las-cosas-thesaurus/

Marco Tulio Aguilera. Crédito: 3.bp.blogspot.com/

Stanislaus Bhor (*)

También William Faulkner soñaba con reescribir las novelas que más trabajo le costaron, como los amos quieren al gato calicó de la camada y regalan los lindos: El ruido y la furia fue reescrita cuatro veces antes de ser publicada. Sartoris, primera entrega de la saga dedicada al clan Sartoris y al clan Snopes del condado de Yoknapataupha tuvo que ser reducida a dos de tres partes para ser impresa, pero solo después de la muerte del autor un editor decidió ofrecerla como Faulkner quiso: completa y bajo el título Banderas sobre el polvo. Hoy es una de las grandes novelas que complementan el mundo de Faulkner. Borges, picado por la misma fijación, era más irresponsable y reescribía sus poemas al dictado: cambiaba palabras y permutaba los versos. Laurence Sterne añadía dos cuadernillos más cada tres años a su historia imposible que tarda dos libros en narrar un nacimiento. Del gremio de reescribidores, solo Cervantes y Flaubert lograron superar las primeras partes y versiones de un texto. En Latinoamérica, Reinaldo Arenas figuraba como el gran reescribidor de obras (ver la atrabiliaria Antes que anochezca vs la exacta El color de el verano) pero desde 2011 (con menos tragedia) se le suma Marco Tulio Aguilera a la lista de los que han conseguido reescribir sus novelas, decenios mediante, y han logrado mejorarla.

