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martes, 9 de agosto de 2011

Sally en el sauna (Erotismos canadienses III)


Yo estaría tendida en las tablas del sauna, que forman una especie de coliseo romano en torno a las piedras hirvientes a las que un momento antes había rociado con agua fría. El vapor cubriría por completo la visión y me entregaría a una especie de pequeña muerte, de desánimo, de desamor. Allí estaba sola, sin nadie en el mundo y mi cuerpo, siempre tan exigente, se hallaba solo, tan libre y tan triste. Había aflojado la toalla, que antes rodeaba mi cuerpo, cubriendo desde mi pecho hasta el feliz nacimiento de mi Teddy Bear. Ahora la suave tela sólo cubría la carne fresca, soy carne fresca para la vida, y si nadie me aprovecha, muy pronto comenzará la corrosión del tiempo, mi piel se tornará flácida, descolorida, aparecerán lunares, arrugas, manchas pardas, se amarillarán mis dientes y mis uñas. Levanté una de mis rodillas y dejé que la toalla se deslizara sobre mi piel y que cayera, casi cruel, sobre mis entrepiernas abandonadas, entre las cuales saltó hacia afuera, como un muñeco de sorpresa, mi clítoris. Ey, niño, qué haces ahí. Hice que una de mis manos bajara desde mi cuello sudoroso hasta mi pecho, donde descubrí un seno, en cuya cima hallé con sorpresa un pezón erecto, duro como una piedra de río. Oh, Dios, si en este momento entrara alguien al coliseo, me vería sin fuerzas para cubrir mi cuerpo, llena de una voluptuosidad que me inmoviliza. Sí, señores, las mujeres somos seres frágiles, delicados, que tenemos momentos de debilidad. Tenemos fisuras. Esa es nuestra debilidad y nuestra fuerza. Los hombres son todo fisuras. Los hombres (casi todos) son una debilidad hecha carne. Por eso somos más castas, más espirituales, pero cuando somos putas, somos más putas. Ay, esta debilidad que siento, esa dejazón, esta entrega al calor, esta derrota, me deja a la intemperie. Si alguien entrara no sabría qué hacer. La toalla se ha empapado con el vapor y pesa como una losa. La tiro a un lado, estoy desnuda como una rosa recién salida del botón: soy fresca, soy dulce, soy bella y perfumada, estoy como en medio de un sueño, a punto de desmayarme. Tiendo una mano y con enorme dificultad logro verter más agua sobre las piedras. Sólo el vapor me salvará de la indiscreción de ese personaje que tarde o temprano va a entrar. Todo se nubla, se hace blanco. Vuelvo a caer derrotada sobre las tablas. La mano que levanté cae sobre mis muslos y halla acomodo muy cerca de mi Teddy Bear. El canto de mi mano me parte en dos mitades y me roza como el arco a las cuerdas de un violín. Escucho un sonido. Es la puerta que se abre. No sé si es hombre o mujer, niño, joven o anciano. ¿Qué haré? No tengo fuerzas para levantarme como movida por un resorte, sentarme correctamente, cubrirme con la toalla y, cuando el vapor se disipe, sonreír discretamente o simplemente ignorar a quien acaba de entrar. Dejo que la vida siga su curso. Mi cabeza cae a un lado, siguiendo la dirección del cuerpo que adivino entre brumas. Es del género masculino,  no hay dudas, y corpulento, sin ser excesivo. Podría ser un joven atleta. De los que hacen diez millas todas las tardes y luego vienen a terminar de acabarse para dormir tranquilos, sin malos pensamientos. No puedo determinar si es joven o adulto. A medida que el vapor se disipa puedo verlo entre mis pestañas entrebiertas. En torno a la cintura tiene una toalla brevísima, que se abulta levemente en el instante en que se tiende sobre la madera, en el extremo más alejado de esta habitación maravillosamente pequeña. Voltea hacia la pared porque no quiere mirarme. Es un prepotente o un tímido. Suspira a fondo. Veo que me mira. Estoy tendida, desnuda, abierta, dispuesta. Qué esperas tontico. Ven acá, le digo, apenas murmurando. Mi mano se entierra levemente en mi Teddy Bear. Veo que el milagro comienza a realizarse. La toalla de mi hombre vive bajo su sexo poderoso, tiembla. El hombre no hace nada por ocultar su erección. ¿Quién hará el primer movimiento? No voy a ser yo. No puedo. Veo que se levanta, se despoja de la toalla y me amenaza con su falo como un puño listo a descargarse sobre mi inerme personita. Ven acá. Se acerca. Se pone a mi lado. Espera una sonrisa de aquiescencia. Se la doy. Coloca cada una de sus manos en cada una de mis rodillas, las abre, me mira como dudando y yo lanzo un gemido, ay, soy tan débil. Se arrepiente de su primer intención. Me da un leve beso en los labios y luego regresa a mis entrepiernas. Entierra ocho dedos de pesisita en mis labios más sensibles y los abre como si fueran cortinas. Da un solo lenguetazo largo y profundo que me cimbra de pies a cabeza. Mi cuerpo se arquea. Coloco mis dos manos sobre mis pechos como asiéndome al borde del abismo y me dejo ir. Luego separo una de mis manos y la coloco sobre la base de su pene y aprieto con todas las fuerzas que me quedan. A manera de respuesta el hombre entierra todo su rostro en mi osito, rodea mis nalgas con sus manos y hunde sus dedos en mi esfínter. Soy toda suya, me despeño, me desboco, me derramo. ¿Qué puedo hacer, si tengo fisuras, lados flacos? No lo conozco ni quiero conocerlo. Siento que todo el hombre palpita entre mis dedos y que comienza a deshacerse. Termina, se levanta, se coloca la toalla en la cintura y se va.



4. La encrucijada de Sally


Pero la verdad es que no suce

lunes, 8 de agosto de 2011

Erotismos canadienses (II)

2. La renuncia de Sally

¡Hola, escalador!
Gracias por tus palabras tan amables. Tú tienes la virtud de hacerme sentir bien, a la vez inteligente y femenina. Un buen amigo, sin duda! Estoy hasta las orejas de trabajo y a la expectativa de tener tiempo para escribirte más porquerías de las que te gustan. Eso será cuando la vida no sea este acelere, es decir, cuando regrese a Estados Unidos. Peter me ha llamado en los últimos días con bastante frecuencia y me pregunta qué ha sucedido conmigo y hemos tenido buenas y profundas conversaciones. Todavía estoy muy herida por su actitud y me siento muy alterada, pero entiendo que él también ha tenido que atravesar problemas muy graves tratando de deshacerse de su esposa y de la novia de su esposa. De modo que por el momento estamos en un nivel básicamente amistoso. Ya no pienso mucho sobre mi relación con él, ya no estoy obsesionada como antes. Le doy un gran valor a su amistad. Creo que lo que haré será esperar mi regreso a Estados Unidos a ver qué más pasa. Todavía estamos en el periodo de conocernos. Además estoy en una etapa de  major sex withdrawl, de auténtica renuncia al sexo... (Quizás tenga que usar  a Peter nada más para el fornicio y luego tirarlo a la basura...! Just kidding. Estaba bromeando. Mientras tanto el individuo que me llevó a escalar montañas es muy simpático, tiene un hermoso cuerpo... y me está coqueteando bastante. Iremos a escalar de nuevo este fin de semana y probablemente haremos camping en Cascade Mountain o en Mount Rundle...La saga continúa.
       Tengo una historia para ti: tuve la mejor noche de sueño desde que llegué a este montañoso lugar de artes. Me levanté y fui al gimnasio. Hice algunos abdominales, lagartijas y algo de pesas, me bañé y entré al sauna.  Era muy agradable estar allí adentro y yací en la larga banca de madera con las gran toalla blanca envolviendo mi cuerpo de diosa joven y un poquito pasada de peso.  No había nadie más y de pronto me descubrí a mí misma  con demasiado calor en el cuerpo y con una cachondez extraordinaria.  Cerré mis ojos e imaginé lo agradable que sería tener a Peter aquí conmigo (insisto en que estoy en un periodo de Abandono Mayor de Toda Actividad Sexual). Comencé a fantasear: imaginé a Peter lamiéndome todita, desde los dedos chiquitos, pasando por la copita del ombligo y los frutos de mi pecho y la rosa imperial de mi culito hasta la raíz del cabello, los huequitos de la nariz, de los oídos y de la brecha fundamental. Pensé cuan increíble sería sentirlo dentro de mí. Hace tanto tiempo que no tengo esa sensación! I just love the feeling of him slipping inside me when I haven't had it for a while!! Me encanta la sensación de sentir que él se está deslizando dentro de mí cuando no he podido tenerlo durante algún tiempo!! Eso basta para tirarme por la borda, para arrojarme al abismo!! Bueno, ya para entonces yo ya estaba bastante cansada, pero no me sentí lo suficientemente valiente para jugar conmigo misma en aquel lugar al que podría entrar una persona en cualquier instante. Tal vez no seguí adelante porque la única posibilidad de que entrara alguien sería la de que fuera una mujer. Si hubiera la posibilidad de que entrara un hombre, tal vez habría pasado lo siguiente:
      

