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sábado, 9 de febrero de 2013

Decálogo del escritor escrito por Monterroso

Y pirateado de Pro Davinci... sorry

Decálogo del escritor, por Augusto Monterroso

Por Prodavinci | 7 de Febrero, 2013
monterroso textoPrimero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: “En literatura no hay nada escrito”.
Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.
Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.
Prodavinci 

Comentarios (1)

Lorena 
7 de Febrero, 2013
Octavo.“Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.”Este no lo entiendo muy bien, ¿será un sarcasmo?.No soy escritora, pero me desagrada este consejito

lunes, 17 de septiembre de 2012

FERNANDO TASCENDE ESCRIBE


Con motivo de una reseña algo agresiva de Fernando Tascende a una de mis novelas, he buscado en internet datos sobre él. Sólo encontré otras reseñas y esta breve nota, ya bastante vieja, sobre Monterroso...

Augusto Monterroso, el pequeño gran escritor y actual Premio Príncipe de Asturias, recibió en pasados días el homenaje, un reconocimiento, una medalla conmemorativa, elogios sin medida de sus colegas escritores y académicos y leyó ante un auditorio entusiasta, algunos de sus ensayos personales. Todo ello sucedió en Xalapa, México, a fines de noviembre y fue organizado por la Universidad Veracruzana, cuyo actual rector, Víctor Arredondo, se ha caracterizado por emprender grandes obras, planes muy interesantes de reformar la Universidad Veracruzana y el obvio deseo de reelegirse para terminar sus proyectos (el más ambicioso es el llamado "Campus de la Cultura y las Artes", que incluye una de las bibliotecas más grandes de Latinoamérica, enormes extensiones verdes, canchas de todo tipo, un gimnasio monumental, lagos y cigüeñas surcando el paisaje).
Monterroso, que ha hecho de la brevedad y la modestia  sonreía levemente ante el alud de elogios y no pudo evitar la creación de una especie de aforismo, cuando Sergio Pitol (que se ha convertido en el trapito de dar brillo a todos los escritores famositos que llegan a Xalapa) lo llamó "uno de los escritores más grandes de la lengua" y "un clásico viviente". Dijo Monterroso: "Avancé algo de un temor que me estaba invadiendo: el que empiezo a creer los elogios que me dicen mis amigos en estas ocasiones". Luego, al leer uno de sus ensayos sobre la vanidad de los escritores señaló que sólo hay un elogio que pueda satisfacer a un escritor: que es el más grande que haya existido desde el principio de los tiempos.
Jorge Ruffinelli, Margo Glantz, Sealtiel Alatriste, el colombiano Hugo Chaparro y otros escritores y académicos leyeron textos sobre Monterroso, quien los escuchaba con rubor y de vez en cuando escribía en una servilleta y bebía un trago de agua para apurar tanto adjetivo. Cuando le tocó el turno de hablar, Monterroso engarzó sentencia tras sentencia: "Cuando comenzaba a escribir leí a algunos latinos que recomendaban la brevedad y la concisión. Creí en Gracián cuando dijo: Lo bueno, si breve, dos veces bueno... La brevedad es un ideal que puede llevar al fracaso...El famoso dinosaurio (Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí) me hizo famoso, pero también me perjudicó. Algunos lectores suponen que fue lo único que escribí... El escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir largos textos.
Los ensayos personales que leyó, uno dedicado a Horacio Quiroga, otro a la fuga de cerebros y un tercero a la poesía quechua, hicieron revivir en los asistentes la magia auténtica que tiene la palabra, cuando la inteligencia y el talento se aplica a ellos. Particularmente el dedicado la la fuga de cerebros fue una demostración valiente y perfectamente lógica de que los lugares comunes (por ejemplo la lamentación de "los países en vías de desarrollo" por la fuga de las inteligencias más destacadas) generalmente están basados en imbecilidades que la mayoría de "los pensantes" aceptan.
¿Qué pasa con los cerebros que no se fugan?, se preguntó. Terminan aplastados por la mediocridad municipal, por la envidia y la pequeñez. No hay mejor cerebro que un cerebro fugado, es una demostración de que en nuestros países no se producen sólo bananos. Es mejor exportar cerebros que mano de obra, que explotados, que miseria. Un cerebro latinoamericano puesto en Europa o en Estados Unidos, hace mejor labor diplomática -y más barata- que los ociosos agregados culturales que cobran fortunas y no hacen nada sino engordar y volverse cada vez más inútiles.
Las anteriores ideas, la personalidad agradable, sin prensiones y la disposición a aceptar homenajes, medallas, discursos, cenas y acosos de lectores, fueron notas destacadas de la presencia de este escritor, que fue calificado por el editor de Herralde :"Augusto Monterroso, nuestro pequeño rey, ahora Príncipe de Asturias".
Por lo pronto debió quedar bastante satisfecho, pues Sergio Pitol le enrostró un par de elogios que asumió con casta: "uno de los escritores más grandes de la lengua" y "un clásico viviente". Monterroso estuvo a punto de vivir in cold blood uno de sus propios ingenios. No le dijeron que era el escritor más grande de todos los tiempos, pero faltó poco para ello.

Eduardo García Aguilar habla de Garramuño

SAMEDI 13 AVRIL 2019 LAS AVENTURAS LITERARIAS DE AGUILERA GARRAMUÑO  Por Eduardo García Aguilar La Universidad Veracruzana ...