A partir de la llegada de un negro a San Isidro de El General (que será encarcelado por la disposición legal que prohíbe el color de la esclavitud, la fealdad, los chinos y extranjeros) se encontrará en la prisión con un escritor (Mateo Albán) quien, condenado a una larga pena, se dedica a escribir la historia del pueblo a través de lo que le cuenta cada reo y de lo que puede ver desde el ventanuco de su celda mientras imagina y tergiversa sus propios recuerdos.
La historia dentro de la Historia de todas las cosas (mise en abyme) es la vida cotidiana: la de las gentes y orígenes y costumbres y secretos a voces de un pueblo de Costa Rica y la de las circunstancias de la narración y el origen de los personajes desaforados que desfilan por ella. La novela dentro de la novela se va escribiendo y distribuyendo por entregas y en cuadernillos, y es leída y comentada y criticada por los demás presidiarios. La narración despliega así varios niveles y temas, en un solo estilo: crónica de situaciones, anecdotario local, opiniones públicas y privadas del narrador, descripción de los personajes, momentos históricos que determinan la vida del pueblo desde la fundación hasta la llegada del progreso a través de la construcción de la autopista Panamericana.
En un primer nivel, esta novela resulta un Thesaurus del cuerpo humano y de los oficios: palabras antiguas y desusadas, neologismos y vocablos inventados tanto para magnificar con la grandeza del idioma como para parodiar al mundo que describe. Es una narración desbordante en figuras retóricas. Las que deciden el estilo son las hipálages (“amistad intravenosa”, “virgen intonsa”, “instrumento maullador”) el hipérbaton para convocar la retórica del siglo de oro (“y que los hacían perder la continencia, risallorar o abandonar el calafate por la vía retrógrada. Palabra de Dios.”), la metonimia homérica para caracterizar personajes al elevar un defecto en lugar del todo (La De Los Pesados Senos, El Lengua de Perro, El Poeta Gordo, El Villamuelino, Clementina La Más Fina), las metáforas impías (“tranca de fortaleza medieval”, en lugar de miembro viril, “indigestiones fetales” por abortos) y arrebatos poéticos (“como el discurrir de un río que no vemos avanzar pero cuyo estruendo de aguas sin embargo escuchamos”).
En otro nivel, es un catálogo de caracteres y personalidades y fisonomías y anécdotas catastrales (el capítulo más bello -a mi juicio una pieza perfecta de fisonomista- se titula “Óleo de cuatro doncellas y un villano” y describe los caracteres de cuatro hermanas hermosas; el más conmovedor tal vez sea El cementerio de elefantes). En otro se enumera y se parodia el linaje de los ciudadanos ilustres; en otro, la raza de los desposeídos y la ralea de los marginales (ver Baruch Geldsteinberg Hohensolen y las vírgenes impúberes). En muchos hay guías de paisaje y escenas de la vida cotidiana (La primera carretera, la construcción del aeropuerto y del hotel, Monumentos, El volcán y las cobijas del diablo). En otros la historia oficial del lugar es tergiversada para que no concuerde con la realidad (ver Primer suceso, Andante con moto suzuki). En otros se hacen disquisiciones lingüísticas para explicar el vocabulario (ver El Poeta Gordo y los profesionales).
En un plano superior, Historia de todas las cosas es una novela sin límites, de vocación anárquica, que no persigue líneas narrativas, ni desarrolla tramas cruzadas. Su argumento es el proceso de redacción de la propia novela. Cada capítulo comienza y acaba en su extensión. Por eso puede empezar a ser leída por cualquier fragmento, y por ello el lector puede retroceder o avanzar a saltos sin cargos de conciencia.
Una primera versión publicada hace 37 años fue aplastada por la grandeza de un género que embaucaba incautos y que los críticos denominaron “Realismo Mágico”. El autor volvió dos veces sobre la novela, no para enmendarla y deshacerse del lastre, sino para aumentar, acotar y pulir sus detalles. Así, según podemos leer en los escolios que interrumpen la narración y las escenas descabelladas para comentar los cambios, el autor integró al corpus narrativo su propia crítica y las respuestas posibles que ofrece el narrador a esas críticas en un estupendo juego retórico. También son comentadas las enmiendas y los vacíos y los olvidos de la juventud con meditaciones de madurez de autor, y las digresiones sobre el estilo y sobre los límites de la creación literaria adelantan teorías estéticas que se convierte en manifiesto de intenciones. La novela aspira a contener varios mundos: el de la fabulación, el de la realidad tergiversada y el de la teoría de la novela. Contiene algo mejor: una respuesta soberbia a los posibles detractores de la reescritura y del estilo y del pastiche, tal como las integró Cervantes al Quijote. Marco Tulio Aguilera, en su madurez, ha devuelto una estructura sin límites, con una abierta disposición paródica de la narrativa latinoamericana. Y el resultado es notable: la novela mejoró y se devoró a sus primeros críticos.
El acervo lingüístico revela a los precursores de este tipo de narración: el siglo de oro de la literatura española (Cervantes y Quevedo), la filosofía hedonista y vitalista (Nietzsche y presocráticos), el boom, la lengua vernácula de América Latina y la herencia Hispánica. El tiempo histórico de la novela se desdobla y oscila entre los años 40 y los años 70 del siglo XX (de fondo están Vietnam, la dictadura de Somoza, la explosión de la bomba atómica, la publicación de las primeras obras del boom). Aquí me gustaría aventurar una parentela hipotética: sus afinidades estéticas están entre Flann O’brien, Henry Fielding y Milorad Pavić. Otros dirán que los precursores son: Sterne, Joyce. Los más desconfiados: Cabrera Infante, Carpentier, Fernando del Paso. El autor, sin negar la genealogía, dice: Cervantes, Pirandello y García Márquez.
El valor fundamental de Historia de todas las cosas está en la sonoridad del fraseo, en el linaje de la prosa y en la desmesura barroca. En términos estéticos, el barroco ocurre cuando la obra (libro, cuadro o catedral) está tan recargada de ornamento que amenaza con colapsar la estructura. Algunos autores del esplendor de la novela latinoamericana (Asturias, Mutis, Carpentier) defendían en barroquismo como la única forma de designar verbalmente el portento del mundo americano: su paisaje exuberante e innominado, el eclecticismo de las tradiciones, la abundancia de mitos fundacionales, la diversidad de palabras que se entrelazaron en el encuentro de los mundos. Los académicos redujeron esa intuición creativa a esta expresión castradora: “Realismo Mágico”. Los mercaderes de la literatura lo convirtieron en una denominación de origen de la escritura latinoamericana, creando un clan de lectores adeptos, especializaciones enfermizas (entre académicos) y vocaciones frustradas (entre escritores). Hoy solo perdura un rechazo generalizado entre escritores para no ser encasillado en esa gaveta. Sin embargo, años han corrido desde 1975 cuando Breve historia de todas las cosas fue saludada con objeciones por su relación con la obra cumbre del aquel género de academias: Cien años de soledad. Con la perspectiva del tiempo (desde el punto de vista de un lector que no está empantanado ni familiarizado ni sofocado ni prevenido en el género), hoy se pueden apreciar más diferencias sustanciales que semejanzas entre esta novela y la de García Márquez. La influencia de García Márquez no es aquí un lastre: el hecho de que el narrador se sirva de ella con cinismo y la convierta en un pretexto para la parodia y el goce lingüístico, guarda las distancias. Si hubiera algo que señalar, en descargo de la versión definitiva de Historia de todas las cosas, es que en la novela fundacional de América, con la que se le ha comparado, no hay negros, pero aquí sí. Luego, que hay humor (sarcástico, grotesco, disparatado) y que toda la literatura que convoque al Dios del humor en este santuario de solemnes se hace necesaria. Luego, que la anarquía feliz de su estructura permite el descanso entre capítulo y capítulo (sorprende que no se hace farragosa, pese a su extensión desquiciada). Luego, habría que añadir que su lenguaje aspira a las nieves perpetuas del idioma (el que nos dio España y que refinaron los ancestros de América), y que la grandeza de una lengua, desusada y desperdiciada por tantos escritores, es aquí revitalizada por un estilo eficaz. Solo por uno de esos logros merecía ser reeditada.
Historia de todas las cosas, Marco Tulio Aguilera Garramuño, Trama Editorial (Madrid) Ediciones de Educación y Cultura (México) 2011.
—————————————————-(*) Bloguero. Escribe cada semana en http://unahogueraparaqueardagoya.blogspot,com