viernes, 5 de agosto de 2011

Erotismos canadienses (I)

Al día de hoy he publicado 4 entradas de Erotismos Canadienses. Hoy comienzo a publicar este texto, incluido en El imperio de las mujeres (Editorial Educación y Cultura, México)
 
EL CORAZÓN DE UNA MUJER

 1. Sally y la montaña
 ¡Extrañísimo fin de semana! Me divertí mucho y como de costumbre estuve al borde de cumplir mis fantasías, pero también, como de costumbre (¡qué aburrimiento, qué virtuoso aburrimiento!) terminé durmiendo solita con mi oso de peluche Teddy Bear. Todo comenzó el viernes mientras estaba de barman en una fiesta muy funky que se celebró en Artes Visuales. Hubo una celebración especial con grandes personalidades en el campus...y adivina quién estaba allí. Geena Davies, la famosa estrella de cine, una dientona que ha sido pirata, amante lujuriosa y de todo en Hollywood. Me tocó servirle una cerveza Grashopper. Buena vibra la tipa, con una piel de lujo y una sencillez de cocinera tejana.
       El sábado convencí a uno de los compañeros que trabajan conmigo en RandR para que me acompañara a escalar montañas. Me dejé agarrar por el anzuelo! Es un deporte increíblemente divertido, aterrorizante pero inolvidable. Quien ha escalado una montaña difícil ya nunca será el mismo papanatas de antes. Uno se siente más o menos seguro porque tiene el arnés amarrado, pero el trabajo de estos arneses depende de los clavos enterrados en la roca arriba de ti y en la persona que está al pie de la montaña poniendo atención a lo que sucede. Y sin embargo la soga está allí solamente como un apoyo. Tú eres quien hace todo el trabajo: estás sola frente al abismo y de ti depende la vida y la muerte. Cuando llegas arriba y miras hacia abajo, te das cuenta que fue tu propia fuerza la que te llevó a la cima. Entonces uno mira alrededor, ve las otras montañas y piensa que tu hazaña es apenas un escalón y que te falta lo más difícil. Wow, es una sensación ma-ra-vi-llosa.
       Después de escalar fuimos a tomar cerveza y a comer. Había sido un día demasiado caliente y yo tuve el premio de la peor quemadura de mi vida. Luego fui a acampar por la noche en Kootenay Park, aproximadamente a dos horas de Banff. Fue un verdadero banquete salir del trabajo e irme lejos, sin compañeras de habitación, sin turistas, sin el deber de ir a nadar a la piscina o de sonreírle a los clientes. ¡Bravo! ¡A disfrutar de un paisaje alucinante, todo para mí!  Me senté al lado del fuego, tomé vino y gocé de las estrellas hasta que ya no pude tener más lo ojos abiertos. El domingo por la mañana amaneció fresco y con un poco de garúa, clima perfecto para las aguas termales cercanas. De regreso a casa me desvié dos veces. Entré en Pait Pots, una zona rica en hierro que ha hecho que la tierra y el agua del área adquieran un brillante tono naranja. La otra salida del camino fue a Marble Canyon, el Cañón de Mármol, un lugar espléndido, con brillantes cascadas azules serpenteando entre rocas que parecen de puro mármol.
       Volví a trabajar como cantinera anoche. Tenía la esperanza de volver a ver a Geena Davies, pero ella no apareció.  De todos modos fue agradable conocerla y poder hablar con ella.
       Pero, perdona. Supongo que a ti te interesan historias más interesantes que éstas. La verdad es que la única cosa en la que pude pensar este fin de semana fue en  ¡sexo! Estaba tan caliente, tan horny, que me sentía casi lista a saltar como una pantera sobre cualquier cosa de género masculino que apareciera en mi camino. Pero la verdad es que no lo hice. Me conoces. Lo que me domina son las fantasías. Soy una niña buena, eso es lo que me aburre de mí misma.
       Paul, el muchacho con el que fui a escalar, es muy simpático y guapo, pero no estoy realmente interesada en iniciar nada, especialmente porque me encuentro a punto de abandonar este lugar, quizás definitivamente. Además estoy realmente gun shy after Peter y sería muy duro instalarle cuernos a la menor provocación. Me siento muy herida. Solamente quiero conseguir un perro y decirles al diablo para siempre a los hombres. Me siento tan cansada de permitir que cualquier macho atractivo se acerque a mí, tan aburrida de entregarme a cambio de nada, de sentir que a los hombres sólo les  interesan unos cuantos centímetros de mi persona. Ahora me doy cuenta: lo  único que realmente he buscado en las relaciones, es amistad, personas con quienes disfrutar la vida. Un perro puede servir para eso y te dará amor sin más interés que unas croquetas Champion. Y mejor aun, el perro te mimará tanto como quieras. Eso me parece muy bien para mí. Eso puede bastarme. ¿O estaré diciendo mentiras y lo que necesito es el sabor de la semilla para sentirme verdaderamente irrigada? ¿Crees que soy simplemente una bestia sexual como tantas otras hembras fáciles que hay en el mundo? Una cosa sí te puedo decir con absoluta certeza: me siento más viva que cualquiera.
       Te hablaré más tarde.
       Todavía en una pieza, Sally

