Un error hizo que en lugar de regresar a Bogotá hoy por
la mañana, me viera obligado –-luego entendería: gozosamente obligado—a
recorrer el Valle de Ubaté-Chiqinquirá, rodear la laguna de Fúqueme, conocer
Ubaté, Susa, Fúqueme (pueblo diminuto, de limpieza casi quirúrgica, entre
colinas serenas, donde dos policías barrían el parque), Chiquinquirá, comer trompa con papas criollas
en el mercado donde nos atendieron mujeres tatuadas que nos llamaban “mi amor”,
“príncipe”, “cariño”, “mi rey”.
Todos estos valles y montañas, plagados de sauces
llorones, robles, hayas, eucaliptos y mil otras especies, son de una belleza,
verde belleza, que no me atrevería a comparar con ningún otro territorio que
haya conocido. En nuestro recorrido hallamos que la mayoría de las haciendas
están solitarias o a veces apenas habitada por una anciana de botas de hule,
sombrero de ala ancha y pantalones. Hablé con una de ellas: le conté mi
tragedia –-la cadena de violencias que han asolado la vida, mi caída en
el infierno de la depresión, las ideas que tengo sobre mí y mi mujer—y me
atreví a preguntarle: ¿Qué hay al otro lado? Con los aires de quien tiene una
certeza apodíctica, inapelable y definitiva dijo: Al otro lado te van a dar lo
que diste a este lado.
Escribe Omar Rincón, crítico de televisión en El Tiempo:
Los colombianos estamos orgullosos de la belleza de nuestras mujeres: las
pregonamos como producto nacional, son nuestro lado digno: belleza, pasión,
sonrisa, conquista. Por eso, las reinas representan a esa Colombia que cree en
sí misima y listo, sólo éxitos. Las reinas son ícono de nuestra
identidad y punto.
Conversación con mi hermana:
--¿Qué te parecería una novela donde se cuente toda una
vida?
--Nadie la leería, sería muy larga. Sería como duplicar
una existencia: qué aburrimiento.
--Pero es que uno no contaría todo:
habría una edición minuciosa de los momentos fundamentales.
--¿De cuántas páginas?
--Digamos unas dos mil. Yo podría escribir una novela de
2000 páginas sin aburrir el lector.
--Falta que alguien quiera leerla.
--En realidad eso no importa. Lo importante es
escribirla.
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