viernes, 6 de abril de 2012

LO QUE SE DICE


Extractos de notas de prensa y revistas sobre Historia de todas las cosas (Educación y Cultura, México; Trama Editorial, Madrid).
“Si uno lee con detenimiento las obras anteriores  de García Márquez, se da cuenta que son portentosos ensayos para llegar a su obra maestra. Dentro del resto, hay libros que apenas se sostienen. La obra de Aguilera Garramuño es más sólida, más innovadora, menos repetitiva que la de su compatriota. Su Historia de todas las cosas  es una novela espléndida” (www.reneavilesfabila.com.mx).
René Avilés Fabila, La Crónica, México

“Aguilera Garramuño en Historia de todas las cosas  ha creado un libro desternillante, libérrimo, totalmente disfrutable que no es comparable con  Cien años de soledad pero que no necesita la comparación”.

Guillermo Vega Zaragoza, Revista de la Universidad Nacional

“Así como Cervantes parodió las novelas de caballerías, Garramuño parodió el realismo mágico y creó lo que no dudo en llamar un clásico de la picaresca contemporánea en lengua castellana”

Enrique Pimentel, en la presentación en Puebla

“Sin lugar a duda, el lenguaje en Historia de todas las cosas juega un papel fundamental. Garramuño concibe una lengua ampulosa, atrevida, pulcra, culta, que aguijonea los sentidos, que reta la inteligencia, con el propósito de construir un mundo de gracia extrema. Un lenguaje que arriesga e incorpora en grandes dosis el humor”.

Guillermo Samperio, en la presentación en el FCE, en el DF 
“Aventuro la opinión de que  Historia de todas las cosas  en menos de cinco años será considerada un clásico, a la altura de lo mejor que se ha escrito en lengua castellana”
Héctor D’Alessandro, Presentación en Barcelona
 “Terminar la lectura de una novela y sentir deseos de tomarla de nuevo, extrañar sus personajes, comprobar la necesidad de llamar al autor para agradecerle, quizás sean tres de los “síntomas” que nos avisan que hemos leído algo fuera de serie. Y si pasan los días y sentimos igual, entonces uno se atreve a firmar, definitivamente, que ha leído algo fuera de serie”.
Félix Luis Viera, revista Otrolunes, Berlín
“Fiel a su afición por los excesos, Marco Tulio Aguilera Garramuño nos ha asestado, en las quinientas y tantas páginas su nueva Historia de todas las cosas, más que una novela, un tumulto de fabulaciones, personajes y palabras. Muy especialmente de palabras que surgen, germinan, se desbordan, se reinventan, se multiplican con la ferocidad con que crecen la selva y los deseos. De alguna manera, eso que Marco Tulio cuenta es no tanto la historia de su mítico San Isidro de El General, sino cosas que sucedieron allí, en ese espacio que le debemos y le agradecemos. Marco Tulio ha creado una gran novela”.
Felipe Garrido, Presidente Adjunto de la Real Academia de la Lengua en México, Durante la presentación en Puebla
Historia de todas las cosas no sólo me gustó, me encantó, me llenó de alegría, me hizo reír a carcajadas, me puso a imaginar San Isidro de El General, como pueblo, como espacio narrativo. Es una novela maravillosa, extraordinaria, lo mejor que ha producido Colombia después de Cien años de soledad
Lirian Marulanda, Cultura en Veracruz
Historia de todas las cosas es una larga crónica de un pueblo llamado San Isidro de El General. Al contrario de la mayoría de novelas de largo aliento, sustentadas en una historia principal que sirve como centro a escenas y anécdotas incidentales que refuerzan los papeles protagónicos, la obra de Aguilera Garramuño no apuesta a una línea ininterrumpida que pueda seguirse con facilidad. El lector se enfrenta, página a página, a un feroz entramado de personajes, acciones, historias que terminan y dan paso a otras que se ramifican como las ramas de un árbol”
Alejandro  Badillo, El Devorador de Libros, Puebla