miércoles, 3 de agosto de 2011

La farsa de los concursos literarios


Marco Tulio ensaya su harakiri
(En la foto: MT recién levantado y bañado se sienta a meditar sobre las posibles consecuencias del siguiente articulo.)
Estoy convencido de que los concursos literarios, particularmente los que ofrecen las bolsas más jugosas (Planeta, Alfaguara...) son farsas de tipo comercial o político que poco tienen que ver con la calidad literaria. Esto lo sabe cualquiera, es un lugar común espantoso, pero vale la pena reflexionar sobre el tema. El hecho de que Vargas Llosa, García Márquez, Carlos Fuentes, Juan o Luis Goytisolo, sean miembros de un jurado no garantiza absolutamente nada. ¿Creen ustedes, queridos nueve lectores, que estos escritores con tanta farándula en torno a ellos, saquen tiempo para leer 500 o más manuscritos? ¡Nooo! Lo que sucede es lo siguiente: los organizadores del concurso contratan a un pequeño batallón de segundones, que a cambio de migajas leen, digamos, veinte o cincuenta libros cada uno . Y como a estos segundones lo que les interesa es el dinero, pues se despachan los libros como si estuvieran en un concurso de A Ver quién Come Más Hamburguesas en Dos Horas. La moda más recente de los grandes concursos es otorgarle los premios a escritores ya consagrados y afamados de su propia cuadra. Es decir, que publican en la misma editorial que los premia. La lista ya es larga: Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Fernando Savater. ¿Para qué van a querer Vargas Llosa, Cela, Fuentes o Savater un Premio Planeta o Alfaguara? Trataré de responder: 1. Para satisfacer el ansia insaciable de gloria que tienen (tenemos) casi todos los escritores, que somos más ególatras que los políticos (piensen en un político típico --evitemos nombres pues las paredes oyen--: el político típico quiere estar en todas las fotos, quiere que el pueblo le deba TODO a él, quiere aparecer como bondadoso, magnánimo, generoso (como si el dinero que invierte en carreteras y otras obras saliera de su propio bolsillo), el político típico no admite que nadie tome una iniciativa sin apropiársela, el político típico quiere que su rostro aparezca hasta en los sueños de sus gobernados): y así el escritor típico: no quiere ser un buen escritor sino quiere ser EL GRAN ESCRITOR, no quiere un premio sino que los quiere todos, no quiere que nadie lea los libros ajenos sino los propios). Fin. Segunda razón por la cual el escritor típico --ya afamado y con más dinero que Madonna-- pueda querer un premio Planeta o Alfaguara. 2. Para pagar favores concedidos: la editorial que concede el premio (y que generalmente es la que publica los libros del premiado) le dice al escritor famoso y/o consagrado: "Mira, majo, recuerda todo lo que hemos hecho por ti. Ahora solicitamos, de manera atenta, que, con seudónimo, claro, sabes que somos incorruptibles, si ganas es porque eres el mejor, eso lo sabes, participes en el concursito que estamos organizando. 150 000 dólares, 200 000 euros, esas pequeñeces e intrascendencias nunca sobran, majo, pórtate bien". Y ahí vemos a Vargas Llosa, Savater, Cela, presentando novelitas mediocres a concurso para satisfacer a sus editoriales y ganarse pirruñas de dinero. El resto de los geniales y modestos e ingenuos escritores que gastaron diez años de su vida en escribir sus obras maestras, ¡que se jodan, coño! La vida es dura. Eso lo sabe cualquiera. Ahora se preguntarán ustedes, queridos nueve lectores: ¿cómo es que Marco Tulio, que ha ganado X cantidad de concursos --al final pondré la lista completa de mis premios y la lista de los concusos en los que sido jurado, para que se sepa que yo no toco de oídas, sino que he estado metido en ese mundo y sé dónde es que la puerca tuerce el rabo-- se atreve a tirarle caca a las beneméritas instituciones que le han dado casa, coche, yacuzzi y algunos viajecitos? Pues muy sencillo, mis querido nueve lectores: los concursos me han permitido saltar trancas puestas por mediocres (los lectores de las editoriales, los dictaminadores, en general son segundones, envidiosos, que en lugar de promover la calidad literaria, la bloquean): si yo hubiera sido un humildito escritor que escribe sus obritas maestras de fin de semana y las manda a las editoriales a ver si por favor las publican, pues, amigos, yo seguiría siendo un modesto profesor de educación cívica y deportes en el Colegio Los Cedros de Líbano en Cali. Y no fue así: desde el puro inicio me dije: Yo no como cuento ni cago grueso: yo me voy por el camino corto: mandé uno de mis primeros cuentos al concurso de Cuento La Felguera España (al que llegan 800 o más cuentos de todo el mundo), y... casi lo gano. Fellé por un pelito. Y desde entonces me queda el vicio de saltarme las trancas ganando concursos literarios.
Veamos el otro aspecto de los concursos: los jurados. Lo repito: en general no leen los libros. Entre los concursos importantes en los que he sido jurado está el de novela "Jorge Isaacs", con miles de dólares de premio y miles pa los jurados, en Cali, en el que alterné a mis robustos treinta años, junto con José Donoso y Johnattan Tittler, de Cornell University. José, Pepe, ya para entonces era un hombre realista y así lo manifestó: "Yo quiero que se premie esta novela porque conviene a Chile que se publique un texto como éste ". El autor era, naturalmente, chileno. No acepté su propuesta. Discutimos, discutimos, discutimos. Yo quería premiar Las puertas del infierno de José Luis Dáz Granados (colombiano). Intervino en la discusión Gustavo Álvarez Gardeazábal, quien era coordinador del concurso. Dijo: "Pues si no pueden ponerse de acuerdo, dénle el premio a un tercera novela, y dos menciones con recomendación de publicación a la novela que propone Donoso y a Las puertas del infierno. Dicho y hecho. Otro concurso importante en el que participé como jurado fue el Latinoamericano de cuento de la revista Plural y Excélsior. He de decir que en este concurso premiamos lo mejor: un cuento de una calidad tan salida del lote, que fue inevitable otorgarle el premio. El autor, Óscar de la Borbolla, hasta la fecha sigue siendo de los más interesantes e ingeniosos de México. La descomposición de los famosos concursos del Instituto de Bellas Artes en México puede reflejarse en la siguiente anécdota. Fui jurado del Concurso de Libros de Cuentos San Luis Potosí hace unos quince años. Leí todos los libros, inocente MT. El Instituto me citó en el Sanborns del DF --cinco horas de viaje y dos días perdidos-- para las deliberaciones del jurado (no digo nombres porque podría equivocarme: el caso es que eran y son del club de millonarios de la literatura mexicana: han recibido todas las becas del mundo, todos los cargos, todos los viajes, han dirigido revistas, editoriales --como castigo divino han perdido el reino de los cielos de la literatura, etc). ¿Y saben cuántos miembros del jurado asistieron a las deliberaciones? Uno, el ínclito o infame MT. Le di el premio al libro de un joven talentoso: Ricardo Chávez Castañeda. Un tercer caso: el Premio nacional de Literatura de Colombia...(Pérenme. Lo dejo pa después).

