La azafata del vuelo de
Avianca tiene el cantadito cansino y mimado de la actriz paisa de la telenovela
Sin tetas no hay paraíso. Después de un breve sueño en el avión rubo a Bogotá terminé de leer En
el lejero de Evelio Rosero. Un aire de desventura absoluta, un
aire de alta y solitaria montaña, un aire de muerte recorre la novela que es
sin embargo de una belleza aletargante. Colombia, lo más ferozmente
inconcebible de Colombia, está allí. Un infierno en las altas montañas donde los
chacales humanos mantienen secuestrados y encadenados a cientos de personas por
años y años hasta que sus parientes paguen. O hasta que se mueran. Entonces
arrojan los cadáveres al abismo, en el lejero. Ahora entiendo la respuesta de Rosero a un
periodista que le estaba tomando fotos: ¿Por qué no sonríe nunca? Porque no
tengo nada por qué reírme, respondió. Y pienso que es verdad. Los que
verdaderamente saben lo que sucedió y sigue sucediendo en Colombia no tienen
razones para sonreír. Abandoné el libro de Vila-Matas, El mal de Montano por éste: hay en el del
catalán una ironía superior, erudita, sofisticada, insufrible: el protagonista,
alter ego de VM, sufre del mal de la literatura: todo lo vive en términos
literarios. Vive como en la Caverna de Platón.
Cuando el avión alzó el vuelo en Veracruz musité el Padre Nuestro.
Cuando el avión alzó el vuelo en el DF
recé en silencio el Ave María. ¿Crees en Dios?, me preguntó LL. No sé,
le respondí. Pero cuando estabas en el hueco rezabas hasta el rosario, comentó. Ayer hizo un examen despiadado de mi
personalidad: siempre estas usando la misma máscara, siempre repites lo mismo:
que eres sincero, que dices siempre la verdad, que todos te persiguen, que eres
un marginado, que nadie te quiere. Yo le porfié: No es cierto: yo no tengo
máscara, no oculto nada, no tengo miedo a mi inconsciente. No tengo máscara: mi
cara es mi máscara. Soy transparente. Mi conciencia es mi inconsciente. Eso es lo que crees, concluyó con su habitual aire irrefutable. ¡Como siempre!
Vistas de página en total
Mostrando entradas con la etiqueta Rosero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rosero. Mostrar todas las entradas
sábado, 3 de noviembre de 2012
viernes, 6 de abril de 2012
LA CARROZA DE BOLÍVAR
Nota de lectura de La
carroza de Bolívar
Antes de leer La carroza de Bolivar , de Evelio Rosero, los lectores colombianos habían asistido a un gran chisporroteo publicitario en torno a la obra de este colombiano que comenzó a despertar interés a partir del premio Tusquets . Mucha publicidad, primer lugar de ventas durante varios meses en Colombia, grandes elogios. También indignación por la forma en que desmitificaba a Bolívar a partir de los rencores que el pueblo pastuso guarda por las masacres de ese pueblo que fue realista y defensor del rey. Independientemente de si Bolívar fue todo lo que protesta el protagonista de la novela de Rosero –embaucador, vanidoso, violador de doncellas impúberes, traidor, ambicioso- lo que destaco es la calidad de una novela que se lee con fruición. Que los héroes todos tienen pies de barro y cola que les pisen, no lo dudo. No conozco las fuentes en las que abrevó Rosero para sustentar las tesis del protagonista de La carroza de Bolívar. Carezco de autoridad para juzgar su solidez. Lo que sí destaco es una obra estremecedora, con personajes profundamente encantadores –Primavera, Fátima, el mismo Bolívar, Justo Pastor Proceso-. La descripción de la masacre de Pasto es memorable. Con un pulso narrativo sereno y preciso, sin nerviosismo, Rosero afronta un tema tabú en Colombia. La novela ha cosechado tanto la admiración de muchos buenos lectores, como las rechiflas y los insultos de los adoradores del Bolívar oficial, al punto que en la presentación de la obra en Pasto, un hombre le gritó: ¡Viva Bolívar, hijueputa! Grito no inusual en Colombia, país de extremistas. No olvido que en Medellín un sicario quiso matarme porque yo había dictado una conferencia demasiado optimista en medio de una ciudad que estaba en el filo de la navaja (eso dijo en un correo electrónico que me mandó. Y además agregó “No te maté, animal, porque me compadecí de tu esposa. Tan linda, parece una actriz mexicana de los años veintes. Me cayó bien”).
Antes de leer La carroza de Bolivar , de Evelio Rosero, los lectores colombianos habían asistido a un gran chisporroteo publicitario en torno a la obra de este colombiano que comenzó a despertar interés a partir del premio Tusquets . Mucha publicidad, primer lugar de ventas durante varios meses en Colombia, grandes elogios. También indignación por la forma en que desmitificaba a Bolívar a partir de los rencores que el pueblo pastuso guarda por las masacres de ese pueblo que fue realista y defensor del rey. Independientemente de si Bolívar fue todo lo que protesta el protagonista de la novela de Rosero –embaucador, vanidoso, violador de doncellas impúberes, traidor, ambicioso- lo que destaco es la calidad de una novela que se lee con fruición. Que los héroes todos tienen pies de barro y cola que les pisen, no lo dudo. No conozco las fuentes en las que abrevó Rosero para sustentar las tesis del protagonista de La carroza de Bolívar. Carezco de autoridad para juzgar su solidez. Lo que sí destaco es una obra estremecedora, con personajes profundamente encantadores –Primavera, Fátima, el mismo Bolívar, Justo Pastor Proceso-. La descripción de la masacre de Pasto es memorable. Con un pulso narrativo sereno y preciso, sin nerviosismo, Rosero afronta un tema tabú en Colombia. La novela ha cosechado tanto la admiración de muchos buenos lectores, como las rechiflas y los insultos de los adoradores del Bolívar oficial, al punto que en la presentación de la obra en Pasto, un hombre le gritó: ¡Viva Bolívar, hijueputa! Grito no inusual en Colombia, país de extremistas. No olvido que en Medellín un sicario quiso matarme porque yo había dictado una conferencia demasiado optimista en medio de una ciudad que estaba en el filo de la navaja (eso dijo en un correo electrónico que me mandó. Y además agregó “No te maté, animal, porque me compadecí de tu esposa. Tan linda, parece una actriz mexicana de los años veintes. Me cayó bien”).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Eduardo García Aguilar habla de Garramuño
SAMEDI 13 AVRIL 2019 LAS AVENTURAS LITERARIAS DE AGUILERA GARRAMUÑO Por Eduardo García Aguilar La Universidad Veracruzana ...
-
Marco T. Aguilera Garramuño Toda novela auténtica es un misterio, un enigma que debe ser resuelto, un problema al que se le busca solució...
-
Marco Tulio ensaya su harakiri (En la foto: MT recién levantado y bañado se sienta a meditar sobre las posibles consecuencias del siguient...
-
Muy pronto se celebrará en Neiva, capital de tierra caliente de Colombia, el 13 aniversario del Concurso de Novela más importante de este p...