viernes, 25 de noviembre de 2011

Todo sobre Historia de todas las cosas

Todo lo que dijo D'Alessandro sobre Historia de todas las cosas

La fiesta de Aguilera Garramuño (Sobre Historia de todas las cosas, novela de Marco Tulio Aguilera Garramuño, coeditada por Trama Editorial de España y Ediciones de Educación y Cultura de México, en Agosto 2011)
Héctor D’Alessandro*
‎Tras terminar Historia de todas las cosas, novela de Marco Tulio Aguilera Garramuño, hubiera querido exclamar como Gracián al leer a Marcial, que las Musas al acabar de leer su obra no pudieron poner “Finis”, sino “Fenix”, puesto que lo que deseé infinitamente fue que continuara la fiesta de la lectura. Este libro fue publicado cuando su autor, nacido en Bogotá, tenía 26 años de edad, nada menos que uno de los números de Dios. A Marco Tulio lo conocí hace casi un año en la república de Internet y en setiembre en persona en Barcelona. Un hombre tranquilo e inteligente con una mesurada y humorística distancia respecto de su estereofónica imagen a través de los medios; un hombre además generoso intelectualmente y entusiasta.
La biografía de esta novela me llevaría muchas cuartillas y recomiendo a los entusiastas que lean el libro de ensayos Poéticas y obsesiones, del mismo autor, donde narra la génesis de su novela. (“La novela: seda entre las manos”.)

Breve historia de todas las cosas, que así se tituló esta obra en su primera edición de los años setenta, ha perdido aquello de breve que parecería irónico. La novela actual es enorme, gigante, grandota, mamotrética. Y sobre todo desfachatada y exuberante; que fueron los dos primeros adjetivos que me vinieron a las mientes nada más comenzar a leerla y continuaban acosándome muchas páginas más tarde. Pertenece a la tradición, por su prosa, de Cervantes y Quevedo, y por la exageración hiperbólica de los gestos y acciones de sus personajes, a la del doctor Rabelais.

Como hablar sale gratis, algunos han dicho que se parece a Cien años de soledad, y es posible entender la razón de tal comparación, incluso decir, como se dijo, que era una parodia de aquella novela, y es cierto también que esta novela se parece a sí misma más que a otras, es única y original en tanto no se le puede comparar con ninguna otra novela que haya leído.

El pueblo que le da contexto a la acción y cuya historia se narra a través de sus personajes que se antojan infinitos e inagotables, llamado San Isidro de El General de la Quebrada de los Chanchos, también llamado en la novela una suerte de “Aquítequedas” y “el culo del mundo”, es un pueblo realmente existente en la república de Costa Rica, de la cual Marco Tulio debe ser ya por lo menos ciudadano más que ilustre.

El sistema de comparaciones, alusiones e imaginería, que los franceses nos enseñaron a distinguir para desasnarnos acerca de la catadura del narrador, marca el mapa del territorio literario y es festivo y diferente y sobre todo lleno de alusiones cultas a la tradición literaria universal.

Hay una “mar océana” de comparaciones jocundas, vitales, preindustriales, pueblerinas y jugosas por todo el orbe de la novela, como puede haberlas en Cien años de soledad, sólo que en la obra de Gabo son solemnes, y en las de Marco Tulio, supremamente graciosas y felices: hay “un calor que multiplicaba la imagen” (¿cómo no lo va a haber?), hay la “pestilencia a orín de coneja en el sobaco del Vladimiro que alborotaba a las niñas”. Hay incluso la exageración de chiste de que algunas personas ante la duplicación de los objetos por el calor a cierta hora del día “no sabían por cuál puerta entrar en sus casas”, hay un violinista que asesina a todos los pájaros de alrededor con sus prácticas del instrumento musical, hay un negro que despierta de un sueño profético con un objeto en sus manos que lo conducirá a su propósito en esta vida, hay monjas de malos hábitos que salen volando y que parecen aletear con sus manos burlándose de la candidez de Remedios la bella, hay una especie de iluminado que hace cantar a la naturaleza vegetal y que habla con Dios como por teléfono, hay un tal Benjuil Mnemjián que haría palidecer al Blacamán de Gabo, hay compositores famosos que interpretan violines Peugeot y trompetistas que hacen sonar trompetas de oro que anuncian el nuevo mundo, hay gringos escapados de Viet Nam y gran cantidad de putas, unas muy sofisticadas (la “Sietecolores” y otras de una vulgaridad escalofriante, por ejemplo), hay prostíbulos de rubias auténticas y rubias falsas y hay prostíbulos de burras finas y muy educadas… y hay tantas cosas, personajes, situaciones, que uno no puede evitar pensar en el aleph de Borges, pero ampliado, hasta la respetable cantidad de 515 páginas. 515 páginas que se antojan breves. No sé quién dijo que las buenas novelas, cuando son largas, parecen breves. Y las malas novelas, cuando son breves, se hacen eternas.