(Regresé) En el Concurso Nacional de Literatura de Colombia fui jurado con Nicolás Suescún y Luis Fayad. Yo tenía una baraja de tres o cuatro posibles ganadores. Nada. Los otros miembros del jurado decidieron premiar un libro descaradamente malo y estúpido. Suescún era el promotor: no dudo que el ganador haya sido amigo de él. No sé si se repartieron el dinero. Fayad dijo descaradamente que no había leído los libros pero que apoyaba a Suescún. ¿Resultado? Ganó el pésimo libro de cuentos. ¿Qué hizo MT? Denunciar el hecho públicamente en una reunión con notables de la política y la literatura colombiana. Segundo resultado: los organizadores vetaron a MT y dieron instrucciones para que ningún medio de prensa se me acercara.
¿Me han ofrecido alguna vez un premio? Sí, me lo ofreció un organizador, que era a la vez jurado y amigo. Me preguntó en carta: ¿MT, quieres ser jurado o ganar el concurso? Le respondí: Quiero ganarme el concurso. Y lo gané. Fue el Premio "José Eustasio Rivera" de Neiva, Colombia. ¿Hubo trampa? Me atrevo a creer que no, pues los miembros del jurado eran tres, y mi amigo era sólo uno: él mismo. Supongo que al invitarme no quería hacer trampa, sino que confiaba en que yo podría ganarlo porque creía en mí.
En el Concurso de Novela Planeta-Joaquín Mortiz de México hace unos diez años hubo 10 finalistas, entre ellos Luis Arturo Ramos, Paco Ignacio Taibo II y MT. La ceremonia decisoria fue organizada con gran boato en un restaurante de lujo. Había conejitas de bellas dotes , una orquesta de cámara, las mejores viandas y vinos. Desde el principio se rumoraba que el premio ya estaba decidido y que el ganador sería Taibo. Así fue. Ganó con una novela que no leí pero que no trascendió sino en la cuenta bancaria del amigo Taibo. Asistí acompañado por mi esposa, quien a cada eliminatoria sufía un sobresalto. Eran demasiados pesos para dejarlos ir sin la correspondiente ansiedad. Yo no me emocionaba pues sabía cómo son esas cosas. Los jurados se encerraban media hora. Salían y decían: eliminado X, restan Y, Z y W. Creo que quedé eliminado a la sexta vuelta. Luis Arturo quedó en segundo lugar con una buena novela, La casa del ahorcado. Mi novela fue publicada años más tarde con un nombre en México y otro en Colombia. Planeta la publicó como Las noches de Ventura, Plaza y Janés la tituló Buenabestia. En México a esta práctica de arreglar un concurso se la llama "tamalear". El asunto del concurso estaba tamaleado.
Otro caso, en el que me gané la animadversión de gran parte del imperio Alfaguara. Participé el el Concurso de Novela de Alfaguara en España ( 150 000 dólares de premio)
hace varios años con mi novela El amor y la muerte. Días antes del fallo fui llamado al DF por la gerenta o algo así de la editorial en México. Me dijo --literal--: MT, eres uno de los dos finalistas de nuestro concurso. Quiero saber si estás dispuesto a afrontar todos los compromisos de un Premio Alfaguara: un año de viajes, presentaciones, conferencias, en treinta o cuarenta países. Sentí que la amaba y me dije: Qué mujer tan inteligente y tan ejecutiva. Le respondí: Claro que sí, toda mi vida me he preparado para esto. Entonces ella me dijo --literal--: ganes o pierdas a partir de ahora eres autor de Alfaguara: vamos a publicar todos tus nuevos libros y a reeditar los viejos. ¡Bravo!, me dije, y regresé a Xalapa a rumiar mi esperanza. Ah, se me olvidaba comentar: la señora me pidió que, si no ganaba, no difundiera el hecho de que yo había sido finalista. Permanecí en silencio. ¿Resultado? No gané. Ganó Elena Poniatowska --que es el poder cursi en México: Carlos Fuentes, Monsiváis, Pitol, etc. son amigos y solidarios y dueños de la opinión cultural en este país--. Leí la novela ganadora: me pareció espantosamente mala. Mala no es la palabra. Malísima. Les voy a dar una prueba: si el autor nativo de un país --como son todos los escritores no extraterrestres-- gana el premio Alfaguara o el Planeta, los comentaristas, periodistas y otros istas se lanzan sobre la novela, escriben mil artículos, aunque sea para deturparla. El caso es que sobre la Poni solo apareció en México un comentario muy diplomático Carlos Fuentes (casualmente autor de Alfaguara). También se publicó una nota en la revista Proceso defenestrando por completo a la magnífica obra. ¿Qué hice? ¿Me quedé callado? No. Dije lo que pensaba con todas sus palabras en diversos medios de prensa y en este blog. ¿Cumplió la gerenta de Alfaguara la promesa de publicar todas mis obras? No: publicaron El amor y la muerte en Colombia --con un modestísimo adelanto en dólares; la obra recibió abundantísima atención crítica (los artículos están en este blog, por ahí--, publicaron Cuentos para después de hacer el amor en Punto de Lectura México y España... y publicaron El pollo que no quiso ser gallo (en Alfaguara Infantil México y Colombia --a la fecha llevan vendidos 30 000 ejemplares solo en México). Y después ni siquiera han querido considerar mis nuevos manuscritos. La gerenta es la que, por medio de su asistente, me dice que no le interesan mis textos.
¿Soy insaciable? ¿Insaciable, terco e irremediable? Of course. Otro se habría dado por satifecho teniendo tres libros en Alfaguara.
Las anteriores son parte de mis experiencias en concursos. Para documentar que no estoy hablando sin elementos de juicio voy a incurrir en el inefable placer (ver Ortega y Gasset) de citar los premios que he ganado contra el sistema literario mundial... a pesar de que nunca me he quedado callado. Creo que es la Biblia la que dice: En este mundo nadie dice la verdad. Voy a ser conscientemente soberbio: yo sí digo la verdad; si no toda, parte de ella... que siempre debe haber un dato oculto para que el cuento tenga interés. Va la lista de premios, muy recomendable para envidiosos o maledicientes...
PREMIOS LITERARIOS
RECIBIDOS EN MEXICO
1. Premio en el Concurso Semanal de Cuentos de la "Revista Mexicana de la Cultura". Diario El Nacional en México, 1977 ( por "Historia de un Orificio").
2. Segundo Premio en el Concurso Internacional de Cuentos de La palabra y el hombre, 1979 (por "La piel más tersa").
3. Premio en el Concurso de Cuentos organizado por la Universidad Juárez del estado de Durango, 1979 (con "El Ritmo del Corazón").
4. Premio en el Concurso de Cuentos Bernal Díaz del Castillo, organizado en Coatzacoalcos, 1988 (por "La Dama de la Noche").
5. Premio Latinoamericano de Cuentos ofrecido por Plural y Excélsior, 1989, por "Los alivios del cuerpo".
6. Premio Nacional de Libros de Cuentos organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México y el estado de San Luis Potosí, 1990. (Con el libro Los Grandes y los Pequeños Amores).
7. Premio Nacional de Libros de Cuentos en Carmen, Campeche, México, 1993 con Las pasiones extrañas.
8. Premio Nacional de Libros de Cuentos en Campeche, Campeche.
9. Premio de Cuentos Ciudad de Xalapa con el texto "Las tablas crujientes", 1994.
10. Premio Nacional de Literatura Infantil "Juan de la Cabada", 1997, otorgado por el Instituto de Bellas Artes de México y el Gobierno del Estado de Campeche.
11. Premio Internacional de Cuento Gabriel García Márquez, 1999, concedido en México.
PREMIOS Y DISTINCIONES RECIBIDOS FUERA DE MEXICO
12. Primer y segundo premios en el Concurso de Cuentos de la Universidad Santiago de Cali, Colombia, l974.
13. Premio Nacional de Novela Aquileo J. Echeverría, otorgado por el Ministerio de Cultura de Costa Rica en 1975 (por Breve historia de todas las cosas).

14. Premio en el Concurso Sesquicentenario de la Universidad de Cauca, en Colombia, l979 (por "Archibold en Alaska").
15. Premio en la Primera Bienal de Novela José Eustasio Rivera, de Colombia, l988 (con la novela Venturas y desventuras de un frenáptero, hoy publicada bajo el título de Los placeres perdidos).
16. Premio Internacional de Ciencia Ficción (segundo premio) "Bogotá, una ciudad que sueña", en Colombia, 1997.
Finalista (sólo se incluyen los importantes)
Premio de Novela Planeta-Joaquín Mortiz en México.
Premio de Novela Alfaguara en España.
Premio Nacional de Novela Bellas Artes en México.