Todo lo anterior, ese maremágnum de situaciones y personajes bizarros y muy queribles, se encuentran en medio de un arbolado de alusiones a las más diversas tradiciones, que al lector culto le hacen disfrutar y relamerse: Pepe Kardon, el escéptico, un personaje, un vagazo que se la pasa en el parque, cuando acaba con algo, no es con cualquier cosa sino con “el porvenir de una ilusión”. Una cierta dama es, en alusión a la poemática homérica, la “de los pesados senos”. Hay un “desierto de amor y un marmuerto de poesía”. Y hay en todo esto un juego constante y sistemático que es lo más inteligente de la novela a mi entender: el modelo que escoge Marco Tulio para entroncar su novela con una tradición y el modelo que escoge para situar su territorio imaginario en una tradición imaginaria colectiva. El uso acertado de la alusión a las grandes obras de las tradiciones filosóficas Occidental y no Occidental para abaratarlas, para devolverlas a la tierra, al barro, revolcarlas un poquito entre el pueblo, demuestra que el propósito de esta novela no es un poco más de turismo folclórico en las vidas de unos seres extraños sino ir más allá e inscribir conscientemente a la novela en una tradición de la Gran Novela del Mundo. Y en este sentido ganó la partida. Joyce dijo que había escrito unas novelas fáciles para buscarse un sitio y una complicadísima para tener a los profesores y a la crítica ocupados durante centenares de años. Marco Tulio comenzó a la visconversa: hizo primero la obra difícil y luego las fáciles. Por eso García Márquez le profetizó que nunca volvería a escribir a este nivel. Y es justamente a esto donde nos lleva la novela: a un gran nivel.

Y el punto más alto de la misma es un aspecto que la emparenta con Guillermo Cabrera Infante de manera mucho más conexa que con cualquier otra tradición. Su deseo voluntario y llevado a cabo con éxito de jugar con las palabras y con las frases, sobre todo las frases hechas, esa especie de taras del lenguaje y conducirlas por el derrotero juguetón que a Marco Tulio le dio la gana.

Es esta una novela donde se inventan palabras todo el tiempo. Desde el bautismal “frenápteros” con el que se advoca a los seres de mente alada y los “frenólitos”, seres de pensamiento petrificado, hasta los “saúdes” seres hechos exclusivamente para el amor, pasando por un bestiario personal que conforma todo un nuevo universo personal, curiosamente al alcance de cualquier buen lector. Este eje conceptual estará en función mientras dura la novela. Milan Kundera, para crear personajes e ideas filosóficas que sustenten a sus narraciones busca en lo “denso” y lo “leve” en Nietzsche, Marco Tulio, como latinoamericano, lo inventa todo, incluso los conceptos desconocidos hasta ese momento en que sustentar su creación. Imagino a un personaje de su pueblo de novela, situado en un mundo circunferencial en el cual el culo está en todas partes y el ojete en ninguna, diciendo o declarando que “Aquí no necesitamos a ningún Nietzsche”. (Lo ven, ya se me contagió, esto es lo que pasa con las novelas oníricas, rimbombantes, espectaculares y lúdicas, que se le meten a uno entre las sinapsis como un virus y se ponen a andar solitas.)

Pero, ¡alto! Sigan porque hay mas invenciones, hay “trascendenteadicto”, hay “intelectontos”, hay una mujer “espectaculear”, un “latrocínico”, hay “intelectontos”, “nariztotélicos” y acontecimientos “tempestivos”.

Y no acaba ahí, va mucho más allá, porque entre otras joyas, hay también la destrucción calibrada del sinsentido común, puesto que hay un “vulgar hierro frustrado”, hay un “fructuosa mente”.

Y no acaba aquí la magia de esta extraordinaria novela inventada por un estudiante universitario porque se aburría en clase de filosofía, no les cuento más para que lo investiguen ustedes y disfruten como yo lo hice sorprendido.

El camino de la novela nunca es recto, está lleno de bifurcaciones sin jardín y con flora, que en el momento menos pensado alude a elementos que dejan de ser metafóricos y por obra del grande ingenio de Marco Tulio, pasan a ser “meta(ysaca) fóricos”.

Algo para leer y no dormir, para cultivar un buen y productivo insomnio, para quedarse asombrado como ese personaje medio nerudiano adaptado a la convivencia en San Isidro de los “grandes ojos fijos de pescado frito”.

Por último y para que no digan que no soy serio, Historia de todas las cosas a diferencia de Cien años de soledad, tiene una perspectiva o propósito moral radicalmente distinto: al acabar la novela uno se queda con un buen sabor de boca, no queda aquella sensación bíblica de condena del mito de García Márquez sino que abrimos la puerta a un mundo de esperanza, de belleza, de dificultades y, de un modo significativo, de colaboración entusiasta en la incompleta obra de Dios.