3 comentarios:

Sentenciero dijo...
Gracias, Marco Tulio, por escribir tan claramente lo que todos sabemos ya, pero que no hemos visto así de claro, de parte de un testigo de primera mano. Recientemente, no es difícil imaginarse que pasaron cosas de ese tipo en el Herralde y en el Radio France. Ni qué decir del Planeta y otros bodrios. Pero, como todo buen perdedor, seguiré intentado por los años que vengan...
Marco Tulio Aguilera dijo...
Increible la velocidad del internet. Un minuto después de publicar el Comentario sobre la corrupción de los grandes premios literarios ya tenía tu comentario. No dudo que en Radio Francia y Herralde pase lo mismo que en Planeta y Alfaguara. Adelante: hay que derrotarlos atacándolos por las grietas de su muralla... Siempre hay por ahí alguien honrado que saca la cara por la humanidad... Me gustaría conocer tu identidad... aunque creo que la adivino.
Marco Tulio Aguilera dijo...
Ya me enteré que eres tico y de apellido Barquero. Eché una mirada a tu blog: tienes un nuevo aficionado.Quiero poner tu blog entre mis favoritos pero ya se me olvidó cómo...

domingo, 31 de julio de 2011

El Señor de los Sueños. Una fábula

No le rinde cuentas a nadie. Es  caprichoso. Puede ser complaciente si está de buen humor o malvado  por llevarle la contraria a su propio estado de ánimo. A veces es ligeramente razonable y le da por sopesar los actos diurnos de los hombres. Entonces juega a las recompensas y castigos. Puede ser bondadoso -y se inclina a serlo- con los miserables. A un mendigo que duerme cobijado con periódicos, le puede suministrar sábanas de seda china y pieles de armiño. En asuntos de amor se inclina a favorecer a los solitarios o a los que tienen a sus amados muy lejos. Reparte noche a noche hombres magníficos a damas pesarosas y mujeres espléndidas a los más extravagantes engendros. No escatima. Al fin y al cabo tiene a su disposición todas las razas, todas las va- riedades, todos los sexos, todas las texturas de piel, todos los labios, todas las manos gentiles y amorosas. No existe nada que se le niegue. También puede ser un eximio torturador. A veces le basta una sombra para hacer delirar a un soñador, pero en ocasiones recurre a máquinas infernales. Puede hacer que un hombre, con toda frialdad, rebane sus dedos, sus manos, sus muñecas, sus brazos en delgadísimas tajadas con una cortadora de jamón. A veces, por simple descuido o capricho, reparte sueños equivocados. Convierte a un hombre sano y orgulloso de su virilidad, en una prostituta de lo más vulgar y vulnerable. 0 transforma a un anciano en una bicicleta nueva que vuela cuesta abajo. También suministra placidez a los que están al borde de] suicidio. A éste le retorna una sonrisa que perdió entre mil rostros anónimos, a aquél un paisaje que extravió en sus peregrinaciones, al de más allá, le devuelve un amor perdido, quizá el único que tuvo en la vida. Visita a todos los durmientes, pero son pocos los que recuerdan su rostro. La verdad es que nadie lo puede re- construir en la existencia vigil. Para lograrlo sería necesario vivir exclusivamente para atisbar los deslices del sueño. De todos modos está ahí, sentado al lado de las camas desde el instante en que las personas cierran los ojos. Entonces les pone sus dedos sutiles sobre los párpados y espera a través de ellos sentir las pupilas fijas, dispuestas a contemplar los paisajes de la noche. Es un viejo caprichoso que no obedece a nadie. Se divierte mucho. Pero eso solamente sucede durante la noche, cuando la mayoría duerme. El resto del tiempo lo pasa maquinando las fantasías que ofrecerá a sus protegidos en cuanto les llegue el sueño. El hombre de los sueñíos es el eterno insomne. No tiene tiempo par dormir. Si durmiera, los hombres carecerían de sueños. Y si los hombres carecieran de suefíos, sin duda, habría más catástrofes y crímenes de los que agobian al mundo. Hay quienes piensan que cada persona tiene su propio hombre o mujer de sueños. Algunos osados se atreven a pensar que el hombre de los sueños es la única divinidad auténtica a la que pueden tener acceso los seres humanos.

jueves, 28 de julio de 2011

Huberto Batis, patrón de los heterodoxos

HUBERTO BATIS: LA SALVAJE SINCERIDAD


Por sus comas los conoceréis, de Huberto Batis

Huberto Batis es uno de esos personajes —más que persona es un personaje—que van más allá de una época y de una definición, más allá de un grupo, que rebasan las fronteras una y otra vez: inquieto, atrevido, iconoclasta, ha marcado a la literatura mexicana de una forma que todavía no se alcanza a comprender. Mónica Braun —una de las plumas más osadas que tuvo en Sábado de unomásuno (no olvido un texto suyo, de un atrevimiento casi inaudito, en el que una niña llega a una tienda y por alguna razón que no recuerdo, termina chupándole al cálamo al dueño del establecimiento)—Mónica hizo una caracterización muy acertada, en uno de los textos que se incluyen en el libro Por sus comas los conoceréis , que pretendo de alguna forma reseñar... lo que es bastante difícil, por la diversidad de textos, la disparidad de temas y el tamaño de la obra—. Así caracterizaba Mónica Braun a Batis: “Neurótico, generoso y temible, de una franqueza desusada que intimida o molesta, reconocido erotómano, inagotable decidor de anécdotas...” ¿Qué fue, qué es Batis? En este volumen se intenta responder con una especie de muestreo de artículos alusivos a él, escritos por las plumas más diversas: Juan José Reyes, Juan Vicente Melo, Juan García Ponce, Juan de la Colina, Emmanuel Carballo, Enrique Serna, Alberto Ruy y muschos otros.
El estilo de ser de Batis es irrepetible: insolente hasta el atrevimiento, para llegar hasta su corazón más tierno, hay que superar el umbral de la repugnancia, de la insolencia, de la soberbia, de la erudición. A mí me mentó la madre varias veces y yo le respondí apropiadamente. Recuerdo que me dijo: “Nadie lee tus porquerías”. Eso fue hace ya muchos años. Y este año me revela que sí había quien me leyera: Castro Leñero, García Ponce y otros amigos se reunían a divertirse con mis escritos, mientras yo allá en mi provincia jalapeña me sentía marginado, sin auditorio.
Un alud de amigos se reunieron en este libro, Por sus comas los conoceréis, convocados por Batis y por las editoras Patricia Pineda y Mireya Vega, con el objetivo de celebrar un tiempo, una actitud, un largo atrevimiento. Si algún valor destaca entre los de Batis, el que más me impresiona, fue su capacidad de nadar contra la corriente del formalismo, del engolamiento, de la pretensión, de los intelectuales pretendidamente puros —puros mercenarios, habría que decir— que compraban a escondidas el Sábado, lo leían de principio a fin, y luego juraban que jamás en su vida habían posado sus ojos en ese hoyo de pus, en ese degenere, en esa vergüenza suprema. Y Batis, como Quevedo... Ande yo caliente.
La complicidad con Melo, García Ponce, Arredondo, hace un capítulo aparte. Su trabajo como editor, como director de revistas, como maestro universitario, todo ello se halla registrado en este libro, que es un merodeo en torno a otro libro que Batis queda debiendo: sus memorias, en las que debe contar todo lo que cuenta cuando se reúne con sus amigos: cómo se reunió con García Ponce para abuchear a Fernando del Paso cuando presentó JoséTrigo, el bochorno que pasó cuando lo invitaron a develar una placa de una obra de temática gay, donde diez o doce chicos bastante olorosos se vapuleaban entre sudores en un escenario diminuto, la forma en que perdió su puesto de director de Sábado, el largo comercio con las chicas del diván de Sábado, su difícil equilibrio entre el montón de locos maniáticos que eran los colaboradores de sábado. Pero sobre todo ello, su maniática afición a coleccionar papeles, revistas, fotos y periódicos, que lo convirtió en una especie de misántropo que con gran facilidad se habría ganado una docena de records Guiness ...cosa que a él, naturalmente, no le interesa. Vive en un mundo aparte, en el que el atrevimiento, la sinceridad, la falta de compromisos, la amistad de los valientes y los íntegros, es su auténtico paraíso.

El masajito bayamés


 Cuento incluido en el libro  Cuentos para  ANTES de hacer el amor (Editorial Educación y Cultura, 2007),  que forma parte de la trilogía formada por Cuentos para  DESPUÉS  de hacer el amor (Editorial Alfaguara-Santillana, Colección Punto de Lectura) y  El imperio de las mujeres  (Educación y Cultura, México).


Cualquiera hubiera pensado que aquí terminaba la historia gloriosa de Willy y que se reintegraría con modestia de santo a su caverna doméstica y a su escritorio cerca del baño, pero la realidad fue muy otra. Meses más tarde supe que Willy de alguna manera -que sin duda tenía que ver con sus comercios epistolares y sus coqueteos con las musas- había sido invitado como representante de la editorial a una especie de congreso de poesía en Villa Muelas, muy al sur de Cuba. Me enteré que estaba haciendo los preparativos y finalmente, cuando vi su escritorio vacío supe que iba por su segundo sueño. Pasaron diez días y de nuevo estuvo Willy en la editorial. Lo primero que hizo fue visitar mi cuchitril. Se instaló con todos los derechos en la silla de las visitas. Dos horas duró hablando y ni por un momento se me  ocurrió pedirle que se retirara. Ahora Willy no era simplemente un oficinista, un doctor en derecho y un esposo abnegado con ocasionales deslices, sino que regresaba con un no sé qué de autoridad, una digamos (de forma  provisional) aureola de elegido y un indudable don de la simpatía que vedaba cualquier humillación.
            Llegando, me dijo, al mostrador del aeropuerto de La Habana, un militar de verde olivo buscó mi nombre en una computadora del año de upa y dijo, ah, usted es el colombiano. Entendí que decía El Colombiano con  mayúsculas pero no supe si eran peyorativas o chingativas. Tiene reservación en el Hotel Playamar de Villa Muelas y será tratado de acuerdo a su rango.
            Mi rango, me dije para mí, chiquitico, esto se pone (provisionalmente) bueno. Me presentarton a un negro (tirando a azul) de dos metros de altura con cara de niña y me dijeron mira, chico, este es tu niñero, tu guardaespaldas, va a estar contigo desde que el sol amanece hasta decir basta y sólo se separará de ti cuando tú te despidas de Cubita la Bella. Y así fue: el negro, que se llamaba Julia, así, Julia, estuvo a la orilla de la playa cuando la poeta Noe me quitó la ropa en Bayamo y me demostró lo que es fogosidad, estuvo a mi lado en la guagua flamígera cuando la rubia pequeñita me metió mano, custodió mi puerta cuando las dos poetas en blanco y negro me dieron la prueba de lo que es la pasión. El negro Julia estuvo conmigo cuando recibí los laureles y fue él quien me explicó la dimensión de mi triunfo y nunca, nunca sonrió ni me cerró un ojo ni me juzgó, simplemente estuvo ahí, como si la gente a mi alrededor fuera invisible y yo fuera, ni más ni menos, el rey de Mozambique.
            Pues el negro Julia me acompañó al avión en el que partiría hacia Villa Muelas, se sentó a mi lado, con sus rostro de piedra y un pistolón que le llegaba a medio muslo. Súbitamente el avión comenzó a descender y el negro Julia dijo qué raro, si hasta Villa Caries son tres horas. Y es que, luego lo sabría, una autoridad de Varadero se había enterado que yo iba en el avión y decidió agasajarme, desviar la aeronave, casi secuestrándola, de modo que yo, este pobre leguleyo cargapaquetes pudiera tomar unas cervezas con el comandante de Varadero. Y al llegar escucho mi nombre, se solicita mi presencia en la Oficialía Mayor. Me toma un militar del brazo y allá voy aterrorizado.
            Pero es que el avión me va a dejar, le digo, y el militar responde, no lo va a dejar porque aquí los aviones salen cuando mi comandante Mateo dice. Yo miro a mi niñero Julia y él asiente. De modo que llegué a la oficina de un combatiente de alto rango que me abrazó y me dijo tengo órdenes superiores de tratarlo bien. Y en la pista estaban casi cien personas encerrados en el avión esperando que el comandante terminara de hacer su gusto. Imagínate, qué barbaridad, el avión bajó en Varadero por capricho del comandante y estuvo allí dos horas detenido hasta que el individuo se dio por satisfecho y nos dejo salir.         
            Llegamos a Villa Muelas y allí fue Babel. Como primer acto fui presentado a la Poeta Reinante del Sur, Noelia. Dejé pasar el título y me dediqué a detallarla. Noelia. Fea, recontrafea, ultraespantosa, pero simpática y una verdadera estrella, una diva, toda una multitud de 300 poetas de todos los rumbos del Caribe había acudido a Villa Caries para escucharla, para tocarla, para sentir su respiración. Noelia era como la musa de la poesía, Erato, en carne viva y con ropa de batalla.
            En cuanto la Poeta Reinante del Sur me vio, lanzó una carcajada de bruja mala y puso su garra sobre mi brillante cabecita. A partir de entonces me sentí coronado por el privilegio y el yugo de su cariño y todavía hoy, que me encuentro de nuevo en mis rutinas de miseria y a salvo de ella, pero en la trampa de los gritos de mi esposa y las protestas de la contadora de la oficina, en ocasiones me toco la calva para ver si todavía esta ahí la garra de terciopelo de Noelia.
            La primera sesión del Congreso, dijo Willy medio encorvado y con una mano cubriendo sus hidalguías enfundadas en un pantalón de mezclilla, se celebró bajo un enorme árbol de mango "donde Fidel en el año de 1945 entregó el fusil y el mando de la zona a la guerrillera Carlota Peral". En torno al árbol se sentaron los 300 poetas, Noe y un mexicano, tu servidor. Mi sorpresa fue mayúscula cuando Noe me tomó de la mano como si yo fuera Carolina de Mónaco y me llevó a una especie de podio y dijo el eximio poeta colombiano Willy Báez nos hará el honor de inaugurar este congreso y yo qué decirte estaba asustado, no sabía qué decir ni que hacer hasta que columbré un acto que fue el siguiente: pedí un vasito jaibolero vacío, saqué una banderita colombiana, la puse en el vaso y dije que hoy era día de fiesta en mi país, 20 de julio, aniversario en el que se celebra la independencia del yugo realista, acontecimiento por el que que era para mí un doble honor el inaugurar un evento de tal trascendencia y el recordar a mi patria querida. Aplaudieron los 3OO poetas a rabiar y sonó un mariachi y a partir de entonces se rompió el turrón y comenzó, perdoname la palabra, la pisadera. Sí, es cierto que poetas y poetos leyeron sus poemas, que hubo fraternidad universal y la papa grande, pero el resto del tiempo era un ajetreo bárbaro y yo, señor mío, estuve en medio de aquel desgarriate.