· Héctor D'Alessandro

Escritor uruguayo residente en Barcelona, coach de Programación Neurolingüística. Autor de El Cucaracho y otros cuentos http://psicocuantico.blogspot.com/


 

martes, 13 de septiembre de 2011

Cuando los parias de Viet Nam llegaron a San Isidro de El General (fragmento de Historia de todas las cosas)

37. 101 ST. Airborne División, Screaming Eagles.
 Malone, encargado del mantenimiento de las máquinas, estuvo en San Isidro varios años. No pudo hacerse amigo de ninguno de los demás norteamericanos que a su vez parecían despreciarlo. Y es que, en verdad, se le veía diferente, con sus gastados sombreros de lona, sus overoles flojos y su mirada de vaca paciente. Y a pesar de la calma que parecía emanar de su persona, era colérico e irascible a grados a veces peligrosos. No aceptaba que ningún peón le dirigiera la palabra sin responderle con un grito incomprensible. Su carácter cambió, sin embargo, en cuanto su familia se instaló en el pueblo. Alquiló una casa en el Barrio del Prado, y, con la ayuda de cien abonos y una paciencia de benedictino, logró producir gran cantidad de flores. Sus hijos asistieron al Liceo Unesco y esparcieron la fiebre del juego de caníbales llamado fútbol americano.

Johnny no se movió del Motel El Prado. Allí tenía todo lo que deseaba, una cancha de básquet, una piscina olímpica, mujeres para el amor y para la guerra, sus amigos y la edición de lujo del Quijote de Garnier Hermanos con ilustraciones de Gustavo Doré. Su relación con Estrella Fernández no duró más allá de quince días. Ella no estuvo de acuerdo con la filosofía de que el cuerpo humano se había hecho para exprimirle hasta el último gramo de placer. Más tarde cayó en la trampa urdida por Renato e Epaminondas Pedernera, pero no se entregó por lujuria o interés, sino por curiosidad y por ganarle la partida a Sol.

Mortimer tenía ojos de eterno trasnochado. Y no porque tomara excesivamente, o porque tuviera visitas nocturnas extremosas, o porque trabajara demasiado, sino simplemente porque no dormía. Y no dormía por la sencilla razón de que todavía no alcanzaba a comprender cómo había llegado a ese lejano pueblo, tan lejos de Nueva York, cuando lo suyo era la vida alborotada del Barrio Chino y las amistades peligrosas. Como era ingeniero sanitario, trabajó en los servicios de agua y drenaje de la ciudad de la gran manzana, con tal dedicación y honradez, que fue despedido al poco tiempo. Eso decía. Y estando sentado en el Central Park leyó en un anuncio que solicitaban un especialista. La Ralenger, Ropino and Rashville no fue muy minuciosa al elegirlo. Rotenhook estaba al frente de la oficina de admisiones y ni siquiera le pidió el título, recomendaciones de antiguos patrones o certificados de buena salud. Le hizo dos o tres preguntas y después le dijo:

—Here is your plane ticket. We leave friday.

Después de salir de la oficina se acordó que ni siquiera había preguntado cuál era el sitio de trabajo. Miró el tiquete de avión y leyó: 2d CLS-1WY-KEN-SJO.

Glen Phlegm, decepcionado porque los Cuerpos de Paz lo rechazaron, decidió unirse a la compañía, y su guía espiritual, casi su madre, el guru Marajuya, debió quedarse en San Francisco esperando sus diez dólares semanales. Fue una separación difícil, pero Glen estaba decidido a conocer el mundo. En realidad no le prometieron un cargo específico. En su solicitud se aclaraba que tenía experiencia en topografía (en realidad lo único que había hecho, hacía muchos años, era sostener una regla grande para que un topógrafo pudiera tomar las medidas pertinentes) y amplios conocimientos sobre política internacional, con especialidad en problemas latinoamericanos.

El caso de Hope fue mucho más radical. Le decían el gringo triste porque se embriagaba en el Prado y lloraba acompañado por una maestra, una colegiala o una prostituta de precio razonable, no importaba el rostro o la apariencia, con tal de que estuviera dispuesta a escuchar sus experiencias en la guerra: primero volábamos sobre la población fumigando para que no picaran los insectos a nuestros paracaidistas, luego bombardeábamos durante el tiempo que fuera necesario hasta asegurarnos de haber eliminado los focos de resistencia, lanzábamos de nuevo insecticida, esta vez para que la piel se les fuera escurriendo, no a los insectos sino a los amarillos. Esperábamos otras dos horas hasta que el viento disipara nuestra arma secreta y finalmente nosotros, los Screaming Eagles, las Águilas Gritonas del 101st Airborne División, descendíamos suavemente entre los gritos jubilosos de los lindos y agradecidos amarillos sobrevivienrtes que nos aclamaban como sus salvadores.