            Bajo el árbol de mango, sentados en el pasto, con 41 grados de tempratura, leyeron poemas 75 bardos en un solo día y aquello era un aplaudidero y en medio de todos Noe, que se encontraba a mi derecha y el lindo niñero de  verde olivo a mi izquierda. A las dos de la tarde comimos un plato de arroz, !un plato de arroz!, tomamos cerveza roñosa y caliente y siguió la lid de los poetas. Yo estaba que me caía de sueño, sentado al frente de todos como si fuera un cuadro para una exposición o como si fuera el notario de aquel desastre poético, y cuando cerraba los ojos sentía el codo de Noelia en mis costillas. Chico, que esto es cosa seria. Me estaba derritiendo, me moría, me faltaba el aire, me deshidrataba, me subía y me bajaba la presión, y Noelia arriba colombianito, las patrias hermanas te llaman, Colombia y Cuba un solo corazón!, y vengan más poetas y más poetas con Fidel y la bandera y la patria y Bahía de Cochinos y grandes cantidades de arroz y cerveza  y Noelia erguida sobre su cintura como una palma, con su pelambre de furia, y vengan más poetos y poetas con Fidel y la bandera y la patria y ríos de amor y de honesta lujuria, Bahía de Cochinos y grandes  cantidades de arroz y cerveza y Dios!, todo tipo y laya de poetas. Y a las cuatro naufragé en las aguas del sueño, fui cayendo, me dijeron, en cámara lenta, de medio lado sobre las piernas de Julia, mi negro niño, caí dormido, y Noelia fue por una cerveza fría y ante el escándalo feliz de todos me enjuagó el rostro con ella y me desperté ante aquel congreso de locos y tuve que sonreír como Cuasimodo ante la horca y seguí muy atento a los poetos y poetas y a las seis de la tarde, con un bochorno de crematorio, ya estaba a punto de embolia y asesinato colectivo, me dije basta carajo, y me puse de pie y dije voy a dormir y Noelia me tomó del brazo y me dijo, no miamor esto no se hace. Miré a mi negro Julia y él, como una estatua de bronce bajo el sol, asintió: eso no se hace. De modo que volví a sentarme y siguió la poesía, kilómetros y kilómetros, años luz de poesía, no sé si buena o mala, y todos sudando como condenados pero con ojos de quinceañera  y un escándalo de fiesta de rancho, como si estuvieran asistiendo al espectaculo de la venida del Señor y llovieran ángeles por los huecos del cielo. Y a las ocho de la noche, casi como arrebatado por una furia, me puse de pie y sin mirar a Noe o al negro Julia salí corriendo y me encerré en mi habitación y dije a descansar, hijo de mi madrecita santa, a dormir, respeta tus canas, Wilebardo Báez, recuerda que tienes hijos, una esposa, dignidad, un trabajo discreto, pero trabajo al fin y al cabo. La habitación una maravilla de ingenio tropical, con sala de bejucos, aire acondicionado natural, cama de diversos niveles, espejos de planos diversos, ventanas al mar. Llego, sin bañarme me tiro a la cama y me digo a la cuenta de tres voy a estar dormido. Ya llevaba dos cuando escucho el toc toc toc. Abro y veo la criaturita más linda del mundo: una rubia chiquita, muy joven, de rostro de angelito cachetón, que me dice colombianito, estaba preocupada por ti, tantas tensiones en un solo día y me dije qué puedo hacer por él y me respondí darle su masajito bayamés. Yo que apenas vislumbraba el mundo a la distancia tras las nubes de mi cansancio supe que se me estaba ofreciendo el cielo pero tuve que renunciar a él. Mira, le dije, estoy tan cansado, tan cansado que sería incapaz de levantar los párpados, cuantimenos otro músculo indispensable para los masajes de todo tipo. Es una lástima, dijo sin mostrarse ofendida, colombiano, pero ya sabes, amor, cuando se te ofrezca me llamo Lidiosaya  y soy la del masaje bayamés, la-del-masaje-bayamés, así dices y como un genio de botella apareceré presto prestísimo.
            Pues le cerré la puerta en la nariz a Lidiosaya, la visión del paraíso, me acosté a dormir, conté a hasta dos y lo siguiente fue que toc toc toc, estaban tocando a la puerta, miré el reloj, eran las ocho de la mañana. Ay perdoname, dijo Noelia Cimarrone, que tal era era su apelativo completo, ayer me porté como una verdadera bestia y te dejé solo, pero tú sabes chico la responsabilidad de ser la Reina Sostenedora de la Poesía de Villa Muelas, tuve que estar hasta las dos de la mañana cuando terminó de leer el Centauro del Soneto, Pedrarias Cleofas, y me fui directamente a mi cama, ay perdoname mi amor, pero apúrate que las nueve de la mañana tengo que abrir yo la sesión y no quiero que por nada del mundo te la pierdas.  Le sugerí tímidamente que quería bañarme y ella dijo bien, chico, adelante, pero necesitaba que se retirara para desvestirme. Anda, niño, acelérate, dijo, y comenzó a quitarme la ropa, hasta el mero meollo, es decir, el calzoncillo, y yo pensando en el lindo niñero allá afuera, qué diría, pues me desnudó la reina, me empujó a la regadera y ahí estoy moviendo el culín cuando siento una mano recorriéndome la espalda, era Noe que se había desnudado y estaba a mi lado con estropajo y jabón restregándome con delirio de lavandera.
            Me bañó, se bañó (sin consecuencias linfáticas) y a las nueve estuvimos bajo el árbol de mango, Noelia declamando su poesía. Hijo, aquello era el mismísimo Luzbel hembra cogiéndose a la castísima poesía que gritaba ay ay me duele pero me gusta, cada palabra suya parecía salir con lenguas de fuego, sangre e intestinos, flora y fauna del trópico, el puro esplendor barroco en la Zona Tórrida, y fue la apoteosis. Yo, te confieso, nunca había oído nada parecido. No se trataba de lo que decía, que podía ser convencional, sino de una expresión tan profunda como si ella misma estuviera inaugurando el lenguaje.
            El negro lindo, al amparo de una cerverza, me dio fundamentos: cada año se reúnen los poetas del sur de Cuba y el Caribe y coronan a un rey o reina por aclamación y Noelia lleva diez años aferrada al cetro sin posible redención y sin sucesor en el horizonte, aunque oleadas de poetas vengan con talentos océanicos de todos los rumbos y nazcan y crezcan exuberantes, ella sigue inexpugnable como una estatua de sirena en medio de la turbamulta del mar. Naturalmente le pregunté al negro lindo si él también era poeta y me respondió con entera certeza: en Cuba todos somos poetas. Lo dijo luciendo el fulgor de sus ojos como una condecoración.
            Terminado el espectáculo, Noelia regresó a mi lado y me dijo tenemos que salir un rato de aquí. Y así fue, pero antes estuve al pie del cañón escuchando a 150 poetas de todo pelaje y condición, uno tras otro, con el militar lindo de un lado y Noelia del otro. Y por la noche Noe me llevo a una caleta con diez palmeras, un arroyo partiendo el paisaje y dijo ufff. Ella me quitó la ropa, se desnudó y nos metimos al agua y allí fue Troya, Waterloo y la Batalla de Boyacá. Te juro que si antes la vi fea y recontrafea, ahora resultó Afrodita misma, que pasión, que frenesí, bajo una luna panzona, parecía que su consigna era acabar con mi columna vertebral, con mi lucidez y mi masculinidad, me cabalgaba entre las olas, me chupaba, me hacía tragar y vomitar agua salada, mientras Lindo en su uniforme verde oliva fumaba sin despegar los ojos soñadores de la luna, y estoy seguro que no le importaba un ardite lo que estaba sucediendo.
            Regresando al hotel Noe me llevó a mi cuarto y me dijo espérate, cuando regresó traía sus maletas. Las deshizo, se instaló a sus anchas en la habitación y dale, a moler. A partir de ese instante, hasta el día venturoso en que puede despedirme de ella, tuve su zarpa de tigresa sobre la calva, y no me lo vas a creer, incluso así hubo otras moliendas.
            Ya para el cuarto día todo el congreso estaba enterado de que el colombiano era propiedad de la Reina de la Poesía y a nadie le importaba. La verdad es que la marcación de Noe estaba comenzando a hastiarme y yo hacía todo lo posible para huir pero no podía.
            No todo fue molienda. También hubo actos oficiales. Me llevaron a una comunidad y  ¿qué crees? Me recibió el alcalde, me hizo inaugurar una bibliteca, yo no sabía qué decir y prometí una donación de 500 libros, el alcalde emocionado al instante decretó que a partir de entonces comenzarían a juntarse monedas y objetos de metal para hacerme una estatua. Lo juro, amigo, es cierto.
            Luego me tocó regresar a Villa Caries en autobús, y ni te imaginas, esto es buenísimo. Que se llevan a Noe para atrás del vehículo, al que llamaban La Llamarada, porque no tenía ventilación ni aire acondicionado y no se podían abrir las ventanillas y me veo libre de Noelia, en el primer asiento del autobús La Llamarada, al lado de una rubia deliciosa, tan grande y tan bella como Claudia Schiffer, que era la encargada de vender los libros de los poetas, y para fortuna mía estábamos en un lugar estratégico, donde nadie nos podía ver sino el negro Lindo. Me puse nervioso, pero antes, espérate, que con ese calor de 40 grados y aquella lata de sardinas, los poetas comenzaron a quitarse la ropa y las chicas sus brasieres y quedaron con los pechos al aire y todos cantando, y yo volteaba y veía aquel paisaje de pechos divinos y podía casi sentir las gotas de sudor temblando en las puntas de los pezones y que de pronto siento una mano en mi muslo y es la rubia que se va tomando sus libertades mientras me decía, ay colombiano, es que te amo y sacaba mi aparato y le daba vuelo como güiro y yo muy nervioso pero nadie nos presataba atención, ni el conductor, un pelirojo dientón, y que me digo al diablo con mis moralismos pequeñoburgueses y que le paso el brazo sobre un hombro y le acaricio los pechos y la individua comenzó a gemir como marranita con cuchillo en yugular y grite y gima y yo asustado le quité la mano del sitio pertinente y ella me la tomó y la volvió a poner en su lugar y dale a gemir hasta que aulló como endemoniada y supe que la hembra había llegado a su gusto al tiempo que yo me deshacía levemente y nadie, mira, por esta cruz, se dio por enterado, ni el chofer, ni la señora con anteojos de colitas que estaba atrás y era una especie de sargenta, ni el negro Lindo que ocupaba él solo los dos asientos de al lado.
            Eso pasó en la guagua llamada Llamarada y llegamos a Villa Muelas yo tan limpio como un gentleman porque la rubia había tenido el generoso e higiénico detalle de sacar un pañuelo colorado y recoger los  escasos frutos de su esfuerzo. Llegando al hotel supe que sí había una persona que se había enterado del asunto y que estaba furibunda. Noe me tomó de la oreja, amiguito, me llevó a la habitación y como castigo, mientras me regañaba, me pegó la chupada del siglo. Ya para entonces ibamos para el quinto día de congreso y yo estaba convertido en una sombra. Seguían las lecturas de poetas, marejadas, oleadas, vientos huracanados de poetas telúricos, bíblicos, encomiásticos, escatológicos, metafísicos, hermenéuticos, horas y horas de poesía alucinada. Y la comida seguía siendo arroz y cervezas, nada más y todos estaban felices y se suponía que yo debía superar a los demás en felicidad. En sintesis, en siete días, no lo vas a creer, lo  juro que no lo vas a creer, inauguré cuatro biblitecas y fui devorado por media docena de hembras que me abordaban en los pocos instantes en que Noe me dejaba solo. Ahora recuerdo: un par de hembras a las que llamé Blanco y Negro, por ser una mulata y una rubia, jóvenes y atléticas las dos, flexibles y bellas como odaliscas, se arrimaron mientras estaba en el bar, me pagaron dos cervezas y pideron el don de que yo escuchara sus poemas en privado, me llevaron a mi habitación y mientras una leía su "Oda a la Evolución de las Especies" la otra comenzaba el ajetreo, y querido, yo moralista, al borde de mis últimos alientos, tenía aquel harem para mi solito y nada más tuve tiempo de tender la mano y agarrar mi atadito de condones y adelante. La rubia misma fue quien dijo: en confianza miamor, yo te lo pongo. Y esas dos tipas, Blanco y Negro, me dieron una batalla sin cuartel hasta que Noelia tocó a la puerta y las dos hembras agarraron su ropa y salieron despavoridas por la ventana. Yo medio me di las mañas para vestirme y recibí la zarpa de Noelia sobre la calva y me resigné, pero luego supe que estaba en el infierno de la lujuria, un infierno que ni Dante habría imaginado, recé en mente un Padre Nuestro y me dije adelante, casi me pongo a llorar, y pensé que ya mi aparatito estaba muerto para siempre, pero asómbrate, lo que son las maravillas de la natural naturaleza, Noe hizo su danza de lluvia y allí estaba otra vez mi  pendenciero corazón como asta para la bandera del amor y espada para la batalla del honor.
            A veces yo sacaba la cabeza de aquel pantano de poesía y amor y me decía que nada es eterno, comenzaba a ver un puntito al final del camino, como una ventana de luz al fondo del túnel, desde donde me llamaban mi esposa y mis hijos y luego volvía a caer, cerveza, poesía y amor, arroz, cerveza, poesía y amor, me volvía a hundir hasta las rodillas, los hombros, la cabeza, sacaba la nariz nada más para respirar, y adelante y así hasta el infinito, como si estuviera nadando en un mar sin islas. Vino a salvarme la piedad del tiempo. Pasaron los siete días y llegó el cierre de aquella ordalía.
            El último día a mí me tocó dar lectura al acta del jurado que nombraría a la Reina de Poesía del Sur 1995, y  ¿quién crees que ganó? Noe, mi Noe, y todo el mundo gritó con enorme sorpresa y Noe saltó y recibió su premio de 500 pesos y a su vez dijo que había algo para mí y leyó el acta de un Concurso de Poesía Fantasma ¿y sabes quién fue el ganador? Yo!, amigo, yo, que no había leído públicamente ni un poema y era apenas el representante de una editorial universitaria puesto en un extraño trance que no acabo de explicarme. El público estuvo de acuerdo con este concurso de poesía fantasma pero quería pruebas de la calidad de mi literartura y comenzaron a gritar que lea, que lea, que lea y yo, lleno de pudor, porque amigo, ya sabes, no soy poeta, seamos sinceros, yo soy un pobre abogadillo metido a héroe por una situación rarísima, pues estuve negándome hasta que decidí sacar del bolsillo un recorte de El Espacio y leí mi cuento erótico para niños, por si no lo sabes, a veces escribo, y olvídate, amigo, aquello fue el recontrafin del mundo, todos tiraron el sombrero, las chicas sus brasieres, sujetadores les dicen, y el negro Lindo apenas sonrió, por primera vez sonrió y dijo, chico, que acabas de inventar un género literario y ya nadie te va a quitar el lugar. Tú, chico, y Cervantes de Saavedra compartirán pedestal en el olimpo de los dioses literarios.

Llegué al aeropuerto de La Habana con una línea de suero cuya botella sostenía la rubia Lidiosaya. No supe qué pasó con la Reina de la Poesía del Sur. El viaje lo hice casi en estado de coma y no conocí detalles sobre la despedida. Varias horas más tarde me vi en la aduana de Bogotá. Mi esposa me regañó exactamente durante tres horas y me hizo dormir en la sala. Por la mañana me levantó a las cinco. Me puso a lavar ropa, a preparar el desayuno, a lavar los platos y solamente después me dejó venir a la oficina. Y aquí estoy.
            Aquí está mi amigo Willy Báez, pálido, flaco como un personaje del Greco, pero con una chispa de vida que antes no tenía.
           
Cinco días más tarde entra Willy a mi oficina con una taza de café humeante que pone sobre mi escritorio. Antes de partir dice:
            -Yo me pregunto: ¿cómo será el famoso masajito bayamés?¿Tú crees que las intenciones de la primera visión, recuerdas, eran honradas? Tal vez yo tergiversé todo. No puedo dejar de pensar en eso.
            ¿Qué decirle al buen Willy? Nada. A mí sólo me queda esperar que haya un tercer viaje.    











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