Y después de hablar, con su español casi perfecto, Hope caía en crisis, gritaba que quería volver a su país pero no podía. Luego hablaba en inglés y algún idioma de chinos y parecía estar declamando un largo poema.

Cuando Roternhook estaba en sus cabales y todavía conservaba su dosis de autoridad de cabeza visible de la Compañía, arrastraba a Hope hasta su canbina y lo molía a patadas, contaba Alisio, el enterrador, mesero y maratonista. ¿La razón? No se supo.

Hope se cortó las venas con los vidrios de una botella de whisky y se ahorcó con un cinturón que tenía un alto relieve de la bandera de Estados Unidos. En las paredes de su cabina se encontraron pintadas en grandes letras de sangre las siguientes palabras:


viernes, 11 de marzo de 2011

UN FRAGMENTO DE LA HISTORIA DE TODAS LAS COSAS

Como quizás alguien sepa, este año saldrá publicada mi novela Historia de todas las cosas por la heroica editorial Educación y Cultura, de mi amigo Ricardo Moreno Botello. . De las 580 páginas que consta, he sacado esta brevísima historia.

30 y medio. Historia de Samuel inventor del samueleo

Para cumplir lo prometido he aquí la historia del más popular y visitado villano de San Isidro:
Samuel fue un zambo pernicioso que acostumbraba contemplar a la madre de Robustiano, a la que, con poco sentido del tacto se apodó Madrecoño en uno de los primeros cuadernillos —desaparecido ya saben cómo— cuando se estaba desocupando por sus intersticios y se hallaba muy entretenido en esa labor, cuando ella, que conocía ser objeto de éxtasis y abominaba de la exhibición de sus maduras grasas y de la degustación de sus intestinales aromas, introdujo una fulminante aguja de tejer por el agujero y lo destituyó del mundo al momento, al y al instante e isofacto, porque no sólo le admisionó el ojo, sino la materia gris, con orificio de salida por transcráneo y occipucio, interesándole la cabeza superior de la médula espinal.
Los muchachos de San Isidro de El General le rinden culto practicando sus rituales desde la temprana edad de diez años y se encomiendan a todos los santos antes de aplicar sus sensibles ojos al misterio del abismo, no vaya a ser que les toque idéntico y cruel destino.
Fin.

sábado, 5 de marzo de 2011

NUEVO BLOG DE MARCO TULIO AGUILERA

Para asomarse a una ventana de la casa de Marco Tulio Aguilera
Debido a que mi blog Descabezadero ya tiene más de 500 entradas he decidido abrir este segundo blog sin tener definidas sus polìticas o su nombre. He subido el siguiente artículo, ya publicado en el otro blag, nada más para poner un pie en la luna. Mi descabezadero original, abierto hace año y medio, ya tiene casi 30 000 visitas. Veremos qué sucede con éste. A quienes piensan que gasto o pierdo mucho tiempo en mis blogs les digo esto: casi nunca escribo para los blogs, simplemente descargo trabajo que hago para mi obra, noticias y reseñas que se hacen de mi trabajo, mis diarios, y reproduzco textos que me parecen interesantes.

LA NOVELA QUE PRETENDIÓ OPACAR A CIEN AÑOS DE SOLEDAD
Se anuncia en Barcelona la edición de la Historia de todas las cosas de Marco T. Aguilera

Treinta y seis años después de su primera edición en Buenos Aires, vuelve a ser publicada la novela que pretendió competir en calidad e importancia con Cien años de soledad.  La escribió un joven colombiano de 24 años, que ha cargado injustamente con el estigma de ser un imitador de Gabriel García Márquez. La publicó Ediciones La Flor, del prestigioso editor Daniel Divinsky en 1975, quien se atrevió a escribir las siguientes palabras en la contraportada: “Nos, los editores de este libro, declaramos al lector: 1. Que Aguilera Garramuño no es un seudónimo utilizado por García Márquez para escribir una novela más divertida que Cien años de soledad. Aguilera Garramuño es el de la fotografía y, como se verá, no tiene bigote. 2. Que Breve  historia de todas las cosas es la novela más imaginativa, loca, entretenida y rica que haya pasado en mucho tiempo por nuestras manos. 3. Que garantizamos al lector satisfacción completa. Caso contrario, se le devolverá el importe de su compra en la tienda principal de San Isidro de El General. 4. Que el mencionado pueblo San Isidro de El General no es Macondo, y su único parecido es que ambos sólo podrían estar en Colombia. 5. Que todos los comentarios bibliográficos de este libro van a relacionarlo con García Márquez, siendo esto una mentira: a nosotros nos gusta más Aguilera Garamuño. 6. Con todo lo dicho, ¿no le parece que vale la pena ver qué pasa?”
Efectivamente uno se pregunta qué pasó con esa novela presentada de forma tan insolente. Y esto fue lo que pasó: fue entregada por el autor a García Márquez en su propia mano, Gabo la recibió escéptico, y una semana más tarde llamó a Aguilera Garramuño para felicitarlo. “No creo que sea mejor que  Cien años de soledad, pero no le hace falta. Es una novela extraordinaria y original”. Muchos lectores autorizados pensaron lo mismo y otros, más bien pocos, acusaron a la obra de ser un subproducto del realismo mágico. La edición argentina se vendió bien pero no de la manera copiosa que esperaba el editor, en parte porque Argentina por esos días estaba hundida en la peor crisis de su existencia y gobernada por la feroz tiranía de los militares. Salió una segunda edición de 25 000 ejemplares en Plaza y Janés de Colombia.  Y ahí terminó la carrera de esa novela, que si bien no fue olvidada por la crítica y los lectores, sí fue relegada por su autor, que se dedicó a sobrevivir en Estados Unidos, Colombia y México y que comenzó a publicar otros libros que tuvieron alguna repercusión pero que no llegaron a tener eco mundial. Lo más cerca que estuvo este autor de alcanzar una difusión mundial, fue cuando, en el año 2000, fue finalista del Concurso Alfaguara con su novela El amor y la muerte, concurso que ganara Elena Poniatowska.  La editorial, para evitar comparaciones, ocultó el hecho de que la novela de Aguilera Garramuño había sido finalista. Pero la crítica de muchos países resaltó el hecho y el mismo escritor levantó una polémica contra Alfaguara, afirmando lo que ya se sabe: que se premia lo que se vende, no la calidad, y que ese concurso estaba amañado. Aguilera Garramuño, urguido por una pulsión narrativa y un poder literario que han reconocido críticos de muchos países, a lo largo de los años ha publicado libros que se han transformado en clásicos. Por ejemplo  Cuentos para después de hacer el amor,  que a la fecha lleva 16 ediciones y  El pollo que no quiso ser gallo,  cuentos infantiles, que ha vendido casi 50 000 ejemplares. Emprendió un proyecto del tamaño de  En busca del tiempo perdido, constituido por cinco novelas, de las cuales lleva cinco publicadas:  Mujeres amadas, Las noches de Ventura, La pequeña maestra de violín, La hermosa vida  y una inédita,  El sentido de la melancolía. En la memoria de los lectores queda, sin embargo, la primera novela,  Breve historia de todas las cosas, que fue considerada por Seymour Menton como lo más cercano que se haya escrito a  Cien años de soledad ; se recuerda que esa obra entró en la historia de la literatura latinoamericana exaltada en libros de John Brushwood, Seymour Menton, Raymond Williams, Anderson Imbert  y en artículos publicados en medios literarios de muchos países. La  Estafeta Literaria de Madrid le dedicó una página, y Germán Vargas,  uno de los siete sabios de  Cien años de soledad, destacó su gozosacalidad, así como lo hicieron cien o más críticos. Y aun así el autor decidió dejar relegada esa novela y dedicarse a demostrar que no es, de ninguna manera, una sombra del célebre Gabo. Como dato curioso hay que anotar que años después el filósofo norteamericano Ken Wilbur publicó un libro con el mismo título. Y como dato aun más curioso hay que apuntar que un escritor español publicó, 15 años después de la publicación de  Cuentos para después de hacer el amor,  un libro con el mismo título.
 Pues bien: 36 años después de la publicación de  Breve historia de todas las cosas, una pequeña y prestigiosa editorial de la provincia mexicana llamada Educación y Cultura, publicará una novela que se llama  Historia de todas las cosas.  Es la misma vieja novela, alimentada con la sabiduría narrativa acumulada a lo largo de los años, pero con 220 páginas más. Y ahora sí Aguilera Garramuño afirma que va a demostrar que lo que dijo su editor original, si no era verdad entonces, sí lo es ahora. Si alguien tiene curiosidad por conocer a este extraño escritor colombiano que se ha atrevido a mirar del sol de frente, puede visitar su blog www.mistercolombias.blogspot.com  Y finalmente una noticia: Aguilera Garramuño estará el 5 de octubre dictando una conferencia sobre su obra en la Biblioteca Bòbila de L’ Hospitalet de Llobregat.  En la siguiente dirección se podrá hallar información sobre la novela del autor y la conferencia en Barcelona.

Eduardo García Aguilar habla de Garramuño

SAMEDI 13 AVRIL 2019 LAS AVENTURAS LITERARIAS DE AGUILERA GARRAMUÑO  Por Eduardo García Aguilar La Universidad Veracruzana ...